Loable integración laboral de chicos Down

03 Jul 2018 Por LA GACETA

Las palabras están de más cuando se convierten en acciones, sobre todo si estas son positivas. Cuando la inclusión se hace efectiva no solo una cuestión de apariencia o de leyes, sino por amor al prójimo, especialmente si son chicos especiales, esta se potencia. A menudo los chicos down son discriminados, pese a que en los últimos tiempos se han registrado algunos avances en su integración, “aún queda mucho por hacer”, como suele repetir a modo de muletilla la clase dirigente. El síndrome es un trastorno cromosómico provocado por la presencia de una copia extra del cromosoma 21, completa o parcial. Su nombre se debe a John Langdon Down, su descubridor.

En nuestra edición de ayer, dedicamos un espacio a chicos down que trabajan en una empresa privada. El gerente Matías, uno de los promotores de la integración del personal con los jóvenes, contó que el objetivo fue su inclusión en el ámbito laboral y para lograrlo contaron con el aporte de profesionales, médicos y terapeutas. “Eso nos ayudó en este proceso, porque así pudimos educar a nuestro personal para con ellos y nos cambió el estado de ánimo y cambió todo el ambiente laboral”, afirmó.

Dolores, la mayor, de 44 años, se ocupa de preparar y servir café. Alexis, de 23 (padece un retraso madurativo), vive en Bella Vista, se levanta a diario a las 5.30, toma solo el ómnibus que lo deja en la plaza San Martín, donde sube a un ómnibus de la línea 118 para llegar al trabajo. Rodrigo, de 22 años, tiene síndrome de Down como Dolores; se dedica a acomodar la mercadería y a repartir los pedidos de los clientes. Eduardo, de 30 años, trabaja en Atención al Cliente y es el cantor del grupo. “Esta es una experiencia maravillosa desde todo punto de vista; claro que esto no sería posible sin el apoyo de todos los empleados; son ellos los que están en el día a día y es una experiencia que la recomiendo a las empresas. Me gustaría generar un efecto contagio, porque nosotros vivimos el día a día con mucha alegría”, dijo José Ramón, administrador de la firma.

Pese a que en Tucumán tiene leyes que se ocupan de la protección de los discapacitados, varias se cumplen a medias. La N° 6.380, reglamentada en 1997, referida a la incorporación de personas con discapacidad en el mercado laboral en la administración pública, establece que se debe asignar un cupo del 4%. Por ejemplo, la ley N° 24.901 cubre el traslado a los centros educativos, médicos o de rehabilitación, así como la atención médica y farmacológica y todas las terapias para mejorar su calidad de vida, como equinoterapia, danzaterapia e hidroterapia, pero no siempre se cumple.

Todavía hay establecimientos educativos que se resisten a aceptar los chicos Down, argumentando que carecen de docentes especiales. Con frecuencia los padres deben apelar a la Justicia para que las obras sociales o el Estado provincial les brinden la cobertura que les corresponde por ley.

De poco sirve tener leyes si no se las hace cumplir y si además el Estado es el principal infractor. Esta situación refleja una penosa insensibilidad de nuestros gobernantes. Los discapacitados se hallan en desventaja respecto de los que son “normales”, pero estimulados, apoyándose en el afecto, pueden lograr lo que parece imposible. Pareciera que una buena parte de la sociedad mira su propio ombligo; tan grave como ello es que los dirigentes tampoco se den cuenta de que existen personas con discapacidad.

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