Verdades, mentiras y certezas de la Selección

La contundente derrota a manos de Croacia fue una radiografía demasiado clara de todo lo que está roto dentro del plantel argentino.

23 Jun 2018 Por Guillermo Monti

Verdadero. El plantel argentino es una caja de Pandora que se abrirá en algún momento para develar su contenido. Lo que saldrá de allí es una incógnita. La convivencia no es insoportable, como sucede en infinidad de grupos, pero están muy marcadas las diferencias entre los históricos, la línea media y los nuevos. Faltan canales de comunicación para integrarlos a todos, lo que provoca una llamativa dispersión. Está lejos de ser un bloque galvanizado y esa es una falla del cuerpo técnico y de los jugadores. En síntesis: no hay un liderazgo.

Falso. No se produjo una rebelión después de la derrota con Croacia ni los jugadores le pidieron al presidente de la AFA la cabeza de Sampaoli. Con el ánimo por el piso, en un clima de velorio que se extendió desde la noche del jueves hasta los goles del nigeriano Musa, no había demasiado margen para una movida de esas características. Para intentar una revolución interna se necesita una clase de actitud que los jugadores nunca demostraron en la cancha, menos van a esgrimirla puertas adentro y al cabo de 90 minutos horrorosos.

Verdadero. Los jugadores no se sienten cómodos con la línea de tres. Los históricos añoran el sistema que implementaron en conjunto con Alejandro Sabella y que los llevó a la final de Brasil 2014. Sienten que el equipo se parte con extrema facilidad y que le regalan todos los espacios al rival. Lejos de las cámaras había que seguir, durante el partido con Croacia, los movimientos de Mercado, Otamendi y Tagliafico. En un pasaje, cuando Perisic viajaba a sus anchas por la autopista abierta por la izquierda, Mascherano le hizo toda clase de recriminaciones a Mercado, quien le explicaba que ese era trabajo de Salvio. Hay desconcierto.

Falso. En ningún momento se planteó la posibilidad de que Jorge Burruchaga tomara la conducción. Él mismo, en privado, calificó la versión como una irrespetuosidad. Sí es cierto que el contrato que vincula a Sampaoli con la AFA hasta 2022 será motivo de análisis, pero no en este momento, sino en Buenos Aires, cuando Rusia 2018 sea un (buen o mal) recuerdo. En los medios y en la opinión pública se instaló ayer el dato sobre una potencial indemnización si Sampaoli es despedido, monto que treparía sobre los 15 millones de dólares. A esta cifra no la confirmó oficialmente ningún dirigente, pero se desprende del lucro cesante que representaría para el entrenador.

Verdadero. Messi es un alma en pena. Hablando de falta de liderazgo, la condición de capitán no la ejerce ni adentro ni afuera de la cancha. Siempre se dijo que, más allá de quién llevara la cinta, la cabeza del grupo era Mascherano. Con 30 años, consolidado desde lo personal y lo deportivo, y sobre todo tras los goles decisivos que anotó en Ecuador y clasificaron a la Selección al Mundial, Messi asomaba, finalmente, como el líder indiscutido. En Rusia, ese Messi está ausente. El jugador que sus compañeros admiran, el hombre querible y sencillo, pasa buena parte del tiempo recluido en su habitación. Sólo Agüero, con quien comparte el cuarto, y el fisioterapeuta D’Andrea (conocido como Dady) logran acceder a su intimidad.

Falso. No hubo una pelea a los gritos entre Sampaoli y Agüero tras el cruce de declaraciones del jueves. Quedó claro que el DT habló de una cosa durante la conferencia de prensa (el fracaso del “proyecto de partido”) y lo que le preguntaron al jugador en la zona mixta (el fracaso del “proyecto” porque los jugadores no lo habían entendido). Todo estaba descontextualizado, fue en todo caso una impericia periodística, tal vez producto de las presiones y de la velocidad con las que se trabaja en esas circunstancias. Agüero es el delantero favorito de Sampaoli y quedó demostrado por partida doble: lo esperó cuando no se sabía si llegaría en condiciones a la Copa, después de una operación, y le dio la titularidad frente a islandeses y a croatas. Hablaron durante el viaje de vuelta de Nizhni a Moscú y dieron por superado el episodio.

Verdadero. Hay una confusión permanente con todo lo referido a la comunicación, producto entre otras razones de los nuevos paradigmas en esa materia. La proliferación de videos, audios y fotos, a los que no se sabe quién, cómo, cuándo y, sobre todo, por qué los filtra, provocan un tembladeral del que los jugadores son responsables en buena medida. La información sobre la intimidad de la Selección que llega a los periodistas amigos de determinados futbolistas genera sospechas y resquemores en la interna. Mientras tanto, el plantel tiene acceso directo a los canales de TV argentinos, y miran en tiempo real y con estupor la guerra de zócalos, las críticas incendiarias y las presuntas “primicias” acerca de hechos que nunca sucedieron y decisiones que jamás se tomaron. Todo esto enrarece el ambiente en la concentración de Bronnitsy. Tal vez estén a tiempo de realizar una desintoxicación colectiva, restándole atención a este Mundial paralelo. Tal vez sea demasiado tarde y la adicción a las pantallas, instalada en la sociedad en su conjunto, haya ganado la partida para siempre.

Falso. Quienes sostienen que los jugadores son inmunes al dolor, y que permanecen indiferentes ante el calibre de una derrota como la del jueves, cambiarían de opinión si hubieran accedido a la intimidad durante las últimas horas. El 0-3 fue un mazazo que los dejó sin habla. Así como les había faltado capacidad de reacción en la cancha, una vez que emprendieron el retorno se sumergieron en un silencio sepulcral, prolongado durante el almuerzo de ayer. Es un plantel anímicamente quebrado, que afronta la obligación de recomponerse a toda velocidad porque el martes se juega el futuro en la Copa. Pero que nadie piense que a Messi y compañía les resbala la situación o que no sienten la camiseta. El problema es otro: que de tan deprimidos no sean capaces de dar la vuelta la página. Necesitan enojarse y rebelarse, sí, pero adentro de la cancha.

Verdadero. El modus operandi de Sampaoli desconcierta a los jugadores, pero en este juego no vale quejarse, porque a fin de cuentas es un entrenador que muchos de ellos avalaron cuando la AFA tiró el nombre sobre la mesa. Fazio se sentía titular, hasta que salió del equipo en el tramo final de la preparación y Rojo se quedó con el puesto… para salir al partido siguiente. Hasta un par de días antes del debut, Argentina era Messi, Lo Celso y nueve más. Se descontaba la participación del futbolista de Paris Saint Germain entre los 11, y de golpe se esfumó de las mesas de arena en las que Sampaoli pergeña sus movimientos. Enzo Pérez llegó de urgencia, después de ser desafectado, y de golpe y porrazo es titular. El DT cuenta con dos laterales -Mercado y Ansaldi- pero el ubicado en esa posición contra Islandia es Salvio. La lista puede seguir.

Conclusión. Hay una sombra que persigue a la Selección desde que hizo pie en Barcelona para preparar el Mundial. Pasó de todo, lo que debería explicar lo inevitable de esta coyuntura desesperada y desesperante. Las responsabilidades están generosamente repartidas entre Sampaoli, sus futbolistas y la dirigencia, que adoptó una actitud de “nosotros hicimos todo bien” y se despega de cualquier culpa. Y no es así. Si el barco se hunde, y ojalá que el golpe de timón llegue en el momento justo para evitarlo, nadie merece subir al bote salvavidas.

Comentarios