Barañao, Grau, la naturaleza y la UNT

La ciencia natural produciría resultados indiscutibles y desinteresados, y quien se coloca al costado o contra ellos -las ciencias sociales o los ambientalistas que afirman que el glifosato y la megaminería son dañinos para el ambiente y la salud humana- serían teólogos o fundamentalistas eco-religiosos. Pero más bien son Barañao y Grau los fundamentalistas cientificistas

29 Jul 2018

Por Alan Rush

En abril pasado, el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación afirmó: “La diferencia entre un ecólogo y un ecologista es la misma que hay entre un enólogo y un borracho”. Lino Barañao nos tiene acostumbrados a exabruptos y provocaciones. En 2011 afirmó la inocuidad del glifosato e invitó a beberse un vaso; antes en 2008 había comparado a las ciencias sociales con la teología, etc.

En LA GACETA Literaria, Ricardo Grau, biólogo investigador del Conicet, hermano del delegado de la UNT ante Minera La Alumbrera, corrigió la sentencia del ministro, con algunas buenas razones y bastante humor. Pero preocupa cuando imita a Barañao y compara a los ecologistas con fundamentalistas religiosos violentos. En su común militancia transgénica y megaminera, ambos son deudores del gobierno actual y del anterior. El M heredó del K entre otras cosas la patria sojera y megaminera, que los K a su vez recibieron y expandieron. Estos legaron al M el ministro Barañao, y la ley antiterrorista que ya se aplica a ambientalistas.

Barañao y Grau parecen abrazar un cientificismo estrecho. La ciencia natural produciría resultados indiscutibles y desinteresados, y quien se coloca al costado o contra ellos -las ciencias sociales o los ambientalistas que afirman que el glifosato y la megaminería son dañinos para el ambiente y la salud humana- serían teólogos o fundamentalistas eco-religiosos. Pero más bien son Barañao y Grau los fundamentalistas cientificistas.

El fundamentalismo cientificista desconoce o desvaloriza las transformaciones históricas y la diversidad del conocimiento, y la naturaleza social, valorativa y a menudo conflictiva de la Ciencia & Tecnología. R. Carson, célebre bióloga y ambientalista, investigó y denunció en 1962 el uso del DDT, y hablaba ya de “dos ciencias”: la de la industria química y armamentista, y la historia natural estudiosa de las especies vivientes en su complejidad, y favorable al control biológico de plagas. B. Commoner, otro gran ecólogo, enfatizó en los 60 una ciencia crítica de la C&T industrializadas.

En nuestros días, la transformación dominante -no única- de la ciencia suele designarse tecnociencia. De la mano del neoliberalismo, los laboratorios, científicos y universidades son zambullidos en el mercado, y a la inversa la sociedad se zambulle en la ciencia y sus templos. Esto conlleva un dinamismo excitante y desconcertante, pero suscita malestar entre los científicos. La investigación se comercializa, y compele a publicar o perecer sin importar la baja calidad frecuente de los papers o innovaciones. Además, preocupa la prevalencia de desarrollos Ciencia & Tecnología nocivos para el ambiente y la salud humana, cuando no directamente bélicos. Pero una virtud innegable de la tecnociencia, es la de hacernos reconocer que la Ciencia & Tecnología -hoy y ayer- son de pies a cabeza humanas y sociales, están entrelazadas con el poder, los intereses y valores, las ideologías. Esto no niega su humana objetividad: son una co-producción de naturaleza y cultura. Por eso la tecnociencia y su fundamentalismo cientificista, entrelazados con los negocios y el poder, y cuestionados por ciencias y movimientos sociales críticos, son hoy indefendibles.

Nuestro país y sus universidades atraviesan una crisis profunda. La UNT no debate ampliamente si la megaminera es o no contaminante e inmoral, aunque la justicia falló en su contra en 2016 y 2017. Hay esperanza: en la UNT hay un puñado de militantes ambientalistas críticos, y los docentes de Adiunt están preocupados.

Hace un mes la UNT declaró Visitante Ilustre a Hebe Vessuri, mundialmente reconocida estudiosa social de la ciencia y la tecnología. Algunos jóvenes científicos reflexivos y doctorandos, la rodearon con interés. En los 70, Vessuri colaboró con lo que el INTA encargó a Santiago Bilbao. La cooperativa campesina Campo de Herrera, y la corporación trasnacional-estatal Minera la Alumbrera, aparecen hoy como dos inspiraciones bastante opuestas para la Ciencia & Tecnología en su relación con la naturaleza, Tucumán y la UNT.

ALAN RUSH

FILÓSOFO DE LA CIENCIA

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