Federico Baeza: “la escena del arte se está federalizando”

El curador afirma que definir el arte contemporáneo es una tarea imposible.

20 Jun 2018
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MIRADAS DIFERENTES. El curador y ensayista Federico Baeza explicó que hay distintos perfiles en su profesión.

Brindó un seminario titulado “La cultura de la exhibición”; presentó su libro “Proximidad y distancia” en la Sociedad Sarmiento, y curó una muestra del grupo Lateral, “La Raza”.

Así de intensa y sin descanso fue la presencia de Federico Baeza en Tucumán. El experto ha curado recientemente “El cuerpo de una colección” y “Latinoamérica: volver al futuro”, dos relevantes muestras en Buenos Aires. En sus trabajos incorpora la noción de “expografía”, que considera “cómo es la institución, cómo es el lugar y cuál es su historia”. “Uno interviene en una trama de cosas existentes y, a partir de ahí, el proyecto se vehiculiza como un modo de respuesta a esas circunstancias”, sostiene.

“La escena del arte se está federalizando mucho en los últimos 15 o 20 años. Surgen Rosario, Córdoba, Tucumán, Mendoza y otras ciudades más pequeñas como Bahía Blanca o Mar del Plata, que se integran a un diálogo colectivo que no pasa necesariamente por Buenos Aires. Esa es una tendencia que se profundizará. Hay una revitalización muy interesante”, aseguró Baeza en una entrevista con LA GACETA.

- ¿Cómo observás o definís el arte contemporáneo?

- Definirlo es una tarea imposible. Lo único que se puede decir es lo que uno quiere que sea el arte contemporáneo. Yo quiero que sea un lugar de conocimiento, de reconocimiento de sí mismo y de emancipación. No sé si funciona de ese modo, porque hay otros vectores que tienen que ver con el mercado del arte, con la propiedad y con la lógica neoliberal. El arte contemporáneo es complejo, ambivalente y contradictorio. Para mí es un lugar de exploración.

- ¿Hay nuevas miradas en las generaciones más recientes de los curadores?

- En Buenos Aires muchos que estudiaban Artes en la UBA sólo veían el camino de la investigación. Pero a partir de 2000, los distintos modos de actuar con el arte contemporáneo han cambiado, así como las prácticas. Todo esto ha creado un campo distinto en las relaciones y perfiles diferentes. También pasó que el contacto con el arte contemporáneo se ha acercado mucho más, por suerte. Todas las generaciones tienen miradas distintas, porque básicamente no es posible no tenerla. Me cuesta señalar nuestra perspectiva general porque estoy implicado en eso.

- ¿De qué trata tu libro?

- El libro surgió de mi tesis de doctorado en la UBA. Pensé en la vida cotidiana y leí mucho a Michel de Certau, que escribió “La invención de lo cotidiano”. En ese libro define lo cotidiano como un ámbito de reutilizaciones, que son como prácticas tangenciales; aprovechar algo ajeno para generar un movimiento parcialmente propio. A partir de ello, trabajé con un primer eje: contar la vida de algunos artistas, una escena de autobiografías donde aparecían conexiones con el teatro, con el biodrama de Vivi Tellas o las puestas de Lola Arias; son producciones centradas en el relato de vida como una construcción, como una ficción. El otro eje era usar las cosas, los objetos prediseñados pensados para el consumo masivo. Pensé en artistas como Leopoldo Estol, Diego Bianchi o Luciana Lamothe... Pensé en cómo reutilizar los objetos dados, en los protocolos de seguridad de los espacios y con ellos hacer otras cosas, y así sabotearlos. Y el último eje de mi libro fue recorrer la ciudad, observar las prácticas de los peatones en el panorama urbano, que originan desvíos.

- ¿Tu libro se centra en una época?

- Mi producción no pretende definir un estilo de época de los años 2000; sí hay un hilo conductor, un recorte de proyectos, ligado a 2001, donde la crisis produce algo como una suspensión de la lógica de la mercancías y reparó en otro tipo de intercambio, como fue el trueque.

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