Cuando Luis Miguel y su "Lado B" visitaron Tucumán

El cantante mexicano supo deleitar a sus fans de la provincia.

10 Jun 2018

su primer recital en Tucumán tuvo          (al menos) dos coladas
Norma Chabán y Analía Bustamante se colaron al primer recital de Luis Miguel en Tucumán. No hay dudas. “Es muy, muy probable”, dice Norma, y se ríe a carcajadas, festejando la picardía de hace 34 años. Quizás saltaron la tapia baja que daba a la placita trasera del club Estación Experimental, en El Colmenar; o por el portón, que a veces quedaba entreabierto y no había mucha custodia; o tal vez lo hayan hecho por la tapia que daba a la casa de los Paz, vecinos legendarios de la zona. Había varias estrategias y pocos o ningún policía para cuidar los accesos. Diferente a los años 90, cuando en Atlético tuvieron que hacer un túnel con telas blancas para que nadie viera pasar al artista. Pero en el año 84, Luis Miguel, tan niño como Norma y Analía, tocaba en los clubes de barrio.
“Yo me acuerdo que andábamos como locas, había afiches chicos pegados en los postes y nosotros los sacábamos. Conocíamos poco de él, sabíamos que venía ‘de lejos’, y lo tuvimos tan cerca... tan cerca...”, se le iluminan los ojos a Analía.
“Yo me sentía Marcela. Era todo un sueño, verlo, con esos ojos, su piel dorada, el pelo rubio con ese corte redondito... un sueño. ‘Marcela’ era la canción de moda en ese momento y yo sentía que me la cantaba a mí. Bueno... una soñaba”, dice Norma.
Las hermanas, ahora rozando los 50, inflan el pecho. Acá, en este club, dicen y señalan las gradas donde se sentaron en aquel recital con escenario armado en la cancha del club. Por allí pasaron varios artistas, aseguran, con mayor o menor proyección. De lo que no tienen dudas, es que la estrella más grande que brilló ahí fue Luis Miguel.

Supongamos un Justin Bieber, pero latino y con el poder colosal de afiebrar hasta a Mercedes Sosa. Y no es exageración: hay una anécdota tucumana que lo confirma.

Un sol, una estrella dorada brillando sin pausa, pelo lacio de oro, ojos de mar, piel caribe y un sobrenombre: el Sol de México. Nada menos. Así era el pequeñísimo Luis Miguel cuando comienza su carrera y las oleadas discográficas lo traen a estas playas.

Un sueño. Pero ahora nos cuentan que el perfectísimo Luismi, a sus prodigiosos 14 años, ya consumía drogas para soportar la maratón y la caja registradora. El responsable, de lo bueno y de lo malo, era nada menos que su padre, Luis Rey, quien le acercaba las “sustancias” para manejar el cansancio. Esa era la otra cara de la perfección que llegaba a dar sus primeros pasos en un club de barrio de El Colmenar. Cuando Luis Miguel vivía de manera simultánea su lado A y su lado B, ahí lo conoció Norma.

Eso, la relación con su madre desaparecida y presuntamente asesinada -tal vez por algún artificio del padre-, el galope salvaje camino a la fama, las giras interminables de un adolescente que todavía no cambiaba la voz, forman parte de la trama de “Luis Miguel - La serie”, una biografía ficcionada que recuerda una y otra vez que la fama tiene su precio. Y es altísimo.

Altísimo es también el poder de convocatoria que está teniendo esa serie, que no deja de tener una buena dosis de novela. El propio Luis Miguel aprobó la mixtura entre realidad y ficción, pues se trata de una biografía autorizada. Hay quienes dicen que es un manotazo de ahogado para salvar unas cuentas al rojo vivo. El propio cantante lo hace más grandilocuente: “es hora de contar mi verdad”, dice, que no es la verdad que contaron los últimos 35 años las revistas del corazón.

Y como toda buena historia, la del Rey Sol, la del pichón de Julio Iglesias, también tiene un villano: el propio padre, contra quien no se mezquinan desprecios y dedos acusadores. Don Luis, cantante que abandonó su carrera para apuntalar la de Luisito, también estuvo en Tucumán en calidad de manager. Era a principios del año 83, cuando Luis Miguel paseó por la provincia difundiendo su primer disco “1+1=2 enamorados”.

Al año siguiente fue el primer show en Tucumán, ese al que Norma logró colarse. Eran días de dos, tres, cuatro shows por noche para el adolescente que había dejado los estudios para convertirse en un ídolo popular que 10 años después sería comparado con Frank Sinatra.

El día que “Luismi” paseó en un Fiat 600 por Tucumán

La primera vez que Luis Miguel pisó suelo tucumano fue en 1983. Tenía 12 años y no venía a hacer ningún show, sino a presentar su primer disco ante la prensa. Su actuación central sería una presentación en Canal 10. Quien lo fue a recibir al aeropuerto fue el productor Gabriel Fulgado, que por esos años estaba 100% dedicado a los espectáculos de rock. Pero le tocó hacer una gauchada.

“Me llamó un amigo que trabajaba en esa discográfica y me pidió por favor que lo recibiera y acompañara a Canal 10. Yo de Luis Miguel no sabía nada, así que traté de informarme. Justo el día anterior a su llegada a Tucumán había estado con Mirtha Legrand. Era un nene que logró darle vuelta la mesa a Mirtha. Muy despierto y carismático. Sorprendía”, cuenta Fulgado.

En el mismo vuelo llegaban Luis Miguel y Roque Narvaja, que sí era un artista consagrado y que sí venía a tocar a Tucumán. Fulgado se encargaría de transportarlos a los dos hasta el centro. “Yo tenía dos autos: un Renault 12, que manejaba yo y en el que lo llevé a Narvaja. Y un Fiat 600 manejado por alguien de mi equipo; ahí fueron Luis Miguel y su papá, que era el manager. Yo jamás me imaginé que se convertiría en quien fue”, confiesa el productor.

Suspiros varios

Cuando llegaron a Canal 10, salía de la emisora la locutora Silvia Rolandi. “¿Quién es esa nena tan linda?”, le preguntó a Fulgado, quien le respondió que era un nene y que era un nuevo artista mexicano. Rolandi quedó obnubilada, recuerda el productor. Luego pasaron al estudio, donde el niño cantante hizo playback en tres idiomas. Hasta los técnicos suspiraron con la voz de Luis Miguel. “En ese momento, el músico que me había contactado, me dijo que en 10 años, Luis Miguel sería el nuevo Julio Iglesias. ‘Sí, che’, le contesté yo, en tucumano”, cuenta Fulgado.

El primer productor que lo trajo a cantar a Luis Miguel a Tucumán fue Miguel Moyano: Villa Luján, Central Norte, Estación Experimental fueron algunos de esos shows fugaces, con escenario compartido con otros artistas a los trotes. El primer gran show del mexicano fue en Atlético, en el 94.

“Era una locura, el despliegue era un infierno. Viajaban 140 personas para el espectáculo. Fue un antes y un después en Tucumán. Cuando yo estaba en plena organización, me encuentro con Mercedes Sosa, éramos muy amigos. Le comento en qué andaba y rápidamente me dice: ‘¡pero qué lindo chico!’ y yo, sorprendido, le digo: ‘¡pero señora!’. ‘Señora nada. Es una belleza’”, me dijo la Mecha”.

Dos coladas

Norma Chabán y Analía Bustamante se colaron al primer recital de Luis Miguel en Tucumán. No hay dudas. “Es muy, muy probable”, dice Norma, y se ríe a carcajadas, festejando la picardía de hace 34 años. Quizás saltaron la tapia baja que daba a la placita trasera del club Estación Experimental, en El Colmenar; o por el portón, que a veces quedaba entreabierto y no había mucha custodia; o tal vez lo hayan hecho por la tapia que daba a la casa de los Paz, vecinos legendarios de la zona. Había varias estrategias y pocos o ningún policía para cuidar los accesos. Diferente a los años 90, cuando en Atlético tuvieron que hacer un túnel con telas blancas para que nadie viera pasar al artista. Pero en el año 84, Luis Miguel, tan niño como Norma y Analía, tocaba en los clubes de barrio.

“Yo me acuerdo que andábamos como locas, había afiches chicos pegados en los postes y nosotros los sacábamos. Conocíamos poco de él, sabíamos que venía ‘de lejos’, y lo tuvimos tan cerca... tan cerca...”, se le iluminan los ojos a Analía.
“Yo me sentía Marcela. Era todo un sueño, verlo, con esos ojos, su piel dorada, el pelo rubio con ese corte redondito... un sueño. ‘Marcela’ era la canción de moda en ese momento y yo sentía que me la cantaba a mí. Bueno... una soñaba”, dice Norma.
Las hermanas, ahora rozando los 50, inflan el pecho. Acá, en este club, dicen y señalan las gradas donde se sentaron en aquel recital con escenario armado en la cancha del club. Por allí pasaron varios artistas, aseguran, con mayor o menor proyección. De lo que no tienen dudas, es que la estrella más grande que brilló ahí fue Luis Miguel.

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