A recorrer el mundo después de los 60

Cada vez hay más adultos mayores que se sienten bien y, en esa etapa de la vida en la que les sobra el tiempo, se dedican a hacer viajes pendientes. Son los que más aprovechan la “temporada baja”. Siempre están planificando algún recorrido. ¿Cómo se organizan? ¿Cuáles son los destinos favoritos? Acá, algunas respuestas.

02 Sep 2018

-¿Adónde vas?

-Adonde me lleve el viento.

Esa es la respuesta preferida de Sara Vallejo. También le encanta decir que “80 años no son nada”. Con esa filosofía de vida, el año pasado decidió vender todas sus pertenencias y hacer algo que nunca había hecho: lanzarse a la ruta con un motorhome. En 12 meses de viaje –en el medio festejó sus ocho décadas- ya recorrió una buena parte de América del Sur.

SARA VALLEJO. La tucumana que recorre América en motorhome, en una postal de sus viajes.

Siempre le gustó viajar. Aunque después de su jubilación, a los 65, empezó a hacerlo con más frecuencia. Visitó varios países de Europa y no tuvo problemas en andar sola o en dormir en cualquier hostel. “Siempre viví al borde de lo aceptado socialmente”, admite Sara, antes de describir su intensa vida: empezó a estudiar inglés a los 44 años, se recibió a los 48, tuvo varios trabajos se fue a vivir tres meses a Inglaterra por un intercambio, se separó del padre de sus hijos y se volvió a enamorar de otro hombre (se enfermó y murió en 2009).

“Las pasé todas. Un día me pregunté: “¿y ahora qué?”. Veía a otras mujeres de mi edad y siempre estaban renegando por problemas de salud y por la política del país, pasaban el tiempo jugando a las cartas o mirando televisión… yo no quería eso para mí”, recuerda. En una charla con un amigo surgió la arriesgada idea de convertirse en una abuela nómade. “Hiciste de todo, pero nunca anduviste en motorhome, me dijo. Y no me lo pude sacar más de la cabeza”, cuenta Sara, que tiene tres hijos, tres nietos y dos bisnietos.

Vallejo no tardo en decidirse. A los 79 años armó su plan de viaje ante la mirada atónita de su familia. “Igual, nunca han podido conmigo”, bromea. No tenía mucha plata, así que para empezar hizo una venta de garage en la que liquidó gran parte de lo que había en su casa (se quedó con 11 cajas de objetos). Después vendió la vivienda y finalmente el auto. Se puso a estudiar portugués, mientras averiguaba para comprarse el motorhome. Como en Argentina no encontraba algo que le gustara, lo hizo traer de EE.UU.

Tres meses después, en agosto del año pasado, la odisea de Sara empezó en Montevideo (traer el motorhome al país fue una misión imposible por las trabas en las importaciones). Sin plazos ni rutas determinadas, Sara estuvo 365 días andando – algunos tramos sola, otros acompañada- por la Costa Atlántica, luego subió a una balsa junto a su vehículo para cruzar el Amazonas y así llegó hasta Perú, a unos 5.000 metros de altura.

En estos días volvió a Tucumán para conocer a un nuevo bisnieto. Pero dejó el vehículo estacionado en Lima, adonde volverá a buscarlo la próxima semana, para seguir con su aventura. Tiene planes locos, pero no imposibles: quiere llegar a EE.UU. y en el futuro tomarse un avión a Europa y allá alquilar un motorhome similar al suyo para recorrer el Viejo Continente.

A los achaques de la edad (“tengo muy pocos, solo una hernia de disco”) los enfrenta manejando: “ahí se me pasa todo”. “¿Si tengo miedos? No, para nada. No hay que escuchar a los que siembran temores, hay que animarse a cumplir sueños. Uno da el primer paso, y los otros vienen solos. Encontré muy buena gente en el camino; cada día la paso mejor. Me arrepiento de no haber empezado antes. Viajar es lo mejor que te puede pasar: conocer otras realidades, otras culturas, nuevos amaneceres y lunas. Sentir verdaderamente lo que es la libertad”, resume.

MONA. Acompañada por parientes, posa junto a un auto de F1.

No para nunca

Para Mona (74 años, tres hijos y 15 nietos) viajar también es sinónimo de libertad. Por eso lo hace como mínimo dos veces al año y siempre está planificando la próxima aventura. En las últimas dos décadas ha estado en Europa, China, Estados Unidos, Australia, México, Jerusalén, Egipto, Turquía, Brasil, Perú, Bolivia, entre otros lugares.

“La vida no fue fácil; quedé viuda joven, me hice cargo de una constructora, eduqué a mis hijos y cuando se casaron empecé a dedicarme a mí. Como tengo una hermana norteamericana, primero me fui a trabajar a EE.UU. Hacía de todo: fabricaba ropa, administraba casas… y siempre, cada fin de semana, recargaba pilas haciendo algún viaje a alguna isla”, cuenta Mona, que en 2003 volvió a vivir a Argentina. De los lugares que hasta ahora va conociendo el que más le fascinó es Tasmania, en Australia. Si bien antes viajaba sola ahora prefiere llevar a alguno de sus nietos a conocer algún rincón del mundo.

“No tomo ni un geniol y soy una trabajadora incansable. Ahora, por ejemplo, estoy haciendo un curso sobre comercio exterior y otro sobre lechería. Eso sí, cuando trabajo, en mi mente estoy pensando por qué no estoy en tal lugar ahora. Entonces, voy y compro el pasaje”, confiesa. “Es agotador y hay que tener mucho coraje porque el mundo está cada vez más peligroso. Pero igual no dejaría esta pasión que es viajar mientras pueda hacerlo”, sintentiza.

TERESITA FERRI Y JUAN LUIS ACOTTO. La pareja, durante un viaje a la ciudad de Barcelona, en España.

Invertir cada peso

Teresita Ferri (76) y Juan Luis Acotto (80) también forman parte de esta tendencia que está revolucionando al turismo a nivel mundial: cada vez más personas llegan a la tercera edad y cumplen el sueño de hacer uno, dos o más viajes por año. Tienen salud y recursos para dedicar cada peso disponible a pasear por cualquier lugar del planeta.

“Estuvimos por China, Japón, Rusia, Europa, El Caribe, Brasil, Chile y toda Argentina. Ahora tenemos en mente ir a Dubai”, cuentan Teresita y Juan Luis. Podrían escribir un libro con tantas anécdotas que fueron recogiendo en cada viaje.

Casi siempre los sucesos más graciosos están relacionados con los idiomas de los lugares que visitan, ya que solo hablan castellano. “Cuando nos sentamos a comer uno pide lo primero y el otro lo último de la carta. ¡En Rusia, nos trajeron una sopa y un postre!”, contaron entre risas.

“Empezamos a viajar después de los 60 porque a esta edad es hermoso: ya no tenés tantas obligaciones, ya formaste a tus hijos y estás más tranquilo. Lo que sí, por la edad, está bueno tener algunos cuidados. Nosotros siempre vamos con todo organizado por agencia”, explicaron.

Tendencia

Luego de jubilarse, cada vez más personas aprovechan el tiempo libre, se animan a armar la valija y salen a recorrer el mundo. Esto se ve claramente reflejado en las agencias de turismo. Gregorio Werchow, empresario del medio, lo confirma y especifica que recientemente en una excursión a Europa llevaron a un abuelo de 93 años. “Si tiene buena salud y viaja acompañado por algún familiar, seguro la pasa muy bien. Ahora que la gente envejece más y está en mejores condiciones de salud, muchos van a cumplir su sueño, ese pendiente que tienen de conocer alguna parte del planeta”, explica.

El futuro del mercado turístico está en los adultos mayores, sostienen muchos expertos del sector. Se basan en las estadísticas. Si vemos la última Encuesta Permanente de Hogares (EPH), en el país viven cada vez más personas que superan los 65 años. La población que pasó la edad jubilatoria hoy representa al 15% de la total: seis millones de personas (en 2050 se calcula que uno de cada cuatro habitantes tendrá más de 60 años). Si cada vez es más común llegar a los 80 y 90, queda una vida posjubilatoria de 30 años, una etapa sin obligaciones, ideal para viajar.

Karina Rosales, encargada de una agencia, cuenta que como los viajeros de la tercera edad no tienen hijos ni obligaciones laborales (la mayoría) son los que más aprovechan las ofertas de temporada baja. Algunos, dice, cuentan cada billete, hacen un gran esfuerzo y se largan. Rosales traza un perfil de los distintos tipos de viajeros mayores de 60: está el que viajó solo toda la vida, el que solo viajó con su familia y el que nunca salió del país y quiere aprovechar esta etapa para conocer.

Los más elegidos

¿Adónde van? Los destinos más elegidos por esta franja etaria son: Europa, El Caribe, EE.UU., Japón y, en Argentina, Cataratas y Bariloche.

“Antes no tenía tiempo; ahora me sobra”. “Siempre quise conocer el mundo”. “Ahora que el nido nos quedó vacío queremos viajar, cumplir nuestros sueños”. Son frases que se escuchan a menudo en las agencias de turismo. Es evidente que los tiempos cambiaron y que hoy los adultos mayores están cada vez más lejos de esa imagen del abuelo que se queda sentado, tranquilo, porque siente que ya no le queda nada nuevo por vivir.

> Cómo disfrutar y no padecer un viaje en la tercera edad

Los llamados “adultos mayores”, una franja etaria que hoy disfruta de una calidad y una expectativa de vida superiores a antaño, se encuentran con una variada gama de ofertas para viajar y realizar turismo recreativo. “Y viajar es lo más lindo del mundo, pero si no se tienen en cuenta algunas cosas a esta edad algo que debería ser de puro disfrute puede transformarse en una pesadilla”, advierte la doctora Aurora Rueda, especialista en Geriatría y Gerontología.
“Cada viaje para un adulto mayor es una oportunidad de crecimiento, de completitud. Son estímulos muy importantes”, añade.
Rueda, que tiene 69 años y también le encanta viajar, da tres recomendaciones:
1- No hay que olvidar que a esa edad uno se encuentra en condiciones de mayor fragilidad y puede sufrir descompensaciones, así que el primer consejo es seleccionar bien los lugares a los que se va a viajar. Fijarse que el clima sea acorde; evitar los climas extremos (muy fríos o muy cálidos) por más barata que sea la oferta. “He visto crueldades, como llevar a los adultos mayores en verano a Marruecos”, resalta. Fijarse también en las excursiones; no pueden ser agobiantes. “Los viajes para adultos mayores deben ser adaptados a sus tiempos y capacidades. No vas a conocer el mundo en 10 días... Ya no es momento de correr, sino de admirar. Hay que evitar los excesos de cansancio físico… preferir la calidad de los que vamos a recorrer y no la cantidad”.
2 - Prevenir riesgos: investigar cuáles son las vacunas recomendadas para el lugar al que vamos y ponerlas todas. Además, llevar una cartilla impresa en la que conste las condiciones de salud del pasajero, que medicamentos toma y de qué manera. Todo debe estar firmado por el médico de cabecera. Tener la precaución de llevar todos los fármacos: en el extranjero hay remedios que son muy difíciles de conseguir.
3 - Jamás salir de viaje sin un seguro de salud. Mientras más avanzada sea la edad, es más importante viajar con una buena organización y, si es posible, en compañía de algún familiar. Contratar una agencia disminuye el estrés.

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