La trama desconocida del negocio del clan Reyna

Este fue uno de los grupos más importantes que se logró desarticular en los últimos tres años. La mayoría de sus integrantes están tras las rejas después de una larga investigación. Los defensores aseguraron que no hay indicios suficientes para poder sostener la acusación en su contra.

30 Jun 2018 Por Gustavo Rodríguez
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Los investigadores sospechan que los miembros del clan podrían haber recibido filtraciones de “informantes” que les advertían sobre la posible presencia de uniformados en el barrio Juan XXIII (“La Bombilla”).

En el expediente, de acuerdo con las fuentes judiciales, los Reyna hace varios meses sospechaban que se los investigaba. En la causa aparecerían las órdenes que habrían dado los líderes de la organización para que escondieran todo ante la suposición que se realizarían operativos. También creen que esa información podría haber sido proporcionada por los mismos “soldaditos” que estaban a su servicio y que montaban guardia alrededor del barrio.

Un hecho llamativo se produjo en marzo de 2017. Por pedido de la fiscala Adriana Giannoni, en el marco de una causa por “amenazas”, efectivos de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) realizaron siete allanamientos en “La Bombilla”. Los investigadores esperaban encontrar armas y grandes cantidades de droga, pero nada de eso ocurrió. Los vecinos habrían informado que horas antes de que se presentaran los uniformados, se produjo un gran movimiento de autos y personas en los domicilios donde luego se practicaron los allanamientos.

1. El método para conseguir la droga 
Después de más de un año de investigación, los pesquisas de la División Antidrogas Tucumán de la Policía Federal, dirigidos por el fiscal Pablo Camuña y el juez federal Daniel Bejas, habrían descubierto cómo operaba la organización que proveía parte de las drogas que estaría siendo  comercializada por el clan Reyna. Un grupo de misioneros, integrado por Jonathan Javier Krujowski, Gustavo David Ríos y Carlos Alejandro Sosa (especie de chamán que orientaba al grupo para trasladar la sustancia) fueron acusados de traer marihuana desde Paraguay y esconderla en su provincia natal. 
Ellos habrían tenido contactos con choferes de al menos dos empresas de transporte de pasajeros de larga distancia para llevar la droga a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Allí, según el expediente, habría sido recibida por Gustavo Alexis Villalba Sosa (hijo del chamán), quien la ocultaba en una villa de emergencia de esa provincia.
La pareja de tucumanos, integrada por Juan Jiménez y Rosa Correa, habrían sido los que compraban la marihuana en grandes cantidades para supuestamente  trasladarla, acopiarla y distribuirla en la provincia. Los sospechosos, que se encuentran prófugos de la Justicia Federal, podrían haber adquirido hasta 150 kilos de marihuana a la organización misionera. La trasladaban a la provincia en vehículos o en camioneta recorriendo itinerarios por donde casi nunca se hacen controles.
2. Los engranajes del clan
Según la investigación, la organización tenía tres líderes bien claros: Mario “El Mono” Reyna, su esposa Lorena Herrera y su hermana Paola Suárez. En una segunda línea (trasladar, freaccionar y comercializar drogas) estarían Francisco, Elena, Brigite y una tal “Jova” Juárez, Lourdes Salazar y “El Gordo” (fue detenido por el crimen de Fabio Farías). En la tercera línea se encontrarían Nancy Molina (habría contado con el apoyo de varios de los ya mencionados), Pamela Bravo y una tal María Ester Martorell, habrían sido las responsables de otros puestos de ventas. 
Las dos últimas habrían decidido abrirse de a poco para seguir ellas con el negocio. Bravo podría haberle comprado marihuana al matrimonio prófugo y Martorell habría comenzado a vender sin que los líderes del grupo supieran. 
José Maria Molina y Silvia Furque de Morfil, defensores de la mayoría de los acusados, dijeron que la investigación padece de groseros errores que llevan a la confusión, tanto a la justicia como a la comunidad en general.
“Oportunamente todo saldrá a la luz y más de uno se quedará boquiabierto. Intentan hablar de una organización con contactos de niveles interprovinciales, ello no existe, no está probado y no se probará por ningún medio porque no existe tal vínculo. El objetivo es agravar la pena e ir por la peor calificación, mencionando la palabra ‘Organización’, pero ello caerá solo por su propio peso”, agregaron los profesionales.
3. Problemas con la crisis cambiaria
La escalada de la cotización del dólar le podría haber provocado problemas al grupo. En plena apreciación de la moneda norteamericana, según confiaron fuentes judiciales, la organización no podía conseguir cocaína porque los proveedores escondían la sustancia hasta tanto se “aclarara” el mercado cambiario. Esa droga se cotiza en dólares y el kilo en nuestra provincia llega a tener un valor de hasta U$S 3.500.
Los integrantes del grupo, según aparece en la pesquisa que duró más de un año, habrían realizado diligencias en la zona de la frontera para conseguir mercadería para poder comercializar “alita de mosca”. Al no obtenerla, también podrían haber buscado en diferentes barrios de la capital y, especialmente, en Villa 9 de Julio. Y cada vez que se presentaba una oportunidad, los sospechosos no la dejaban pasar. En el expediente aparece que uno de los líderes le exige a uno de los integrantes del grupo que junte $ 500.000 para comprar cinco kilos. “Probala, si no te gusta, no le comprés ni’aca” (sic), le habría dicho.
Al no haber podido adquirir drogas, al clan Reyna se le presentaba otro problema: elegir el destino del dinero que habrían recaudado con la venta y del que no se podían deshacer al no poder reinvertirlo. Podrían haber ocultado el dinero en diferentes lugares. Inclusive, dentro de los mismos “bunkers” de venta. Aparentemente, tenían mucho cuidado para protegerse y se preocupaban para que no haya dinero en los quioscos durante los sábados. ¿La razón? Ese es el día de mayor venta y, por ende, de mayor movimiento en esos lugares.
4. Se sospecha que recibían información para protegerse
Los investigadores sospechan que los miembros del clan podrían haber recibido filtraciones de “informantes” que les advertían sobre la posible presencia de uniformados en el barrio Juan XXIII (“La Bombilla”). 
En el expediente, de acuerdo con las fuentes judiciales, los Reyna hace varios meses sospechaban que se los investigaba. En la causa aparecerían las órdenes que habrían dado los líderes de la organización para que escondieran todo ante la suposición que se realizarían operativos. También creen que esa información podría haber sido proporcionada por los mismos “soldaditos” que estaban a su servicio y que montaban guardia alrededor del barrio. 
Un hecho llamativo se produjo en marzo de 2017.  Por pedido de la fiscala Adriana Giannoni, en el marco de una causa por “amenazas”, efectivos de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) realizaron siete allanamientos en “La Bombilla”. Los investigadores esperaban encontrar armas y grandes cantidades de droga, pero nada de eso ocurrió. Los vecinos habrían informado que horas antes de que se presentaran los uniformados, se produjo un gran movimiento de autos y personas en los domicilios donde luego se practicaron los allanamientos.
5. “No se metan con doña jova”
“Doña Jova”, madre del “Mono” Reyna y de Paola Suárez, fue una de las detenidas por esta causa, aunque los investigadores no encontraron pruebas contundentes en su contra hasta el momento. Fuentes judiciales confirmaron que una de las líderes de la organización les habría reclamado a sus parientes que no involucraran a la mujer, que ya había sido detenida en otra oportunidad por la Justicia Federal, aunque luego terminó absuelta en la causa. Los pesquisas creen que sus parientes, sin que ella lo supiera o aprovechando su ausencia, podrían haber utilizado su domicilio para ocultar o fraccionar la droga que luego podrían haber comercializado. 
En el expediente judicial figuraría que esta situación generó una dura pelea entre los integrantes del grupo. Incluso, entre ellos habrían decidido llegar a un acuerdo para no involucrar a “Doña Jova”, como es conocida en el barrio.
6. Pensaban en cambiar de rubro
Los investigadores señalan que lograron desarticular la organización justo a tiempo. Desde hacía varias semanas, por el trabajo que venían realizando, sospechaban que los integrantes del clan Reyna estaban pensando en cambiar de rubro.
De acuerdo con la información que habrían recolectado a lo largo de la investigación, los sospechosos estimaban que ya habrían adquirido los bienes necesarios (se habla de casas y de vehículos) y que debían probar suerte en otra actividad.
Tomaban como ejemplo el buen pasar que tenía “El Mono” con una distribuidora de gaseosas. Al mismo tiempo, según fuentes cercanas, se acordaban de dos amigos que habían sido detenidos por dedicarse al “negocio”: “El Seco Ale” y “El Gordo Vaca”. “Ellos sabían que los otros cayeron porque no supieron decir basta”, comentó un vecino que estima que estos podrían haber tenido algún tipo de vinculación con los líderes de la organización desbaratada por la Policía.

1. El método para conseguir la droga 
Después de más de un año de investigación, los pesquisas de la División Antidrogas Tucumán de la Policía Federal, dirigidos por el fiscal Pablo Camuña y el juez federal Daniel Bejas, habrían descubierto cómo operaba la organización que proveía parte de las drogas que estaría siendo  comercializada por el clan Reyna. Un grupo de misioneros, integrado por Jonathan Javier Krujowski, Gustavo David Ríos y Carlos Alejandro Sosa (especie de chamán que orientaba al grupo para trasladar la sustancia) fueron acusados de traer marihuana desde Paraguay y esconderla en su provincia natal. 



Ellos habrían tenido contactos con choferes de al menos dos empresas de transporte de pasajeros de larga distancia para llevar la droga a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Allí, según el expediente, habría sido recibida por Gustavo Alexis Villalba Sosa (hijo del chamán), quien la ocultaba en una villa de emergencia de esa provincia.
La pareja de tucumanos, integrada por Juan Jiménez y Rosa Correa, habrían sido los que compraban la marihuana en grandes cantidades para supuestamente  trasladarla, acopiarla y distribuirla en la provincia. Los sospechosos, que se encuentran prófugos de la Justicia Federal, podrían haber adquirido hasta 150 kilos de marihuana a la organización misionera. La trasladaban a la provincia en vehículos o en camioneta recorriendo itinerarios por donde casi nunca se hacen controles.

2. Los engranajes del clan
Según la investigación, la organización tenía tres líderes bien claros: Mario “El Mono” Reyna, su esposa Lorena Herrera y su hermana Paola Suárez. En una segunda línea (trasladar, freaccionar y comercializar drogas) estarían Francisco, Elena, Brigite y una tal “Jova” Juárez, Lourdes Salazar y “El Gordo” (fue detenido por el crimen de Fabio Farías). En la tercera línea se encontrarían Nancy Molina (habría contado con el apoyo de varios de los ya mencionados), Pamela Bravo y una tal María Ester Martorell, habrían sido las responsables de otros puestos de ventas. 


UNA LÍDER. Lorena Herrera sería  cabecilla del grupo.


Las dos últimas habrían decidido abrirse de a poco para seguir ellas con el negocio. Bravo podría haberle comprado marihuana al matrimonio prófugo y Martorell habría comenzado a vender sin que los líderes del grupo supieran. 
José Maria Molina y Silvia Furque de Morfil, defensores de la mayoría de los acusados, dijeron que la investigación padece de groseros errores que llevan a la confusión, tanto a la justicia como a la comunidad en general.
“Oportunamente todo saldrá a la luz y más de uno se quedará boquiabierto. Intentan hablar de una organización con contactos de niveles interprovinciales, ello no existe, no está probado y no se probará por ningún medio porque no existe tal vínculo. El objetivo es agravar la pena e ir por la peor calificación, mencionando la palabra ‘Organización’, pero ello caerá solo por su propio peso”, agregaron los profesionales.


OTRO LÍDER. Mario Reyna también se encuentra detenido.

3. Problemas con la crisis cambiaria
La escalada de la cotización del dólar le podría haber provocado problemas al grupo. En plena apreciación de la moneda norteamericana, según confiaron fuentes judiciales, la organización no podía conseguir cocaína porque los proveedores escondían la sustancia hasta tanto se “aclarara” el mercado cambiario. Esa droga se cotiza en dólares y el kilo en nuestra provincia llega a tener un valor de hasta U$S 3.500.

Los integrantes del grupo, según aparece en la pesquisa que duró más de un año, habrían realizado diligencias en la zona de la frontera para conseguir mercadería para poder comercializar “alita de mosca”. Al no obtenerla, también podrían haber buscado en diferentes barrios de la capital y, especialmente, en Villa 9 de Julio. Y cada vez que se presentaba una oportunidad, los sospechosos no la dejaban pasar. En el expediente aparece que uno de los líderes le exige a uno de los integrantes del grupo que junte $ 500.000 para comprar cinco kilos. “Probala, si no te gusta, no le comprés ni’aca” (sic), le habría dicho.


PREOCUPACIÓN. El grupo se preocupaba por guardar el dinero.

Al no haber podido adquirir drogas, al clan Reyna se le presentaba otro problema: elegir el destino del dinero que habrían recaudado con la venta y del que no se podían deshacer al no poder reinvertirlo. Podrían haber ocultado el dinero en diferentes lugares. Inclusive, dentro de los mismos “bunkers” de venta. Aparentemente, tenían mucho cuidado para protegerse y se preocupaban para que no haya dinero en los quioscos durante los sábados. ¿La razón? Ese es el día de mayor venta y, por ende, de mayor movimiento en esos lugares.

4. Se sospecha que recibían información para protegerse
Los investigadores sospechan que los miembros del clan podrían haber recibido filtraciones de “informantes” que les advertían sobre la posible presencia de uniformados en el barrio Juan XXIII (“La Bombilla”). 
En el expediente, de acuerdo con las fuentes judiciales, los Reyna hace varios meses sospechaban que se los investigaba. En la causa aparecerían las órdenes que habrían dado los líderes de la organización para que escondieran todo ante la suposición que se realizarían operativos. También creen que esa información podría haber sido proporcionada por los mismos “soldaditos” que estaban a su servicio y que montaban guardia alrededor del barrio. 



OPERATIVO. El “Mono”, cuando cayó detenido en “La Bombilla”.

Un hecho llamativo se produjo en marzo de 2017.  Por pedido de la fiscala Adriana Giannoni, en el marco de una causa por “amenazas”, efectivos de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) realizaron siete allanamientos en “La Bombilla”. Los investigadores esperaban encontrar armas y grandes cantidades de droga, pero nada de eso ocurrió. Los vecinos habrían informado que horas antes de que se presentaran los uniformados, se produjo un gran movimiento de autos y personas en los domicilios donde luego se practicaron los allanamientos.

5. “No se metan con doña jova”
“Doña Jova”, madre del “Mono” Reyna y de Paola Suárez, fue una de las detenidas por esta causa, aunque los investigadores no encontraron pruebas contundentes en su contra hasta el momento. Fuentes judiciales confirmaron que una de las líderes de la organización les habría reclamado a sus parientes que no involucraran a la mujer, que ya había sido detenida en otra oportunidad por la Justicia Federal, aunque luego terminó absuelta en la causa. Los pesquisas creen que sus parientes, sin que ella lo supiera o aprovechando su ausencia, podrían haber utilizado su domicilio para ocultar o fraccionar la droga que luego podrían haber comercializado. 



EN EL MANANTIAL. En una agencia de quiniela se encontró droga.

En el expediente judicial figuraría que esta situación generó una dura pelea entre los integrantes del grupo. Incluso, entre ellos habrían decidido llegar a un acuerdo para no involucrar a “Doña Jova”, como es conocida en el barrio.

6. Pensaban en cambiar de rubro
Los investigadores señalan que lograron desarticular la organización justo a tiempo. Desde hacía varias semanas, por el trabajo que venían realizando, sospechaban que los integrantes del clan Reyna estaban pensando en cambiar de rubro.

De acuerdo con la información que habrían recolectado a lo largo de la investigación, los sospechosos estimaban que ya habrían adquirido los bienes necesarios (se habla de casas y de vehículos) y que debían probar suerte en otra actividad.



Tomaban como ejemplo el buen pasar que tenía “El Mono” con una distribuidora de gaseosas. Al mismo tiempo, según fuentes cercanas, se acordaban de dos amigos que habían sido detenidos por dedicarse al “negocio”: “El Seco Ale” y “El Gordo Vaca”. “Ellos sabían que los otros cayeron porque no supieron decir basta”, comentó un vecino que estima que estos podrían haber tenido algún tipo de vinculación con los líderes de la organización desbaratada por la Policía.

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