La libertad de salvar la vida

10 Jun 2018

LA MISA DE HOY

Acabamos de escuchar en la primera lectura el relato del origen del mal en el mundo. La original armonía de la persona humana, entre el hombre y la mujer y entre estos y toda la creación que Dios había establecido, quedó rota por un uso equivocado de la libertad del hombre al desear ser como Dios, legislador del bien y del mal. Así se ponen los hombres que legislan para quitar la vida de un no nacido, como es en el caso de aborto. Pero Dios no abandona a sus criaturas y Cristo, que es más fuerte que el mal, con su victoria pascual nos renueva interiormente y resucitaremos con Él un día aunque nuestro cuerpo se vaya desmoronando (segunda lectura).

Las lecturas de este domingo se abren con la desobediencia de Eva, en la que coopera su marido, y se cierran con una alusión a la obediencia de María, la nueva Eva. Jesús aprovecha la embajada de sus parientes para volver a recordar la primacía del cumplimiento del querer de Dios, asegurando que quien hace suyo ese querer entra a formar parte de su propia familia (cf. Ef 2,19). “El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre” La obediencia al querer bueno y sabio de Dios es lo que nos sitúa en el plano de la realidad, de la verdad, de la alegría, lo que libera realmente.

No deberíamos entender el cristianismo como enemigo de todo lo que es alegría y libertad sino como el mejor aliado de ellas. Dios no quiere esclavos sino hijos, no quiere ver al hombre triste sino feliz. Él nos ha creado para el amor, la felicidad, la libertad, pero sabe que tenemos la triste posibilidad de confundir una medicina con un veneno; sabe que la sed de infinito con que todo corazón humano sueña corre el riesgo de ser apagada en una charca y no en la verdadera fuente.

Así, bajo el argumento de la libertad de decisión sobre el propio cuerpo las ideologías que buscan el aborto creen que serán libres quitando la vida y que tienen más libertad cuando deciden sobre otra vida; nada mas confuso y triste que ponerse como arbitro y juez de la vida del niño por nacer.

La obediencia a la voluntad de Dios, a sus mandamientos, no recortan ni anulan nuestra libertad sino que la hacen posible. La libertad no es un absoluto, es poder elegir el Bien entre distintas posibilidades. Por eso lo que importa es elegir bien el Bien, y esto es justamente lo que Dios desea. La libertad absoluta, la libertad de la libertad, como la llaman los filósofos, conduce al capricho unas veces, al nihilismo otras, y a la esclavitud siempre. Esclavitud del yo, del error, del pecado.

Es el amor de Dios el que señala el camino de la verdad y del bien, “Si permanecéis en mi palabra, seréis en verdad discípulos míos, conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Argentina será libre si decide por la Vida creada a imagen y semejanza de Dios y será esclava de su historia si decide por la muerte.

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