30 Mayo 2004 Seguir en 

"¿Qué busca el hombre de circo? No sé. Quizás buscamos andar por todo el mundo. Pero el bienestar seguro que no. No se puede vivir del aplauso", afirma Antonio "Loco" Pereira, trapecista de 73 años, quien visita esta ciudad con el circo Real Madrid.
"Me llaman ?Loco? porque fui el primer trapecista que trabajó con el cuello enyesado. Parecía más ?la momia? que un trapecista", dijo sonriendo. Una vez sufrió un golpe durante un ensayo y le dieron un mes de reposo, con el cuello enyesado. Por la insistencia de una "vecinita", se presentó igual. "Ella me decía: ?ay, ahora no vas a poder hacer trapecios?. Y yo le dije: ?sí voy a poder?. Mi familia y los dueños del circo se oponían, pero yo entré igualmente. Al terminar el número, un domador dijo: ?este está loco; es el loco de los trapecios?. Y de ahí me quedó".
El "Loco" nació el 9 de noviembre de 1930, en un pueblito de Chaco, y hace trapecios desde los 12 años. "Mi padre (también era trapecista) comenzó a enseñarme cuando tenía 8 años. Hasta los 12 ensayé; y en seguida debuté. Al tomar el primer contacto con el público estaba todo tembloroso, con miedo. A los 28 o 30 años ya era un trapecista hecho y derecho, estaba en la selección mundial de trapecistas, las Aguilas Humanas. Eramos 20 en total. Menos yo, ya murieron todos", contó.
Con el pelo blanco, la cara agrietada y un físico privilegiado (flaco, esbelto, elástico), Antonio asegura que seguirá con los trapecios hasta el último aplauso. "Noche a noche, en cada número, no se sabe si uno va a salir vivo. Cuando ya se llega a mi edad, no se sabe cuándo se termina el espectáculo. Por eso mi hija (las dos que tiene son trapecistas, al igual que su yerno, su esposa y una de sus nietas), la más chica, será quien me reemplace", manifestó señalándola. Ella lo recompensó con un abrazo cariñoso.
A pesar de los años, mantiene una rutina que no es la misma de los 15 años, ni la misma agilidad. "Pero lo que no muere es la dinámica, la física y el cuerpo. Hay veces que me siento mal; siento que no estoy en condiciones de trabajar. Pero traspaso la cortina y me transformo. Tengo que entrar sonriente, aunque por dentro me esté muriendo", confesó.
"Me llaman ?Loco? porque fui el primer trapecista que trabajó con el cuello enyesado. Parecía más ?la momia? que un trapecista", dijo sonriendo. Una vez sufrió un golpe durante un ensayo y le dieron un mes de reposo, con el cuello enyesado. Por la insistencia de una "vecinita", se presentó igual. "Ella me decía: ?ay, ahora no vas a poder hacer trapecios?. Y yo le dije: ?sí voy a poder?. Mi familia y los dueños del circo se oponían, pero yo entré igualmente. Al terminar el número, un domador dijo: ?este está loco; es el loco de los trapecios?. Y de ahí me quedó".
El "Loco" nació el 9 de noviembre de 1930, en un pueblito de Chaco, y hace trapecios desde los 12 años. "Mi padre (también era trapecista) comenzó a enseñarme cuando tenía 8 años. Hasta los 12 ensayé; y en seguida debuté. Al tomar el primer contacto con el público estaba todo tembloroso, con miedo. A los 28 o 30 años ya era un trapecista hecho y derecho, estaba en la selección mundial de trapecistas, las Aguilas Humanas. Eramos 20 en total. Menos yo, ya murieron todos", contó.
Con el pelo blanco, la cara agrietada y un físico privilegiado (flaco, esbelto, elástico), Antonio asegura que seguirá con los trapecios hasta el último aplauso. "Noche a noche, en cada número, no se sabe si uno va a salir vivo. Cuando ya se llega a mi edad, no se sabe cuándo se termina el espectáculo. Por eso mi hija (las dos que tiene son trapecistas, al igual que su yerno, su esposa y una de sus nietas), la más chica, será quien me reemplace", manifestó señalándola. Ella lo recompensó con un abrazo cariñoso.
A pesar de los años, mantiene una rutina que no es la misma de los 15 años, ni la misma agilidad. "Pero lo que no muere es la dinámica, la física y el cuerpo. Hay veces que me siento mal; siento que no estoy en condiciones de trabajar. Pero traspaso la cortina y me transformo. Tengo que entrar sonriente, aunque por dentro me esté muriendo", confesó.
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