El descubridor de Bergman

29 Jul 2018

Hace 66 años, Homero Alsina Thevenet, destacado colaborador de estas páginas, quedó maravillado con la película de un director desconocido. Era Juventud divino tesoro y se exhibía en el Festival de Punta del Este de 1952, en el que Alsina Thevenet integraba el jurado de la crítica. A partir de ese momento, empezó a investigar obsesivamente para escribir la primera nota publicada fuera de Suecia sobre la obra del entonces ignoto Ingmar Bergman. Apareció en la revista uruguaya Film, en 1953, y fue el primero de muchos escritos que derivarían en Ingmar Bergman: un dramaturgo cinematográfico, el primer libro que se publicó sobre el director sueco.

En 1954, la película que lo había asombrado pasaba sin pena ni gloria por el Festival de Venecia y no despertaba el interés de los críticos en el resto de Europa, ni en Estados Unidos. En la propia Suecia, donde sí había quienes reconocían el valor de Bergman, no eran pocos los críticos que ignoraban o denostaban su obra.

Recién en 1956, Bergman obtuvo su primera distinción fuera de Suecia. Por Sonrisa de una noche de verano, un director desconocido para los franceses ganaba el premio a la mejor comedia del Festival de Cannes. Eso impulsó a su productor a filmar una película que estaba cajoneada, El séptimo sello. Al año siguiente, cuando la presentaron en Cannes, los críticos quedaron desorientados porque esperaban una muestra similar a la película del comediógrafo que habían galardonado. No comprendían todavía lo que Alsina había advertido en el otro extremo del mundo. Bergman era un director múltiple, cuya genialidad abarcaba todos los géneros. El séptimo sello, con el tiempo, consagraría a Bergman como uno de los directores más trascendentes de la historia del cine.

Homero Alsina Thevenet murió en su Montevideo natal, en 2005. Fue el crítico de cine más célebre de América Latina, un maestro que dejó una huella indeleble en el periodismo cultural argentino y que prestigió estas columnas con su firma.

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