El fútbol, identidad y delirio

Dos libros y una película espejados en el fútbol, con Diego Capusotto como nexo: Pedro Saborido, guionista de radio y TV, Néstor Montalbano, director de TV y cine, y la pelota como “forma eficaz de organizar nuestra memoria”

01 Jul 2018
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Por Hernán Carbonel

PARA LA GACETA - SALTO

Primero deporte, luego espejo de ciertas condiciones humanas, el fútbol se ha instalado, desde hace décadas, en la música, el cine y la literatura.

En la Inglaterra natal del juego, de una canción de Pink Floyd con la tribuna del Liverpool cantando “Nunca caminarás sola” a un disco de la banda The Wedding Present con la imagen de George Best en la tapa.

En nuestra cancha, de local, suena redundante ya hablar del mítico Míster Peregrino Fernández de Soriano, la gracia incomparable de Fontanarrosa o las películas basadas en las novelas de Sacheri. La cita es de El secreto de sus ojos: “El tipo puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar. No puede cambiar de pasión”. Es decir: no puede modificar su amor por una camiseta.

Editado por Planeta, Atlas de camisetas. Los colores del futbol argentino. Las historias, las leyendas y las rarezas, de Cune Molinero y Alejandro Turner, es un tomo de poco más de 250 páginas en bella edición centrada en lo gráfico, y acompañado por el anecdotario que su subtitulo propone.

Cuestión cromática a la vez que identitaria, de pertenencia, según dicen sus autores en el prólogo, “desde fines del siglo XIX, el fútbol fue eje de construcción de identidades en las clases populares de nuestro país”.

Y en esa Historia –esta vez con mayúscula- se metió Néstor Montalbano.

Ucronía fílmica

Ucronía: durante las Invasiones Inglesas, aquellos que se quieren adueñar del territorio del Río de la Plata advierten que, en la población criolla, hay más resistencia de la que se esperaba, y que esa resistencia puede tener una forma perfecta: la esfera. O sea: el futuro de la Patria se definirá en una cancha de fobal. Casi dos siglos antes de la Guerra de Malvinas y aquel 2 a 1 en México (la mano de dios, el mejor gol en la historia de los mundiales), la confrontación con Inglaterra habrá de ser esa.

“En definitiva, la película trata sobre cómo una pasión despierta la identidad de un pueblo”, dice Néstor Montalbano, que ya trabajó con lo histórico en el corto Chasqui, para el Bicentenario. Capusotto (alias Sampedrito, a la sazón director técnico de lo que vendría a ser una Selección Argentina de principios del Siglo XIX) entiende que en la historia de Montalbano “el fútbol también aparece como figura de distracción, como suele suceder en la historia en general”.

No llores por mí, Inglaterra (sutil reelaboración, a partir de su antítesis, de la canción de Andrew Lloyd Webber y Tim Rice) fue filmada entre Colonia del Sacramento y locaciones argentinas, con el 31 de mayo como fecha de estreno. Dirigida por Montalbano (films como Soy tu aventura y Pájaros volando, y programas de humor de culto como Todo por dos pesos y Cha Cha Cha) y con Guillermo Hough como co-guionista, la película lleva protagónicos de Gonzalo Heredia, el citado Capusotto y Mike Amigorena, más esos detalles entre bizarros, hilarantes y rupturistas que suelen ser del gusto de Montalbano: en este caso, dos ex jugadores del balompié contemporáneo: Fernando Cavenaghi y José Chatruc.

El delirio como ruptura

Pedro Saborido comenzó en Radio Mitre en los 80, en un memorable dúo de humor junto a Omar Quiroga. Fue guionista de Tato Bores y pilar en la construcción de programas como Magazine For Fai, Todo por dos pesos y Peter Capusotto y sus videos.

Acaba de editar el libro –cabe aclarar: todo lo que venga de aquí en adelante es el título completo- Una historia del fútbol en 43 cuentos, 18 testimonios, 99 personajes inciertos, 12 circunstancias discutibles, 5 episodios inverosímiles jamás contados, 4 heridos, 2 de muzzarella, 3 de fainá, 6 cortados mitad y mitad, 1 almendrado y coso.

El origen tiene que ver con la revista deportiva Un caño, desde donde lo convocaron para que escribiera cuentos de fútbol (http://revistauncanio.com.ar/los-cuentos-del-tio-peter/). “Luego Planeta y Un caño se pusieron para hacer una colección especial, y, entre esos libros, propusieron uno mío. Así que no me quedó otra que sentarme a escribir un montón de cuentos más”, confesó Saborido hace poco en una entrevista.

Historias absurdas, paródicas, narradas desde una mirada grotesca y delirante sobre el mundo del fútbol, con esa dislocación de la realidad que se advierte en sus guiones, habitadas por personajes de ficción atados a circunstancias inverosímiles: Amuchástegui, aquel 9 de El Porvenir que generaba innumerables insultos entre sus propios adeptos. Roque Bordonave, un DT que daba indicaciones a sus jugadores con un megáfono desde la línea de cal. Un club de Olavarría llamado Nueva Massachussets. O Artemio Petruzelli Boston, autor del más maravilloso gol que nadie vio.

“Nunca fui muy futbolero ni sé un pomo de estrategia ni doble 5 ni catenaccio”, en palabras del propio Saborido, observador lateral, siempre desde el borde de la cancha. “Tardé muchos años en poder ver un offside. Pero soy hincha de Racing”. Como Capusotto.

© LA GACETA

Hernán Carbonel - Periodista y escritor.

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