La pasión no tiene edad

En la residencia de avenida Mate de Luna al 2.800 , los abuelos se vistieron de celeste y blanco para alentar a la Selección.

27 Jun 2018
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LINDO MOMENTO. El festejo tras el segundo gol se multiplicó en la sala central de la residencia.

Gorros, banderas. Pintura en las mejillas.Globos y vuvuzelas. En la sala principal de la residencia de avenida Mate de Luna al 2.800, los ancianos esperaban ansiosos el último encuentro de grupo de la Selección. Acompañados por sus enfermeros y el personal del establecimiento, dejaron de lado el descanso de la siesta para presenciar cada minuto del partido.

A pesar de los malos resultados obtenidos anteriormente, todos estaban convencidos de que el plantel conseguiría la clasificación a octavos. Pola, de 80 años, esperaba ilusionada al menos dos goles de la Selección. Y Marta Beatriz, de 79, sostenía: “Argentina se va a levantar y sé que vamos a llegar por lo menos a la semifinal.”

La hinchada femenina ganaba en número al sector masculino que, aunque minoritario, se hacía sentir. Eduardo y Juan Cruz, ex jugadores de San Martín en primera y en inferiores, revivieron su paso por el fútbol tucumano al ver jugar a la Selección.

Durante el transcurso del partido, el cocinero repartió pochoclos, turrones de maní y gaseosa para mantener vivo el ánimo mundialista. La hinchada anhelaba el gol de Messi, que finalmente llegó a los 14 minutos del primer tiempo, invadiendo el lugar de gritos y aplausos.

El entretiempo dio lugar para rememorar y compartir experiencias vividas en mundiales anteriores. “Aún recuerdo la silueta de Diego Maradona corriendo en la cancha; ¡Cómo lloré de alegría por la copa en el 86! Espero se repita la historia este año.” comentó Juan Carlos Juri, un nuevo residente.

Margarita Arau, a meses de cumplir sus 100 años, se mostró animada junto a sus compañeras de la casa sosteniendo con orgullo la bandera nacional.

Raquel, de 85 años, aseguró: “yo no entiendo mucho de futbol, pero no me pierdo ningún partido. Es increible la emoción que genera en la gente, y más si se gana.”

A minutos del inicio del segundo tiempo, el gol de Nigeria generó tensión y enojo en los espectadores. Uno de ellos comenzó a explotar los globos celestes y blancos mientras que otros, por la ansiedad contenida, golpeaban las mesas o caminaban nerviosos por toda la habitación.

Aún así, nunca dejaron de alentar al seleccionado; siguieron cantando y haciendo sonar las vuvuzelas al ritmo de los cánticos de la tribuna del estadio.

Casi al final del partido, el segundo gol convertido por Marcos Rojo hizo que el lugar explotara de gozo. La permanencia del equipo en el Mundial es cierta. Los minutos restantes se hicieron eternos a la espera de que el árbitro dé la orden para que finalice el encuentro.

Los abrazos y lágrimas de los jugadores en Rusia se hicieron eco en la sala y todos festejaron el triunfo argentino.

El sentimiento y la pasión por el fútbol no tienen edad.

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