La manifestante que murió arrollada por un taxi

08 Jun 2018

Intolerancia, vehemencia, pérdida de la cordura, violencia, son expresiones que reflejan de algún modo el difícil momento que está viviendo nuestro país. La llamada grieta que nos acompaña desde hace tiempo, lejos de aplacarse, contribuye a alimentar un estado de enfrentamiento permanente. La protesta, en sus distintas formas, acompaña la realidad cotidiana desde hace varios lustros y en ocasiones su resultado puede ser lamentable o trágico, como ocurrió esta semana, cuando una mujer de 36 años murió atropellada por un taxista, mientras manifestaba en la plaza Independencia.

El lunes al mediodía, integrantes del Frente de Trabajadores del Interior exteriorizaban su protesta en la plaza Independencia. Según los testigos, el chofer del vehículo había mantenido una discusión con un grupo de manifestantes en la intersección de las calles 24 de Septiembre y 25 de Mayo porque no obstruía la circulación de vehículos. El taxista avanzó contra los manifestantes y atropelló a una mujer, que fue trasladada de hospital Padilla, donde sufrió un paro cardiorrespiratorio y falleció.

Una amiga de la víctima dijo que esta no tenía ningún plan. “Pretendía una asistencia para poder mantener a sus hijos. Estaba trabajando en un comedor del barrio Buen Vivir y de ahí se alimentaba a sus hijos. Ella pretendía tener un trabajo digno”, dijo, mientras que otro compañero afirmó: “si salimos a la calle es porque realmente nos falta. A nadie le gusta salir a la calle a correr peligro”.

El jefe de Policía dijo que el Frente no estaba autorizado para cortar el tránsito en esa ochava. “Cuando llegaron a la plaza Independencia, hablaron con el personal designado y le anunciaron que la marcha la realizarían en 25 de Mayo y San Martín, por lo cual se realizó un operativo que incluyó el desvío de vehículos. Cuando el personal se dirigió a vigilar la llegada del plantel de San Martín, ellos intentaron hacer el corte que derivó en esa tragedia. Ese lamentable episodio está siendo investigado por la Justicia y el autor está detenido”, dijo el comisario.

Un dirigente dijo que “lamentablemente los tucumanos no entienden que esta situación se da porque estamos reclamando algo porque hay muchos que no tienen qué comer; estamos muy preocupados por el nivel de intolerancia”.

Las razones de una protesta son comprensibles, pero también es cierto que cortar una calle o una ruta es un delito; quien interrumpe cualquier vía de circulación, está ocasionando un perjuicio a terceros, lejos está de conseguir la solidaridad de la ciudadanía con su lucha, porque la obliga a participar de un conflicto en la cual nada tiene que ver o probablemente no desea intervenir. En el peor de los casos, al manifestante solo le interesa hacer oír su reclamo sin importarle a quiénes afecten sus actos.

Cuando la gente sale a la calle es porque sus representantes, no se dignan a recibirla o han hecho oídos sordos a sus reclamos. Las protestas en la plaza Independencia suceden casi a diario, de manera, que la autoridad debe estar siempre preparada para evitar que se produzcan desbordes con consecuencias trágicas.

Puede entenderse el fastidio que provocan los cortes de calles o rutas, pero llegar al extremo de que alguien pierda la vida, es un despropósito. Ello refleja el estado de crispación que estamos viviendo, así como una incapacidad para ponernos en el lugar del otro. Ningún altercado justifica una muerte.

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