Oisel, el improvisado guía de dos tucumanos que llegaron a Rusia

13 Jun 2018
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DEL CARIBE A MOSCÚ. Oisel dejó su patria por amor y hoy se siente feliz de recibir a los visitantes. LA GACETA / FOTO DE GUILLERMO MONTI (ENVIADO ESPECIAL)

MOSCÚ.- (Guillermo Monti, enviado especial de LG Mundialista). Se llama Oisel Moré y podría pasar, por ejemplo, por levantador de pesas. O por cualquiera de las tantas disciplinas olímpicas que los cubanos dominan a la perfección. Pero la de Oisel es una profesión impensada. Se confiesa actor. “Soy comediante de la televisión rusa”, revela desde una sonrisa blanquísima que es pura cordialidad. “¡Sí, es actor!”, corroboran Tomás Vanni y Gonzalo Billón, tucumanos inconfundibles desde el acento y el vestuario. Billón luce, orgulloso, la camiseta de San Martín, flamante comensal en el banquete de la Superliga.

Pero, ¿son amigos desde hace años? “Para nada, acabamos de conocernos –destaca Vanni-. Estábamos tomando algo en un bar y nos pusimos a conversar. Se ofreció a hacernos conocer algunos lugares… y allá vamos”. Guía improvisado y solícito, Oisel subraya que si vive en Rusia es por amor. “Estoy casado desde hace cinco años con una moscovita. Nos conocimos en mi país y bueno… me vine”, apunta. Está claro que lo suyo no es el fútbol, pero sí las ganas de divertirse. Y unido a dos tucumanos, la combustión puede ser imprevisible.

Tomás y Gonzalo integran un grupo de siete hinchas –entre familiares y amigos- que proyecta una estadía no demasiado extensa, ya que se marchan el domingo. Eso sí: tienen entradas para ver el sábado Argentina-Islandia, una condición que por estos días cotiza en oro y que irá potenciándose con las horas en el incontrolable universo de la reventa. “Alquilamos un departamento –explica Tomás-, después de planear el viaje durante alrededor de seis meses”. A su lado, Oisel sigue en papel de anfitrión, regalando algunos tips para aprovechar a fondo todo lo que Moscú ofrece. Y de repente, tras un emocionado saludo, los tres parten raudamente.

Unos metros más allá hierve la calle con la hinchada nacional. En la zona neural del festejo, al amparo de la batucada, se distinguen más caras tucumanas. Franco y Juan Pablo Argañaraz, junto a Patricio Paolini, se sacan fotos y despliegan una bandera acompañados por Gabriel y Santiago Roldán, amigos al paso en medio de la marea celeste y blanca. Uno de los Roldán obliga al chiste y no sólo de los argentinos. “¡Sampaoli!”, le dice un ruso, señalando la pelada. Para Paolini, que es empleado de LA GACETA, se trata del segundo Mundial después de las emociones vividas en Brasil. La siguiente parada del grupo será en Espacio Argentino, un local al servicio de los visitantes en el que todo remite a nuestro país: el idioma, la ornamentación, la comida, la bebida y los horarios. Será, a la par del Fan Fest, parada obligada para quienes buscan y no encuentran ese tesoro que, hoy por hoy, representa una entrada.

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