Por qué hay que cambiar el arbolado urbano

En la ciudad hay unos 300.000 árboles pero un gran porcentaje de ellos está enfermo, lo que los convierte en un peligro para automovilistas y transeúntes. Se calcula que en unos cuatro o cinco años árboles como los tarcos ya no estarán en nuestro paisaje.

03 Sep 2018
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LA GACETA/FOTOS DE DIEGO ARÁOZ

El paisaje de San Miguel de Tucumán sufre transformaciones desde hace años. Esto no responde sólo al crecimiento inmobiliario. El arbolado urbano también cambia: los naranjos se van yendo de a poco (no se reponen desde hace años por el tan temido HLV que podría afectar los campos de citrus) y ahora las autoridades municipales confirmaron que los tarcos o jacarandás están enfermos, por lo que están acelerando su ciclo de vida con podas en la copa. Otro ícono natural del que tenemos que ir despidiéndonos.

El miércoles se conmemoró el Día Nacional del Árbol, que se celebra desde 1900, y por este motivo se realizaron en la provincia todo tipo de actividades: desde talleres hasta plantaciones de ejemplares en escuelas o en paseos públicos. En la Capital, el Consorcio Público Metropolitano organizó el seminario Experiencias en Gestión de Arbolado Urbano, en el que se desarrollaron exposiciones de especialistas sobre la gestión de arbolado urbano, específicamente de lo que se está llevando a cabo en los diferentes municipios, como Las Talitas, Yerba Buena, Tafí Viejo y San Miguel de Tucumán. Fue en este contexto que se habló de la situación actual de los tarcos de la ciudad.

“Tenemos unos 300.000 árboles aproximadamente. De ellos un porcentaje elevado ya ha cumplido su ciclo. Es una población vieja y durante muchos años no se han hecho recambio. Entre ellos están los tarcos, que están enfermos y son peligrosos”, comentó Jorge Atilio Boggiatto, subdirector de Arbolado Urbano de la municipalidad capitalina. Sobre el tema, precisó que están concretando una campaña de descopado, que es una técnica de poda agresiva, para acelerar lo que les queda de vida para su posterior extracción. Estimó que en unos cuatro o cinco años estos árboles característicos de nuestro paisaje ya no estarán o se reducirán al mínimo, y que serán reemplazados por otras especies, como el ibirá.

Por otra parte, Boggiatto habló sobre la problemática con las constructoras que dañan el arbolado público; contó sobre los censos que se hacen cada dos años (con ellos detectan el estado de los ejemplares que hay en la ciudad); de las capacitaciones y programas que brindan (como Dignificar la Vida o Terrazas y Balcones Verdes) y la erradicación de árboles peligrosos (como el gomero o el eucalipto), además de otros trabajos que hacen a diario.

Sobre Tafí Viejo expuso Héctor Bomba, secretario de Planeamiento y Desarrollo Urbano de esa ciudad. Confesó que por más que están privilegiados por el lugar donde están emplazados (“en contacto directo con el bosque nublado y parques naturales protegidos”), el desarrollo inmobiliario fue creciendo sin planificación con respecto al arbolado. Y dio dos ejemplos: la diagonal Raúl Lecesse (“cuando la hicieron sacaron un bosque de pacarás y plantaron eucaliptos”) y Lomas de Tafí, a la que todavía falta forestar.

“Estamos solicitando forestarlo con criterios urbanos y forestales, con especies características, como lapachos o patas de cabra, entre otros”, especificó el funcionario.

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