La gota que no derrama el vaso

Los argentinos viven tiempos de muchísima tensión y de incertidumbre. Los tucumanos aún peor. López y su delincuencia ponen nerviosos a muchos. Las censuras que no deberían afectar la democracia y los gestos de Manzur y Macri.

26 Ago 2018
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La gota cae inexorablemente. Es apenas una gota. Está envuelta por un tubo de plástico en una habitación fría de sanatorio. La gota cae con la serena lentitud de la vida o con la afiebrada celeridad de la muerte. Es sólo una gota que terminará llevando energía al cuerpo famélico o que transportará agua purificadora a la estructura sedienta. También podría ser una simple gota inútil que recorre el corto (o largo, según la ansiedad) camino que describe la curva de una manguerita siliconada. En la cama yace el cuerpo cansado o simplemente desorientado.

Así es la vida de la Argentina en estos últimos días. El dólar aumenta en cuentagotas con un efecto letal que pone en agonía en la clase social más golpeada por la incertidumbre gobernante.

A la misma velocidad, la gota envenenada de fuertes dosis de corrupción se mete en una sociedad que ya no tiene anticuerpos para defenderse. Como los enfermos terminales, los argentinos viven con el cáncer adentro, pero cuando les dan el diagnóstico terminal saben que ya todo es irreversible.

En estos días la gota gorda fue insuflada por José López. ¿De qué se habrá arrepentido? Sus palabras no brotan como un torrente que sale cuando se abren las puertas del dique. Caen con la lentitud letal del suero. Eso exaspera a los tucumanos. Se conoció muy poco. Se recordó por ejemplo en Buenos Aires que el 9 de Julio de 2010 el ex intendente de Concepción declaró huésped de honor a José López. ¿Se arrepentirá Osvaldo Morelli de aquel acto? Difícil. Fue esa distinción la que motorizó, luego, el desembolso de los primeros pesitos ($1,7 millón) para que se iniciara la construcción de la sempiterna terminal de ómnibus de la Perla del Sur. Antes todo habían sido promesas. Con cuentagotas, en pequeñas dosis homeopáticas se van conociendo las artimañas de López. Por aquel entonces, era un hombre probo. Nadie conocía sus niveles de corrupción. Ni él mismo, que cuando declaró ante el juez se definió como un ser humano recto acosado por los dioses del mal que lo perseguían de cerca. Después se arrepintió hasta de eso mismo. ¿Qué esperan los intendentes, funcionarios y empresarios tucumanos para arrepentirse? Da la sensación de que la gota ya salió. Es la misma medicina que inexorablemente terminó cayendo sobre las bancas del Senado y que inexplicablemente los senadores tucumanos José Alperovich y Beatriz Mirkin terminaron contemplando. Ambos avalaron las condiciones puestas por Cristina para los allanamientos de sus propiedades. No correspondían esas exigencias. En el mar de la política las gotas se mezclan y confunden. La corrupción como las coimas no deberían ser justificadas desde la grieta ni desde el maniqueo axioma de amigos y enemigos. Las coimas son el cáncer de una sociedad y la política tendría que ser el antibiótico dispuesto a combatirlo no a contagiarse.

Pero no es así. Una gotita cayó sobre un agente municipal tucumano. Él no figura en los cuadernos ni su historia dará vueltas incrementando la vergüenza del país a nivel mundial. El señor Ledesma -como López- es parte del patrimonio tucumano. Este agente le pidió 3.000 pesos de coima a una conductora porteña que había venido a la provincia a correr el trasmontaña. A Ledesma no lo declararon huésped de honor, pero es como si lo hubieran hecho. Recibió una sanción: se lo suspendió por cinco días en la dirección de Tránsito de la Municipalidad de Capital. Repasemos: un agente de tránsito que termina coimeando a foráneos tiene una protección gremial y administrativa aún cuando ha sido filmado en su falta ética y afectando la reputación de una actividad y de una ciudad. ¿No será poca pena para tanta flagrancia? Es una gota más. No va a rebasar el vaso. La corrupción ya es parte de nuestro cuerpo. Tampoco la señora que pagó la coima está presa ni mucho menos. ¿Estará arrepentida? Una gota más en un océano de corrupción.

Las gotas van haciendo lo suyo en el cuerpo. Este se va acostumbrando. Ya no sorprende. Es habitual aunque corrompa y por lo tanto no afecta. Tal vez por eso en este Tucumán nadie se arrepiente. Tal vez por la misma razón conocer los números del presupuesto de la Legislatura provincial se convirtió esta semana en un escándalo de proporciones. Sin embargo, el informe dado a conocer por la Fundación Libertad no alteró el aletargado cuerpo social tucumano. ¿A quién podría sorprender que la única cámara legislativa provincial tuviera un gasto aproximado de 54 millones de pesos por cada banca? Es lógico. El presidente del cuerpo alguna vez juró que en el Congreso de la Nación que el mejor gobernador de la historia de Tucumán fue José Alperovich. Ahora ni se habla con él.

Pero también es la misma Legislatura que jamás pudo decirles a sus representados cómo se distribuyen sus gastos. Menos aún dar razones de por qué la bancarización es selectiva o por qué hubo millones de pesos que se retiraban del banco en valijas. La gota fue un somnífero más.

Un mal incurable

Iván Kerr, el subsecretario de Desarrollo Urbano de la Nación, ha aportado una dosis a este cuerpo agotado. Es el diagnóstico de lo que ya se sabe. Es la certeza de que la corrupción se ha devorado hasta el calor del hogar. En estos días, el funcionario nacional ha concluido un relevamiento principalmente sobre el vapuleado barrio Manantial Sur. De ese estudio, el goteo precisa que de un total de 604 casas adjudicadas hay 207 que presentan irregularidades. Entre esos 200 ciudadanos están los que ya tienen viviendas sociales, los que tienen ingresos superiores a los que corresponderían o los que ni siquiera han probado su identidad. Se trata de ciudadanos comunes a los que no les preocupa violar las leyes. Tampoco se van a arrepentir. ¿Para qué? Si el sistema los obliga a saltar algunos obstáculos, como se lo indicaron los funcionarios.

A propósito, los que están presos, como Miguel Jiménez Augier o Lucas Barrionuevo, ¿querrán arrepentirse de sus mentiras para que el cuerpo respire mejor?

El mal que confunde

El enfermo se llama democracia. Mientras respire siempre tendrá cura.

La gota vuelve a caer inexorablemente. Recorre lenta o rápidamente el camino previsto. Confunde, atonta y aletarga los reflejos del dirigente. No es para menos: con tantas dosis, el cuerpo joven de 35 años se mueve como un desmemoriado de muchas décadas. Es la libertad y el ejercicio de sus derechos lo que permite respirar libremente. Por eso la censura a un artista sólo puede encender luces de alerta en el cuerpo que se retuerce en la cama. Vapuleada, modificada, deformada, pero enhiesta al fin, nuestra Constitución defiende la libertad de expresión y ataca la censura previa.

La decisión de las autoridades de la Universidad Nacional de Tucumán abre una herida innecesaria. A los artistas se les puede dar la espalda y hasta puede ser muy claro el mensaje de no aplaudirlos o de no asistir a sus espectáculos, pero jamás será democrático bajarlos del escenario. Alfredo Casero fue lesivo en sus dichos y, aunque después se disculpó, profundizó la grieta argentina agrediendo a los derechos humanos, pero la decisión del rector de la UNT de cerrarle las puertas del teatro no fue un aporte a la convivencia, precisamente.

El último capítulo

Y esta semana no apta para cardíacos tuvo un broche de oro en Tucumán. Tuvo el dólar más nervioso que electrocardiograma, mostró el senado más agrietado que las paredes del templo de San Francisco y trajo del pasado el rostro más desencajado de la Legislatura provincial. Pero faltaba la gota que podía derramar el vaso. Y llegó el presidente Mauricio Macri.

El titular del Poder Ejecutivo Nacional confundió el escenario. Una gota más. Recordó que la plata de la corrupción hace que falten cosas. Pero también le recordó a Manzur que en Tucumán no hay Ley de Acceso a la Información Pública. ¡Chocolate por la noticia! Se trata de una promesa incumplida del mandatario provincial, que prefiere no acordarse de estas cuestiones. Disfruta de sus grandes reuniones con referentes provinciales, nacionales e internacionales que lo ponen a Tucumán con otro signo. Sin embargo, Macri le hizo un llamado a la realidad comarcana.

Manzur está vacunado contra las críticas. Por eso si bien las palabras del Presidente le borraron la sonrisa, no dudó en agradecer la visita y en mirar para otro lado. Incluso, después uno y otro subieron al helicóptero y hablaron como dos viejos conocidos y no como dos gallos de riña que se picotean cada vez que pueden.

Macri desaprovechó la oportunidad de mostrar lo que siempre declama y eligió el desplante de reclamar públicamente lo que podría haber demandado en privado. Tal vez porque en estos tiempos de tanta enfermedad social, él cree que señalar las heridas puede darle rédito electoral; o, simplemente, porque los modales, como los valores, en estos tiempos de corruptos y coimas están en terapia intensiva.

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