Un trío de pilotos logró unir por primera vez Yerba Buena con Tafí del Valle

Volar y hacer historia. Misión cumplida.

31 Ago 2018

Los sueños están para ser cumplidos. Y si es en equipo, mejor. Hace un año, Ignacio Cataudella e Ignacio Ortiz, ambos de 28 años, idearon uno. Y como siempre hay lugar para uno más, sumaron al proyecto a Julio, el papá del segundo de ellos, de 57. ¿Qué imaginaron estos tres bonaerenses (los dos primeros residen en Tucumán) para salir de la “rutina”?: un vuelo en parapente con motor que nunca se había hecho. Esto es, llegar a Tafí del Valle desde Yerba Buena. Resultado: el trío logró lo que buscaba. Y de esa conquista han pasado, básicamente, apenas un puñado de días.

“Estudiamos bastante la situación, desde lo climático, la logística, las velas con las cuales volar, los motores. Incluso, hicimos un vuelo de prueba hasta las cumbres de Raco.” Uno de los “Nacho” del grupo, que vive en Yerba Buena junto con su esposa Ángeles Poviña y su pequeño Milo, de apenas un año, transmite un entusiasmo contagioso cuando cuenta lo esencial del vuelo. Sus sensaciones se mezclan con los detalles técnicos de la aventura con final feliz. Y está bien que así sea.

EN VUELO. Sobre las cumbres tucumanas, uno de los aparatos en pleno viaje a Tafí del Valle. gentileza: Ignacio Cataudella e Ignacio Ortiz

El otro “Nacho” también nació en Buenos Aires y además vive en Yerba Buena desde febrero de 2017. Consiguió que le dieran el traslado en el trabajo (es mecánico de aviones) porque quería venir a vivir mas cerca de la montaña y poder volar más tiempo. Su relato también trasunta adrenalina. “Fue un viaje que teníamos planeado hace más de un año. Siempre chequeamos el pronóstico esperando un buen día para el cruce. Hasta que apareció. Volamos por encima de paisajes increíbles ¡Fue un vuelo soñado, que nunca voy a olvidar!”

Los hechos indican que los tres pilotos salieron a las 9.15 del jueves 23 de agosto con sus parapentes motorizados desde el Aero Club de Yerba Buena. La travesía les demandó una hora y 15 minutos. Aterrizaron en la zona del kilómetro 60 (en Vialidad), ya en terreno tafinisto. Eran las 10.30 y los deportistas festejaron el histórico vuelo a su manera, ofreciéndose un sabroso bocado: partieron en tres una manzana y brindaron con ella.

“Fue un vuelo tranquilo, aunque hubo un momento, de unos 10 minutos, en los que nos encontramos con un viento norte, el Zonda, que hizo más movido el trayecto. Fue muy importante haber hecho esto acompañado. La energía de los tres ayudó muchísimo”, aseguró Cataudella.

Ortiz confirmó estas palabras. “Cuando estábamos llegando a Tafí por La Ciénaga, nos encontramos con ese aire bastante revuelto. El Zonda soplaba sobre la cara norte del cerro Pabellón y nosotros volábamos justo detrás, en aire muy turbulento, por lo que la llegada fue un poco más movida de lo esperado. Como los tres tenemos mucha experiencia, pudimos aterrizar perfectamente cerca de la estación de servicios de la ruta 307. Allí cargamos combustible para después ir a almorzar. Luego de esperar un rato, despegamos nuevamente cerca de las 16.30, para retornar volando a Yerba Buena”, contó con naturalidad.

PUESTO EN LA MONTAÑA. Los parapentistas observaron sitios como nunca antes se había visto. FOTOS GENTILEZA: IGNACIO CATAUDELLA E IGNACIO ORTIZ

En síntesis, los viajeros cruzaron por San Javier, entraron por la quebrada del río Grande hacia Anfama, desde donde subieron a La Ciénaga y por esa cañada entraron al valle.

¿Y cuál fue el rol que cumplió Julio? Uno fundamental. El hecho de contar con el paratrike fue decisivo, porque ese aparato puede llevar combustible extra, ya que despega sobre ruedas. Eso le otorga mucha más autonomía de vuelo (unas 10 horas aproximadamente) mientras que los otros dos pilotos, con los paramotores, tienen apenas dos.

“BRINDIS” DULCE. Julio y los dos Ignacio comparten una manzana como símbolo de la meta lograda.

La historia “extra” indica que Julio está recorriendo todo el país en su paramotor, en una vuelta de 6.000 kilómetros que empezó hace más de tres semanas desde Buenos Aires. Ya pasó por Entre Ríos, Corrientes, Chaco. El sábado dejó Tucumán. Casi no participa del vuelo histórico, y los “Nacho” lograron convencerlo de que se quede unos días más y que los acompañe. Con el “viajecito” ida y vuelta que hicieron los tres, tendrán más de una anécdota para contar todas sus vidas.

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