Una Ciudad Jardín cada vez con menos verde

05 Jun 2018 Por LA GACETA

Los argentinos solemos tener cierta predisposición a la nostalgia. Nos gusta resucitar con alguna frecuencia las cosas amables del pasado que han desaparecido o han comenzado a hacerlo. Hace mucho tiempo, la imponente naturaleza de esta tierra provocó la admiración y el deleite de los visitantes hasta el punto de que el mote de “El jardín de la República” nos hizo conocidos fuera de los límites provinciales. No se quedó atrás en ese piropo Yerba Buena, a la que por exuberancia vegetal la bautizaron Ciudad Jardín.

En los últimos lustros, los emprendimientos inmobiliarios y los soldados del cemento y el hormigón comenzaron a eclipsar los espacios verdes. En San Miguel de Tucumán se vienen cercenando desde hace tiempo; por ejemplo de las 400 hectáreas originales del parque 9 de Julio quedan aproximadamente 100. El piedemonte del cerro San Javier se ha poblado de countries y la ciudad, de imponentes centros comerciales.

En nuestra edición de ayer, vecinos de la Ciudad Jardín opinaron sobre lo que necesita esa urbe, “Acá está ocurriendo algo grave: dentro de poco, vamos a tener que pagar para ver el verde. La gente que no tiene dinero quedará excluida de los espacios verdes. Todo se está urbanizando. A todo le están poniendo etiquetas privadas, mientras tanto, Yerba Buena no tiene ni un parque. Y pareciera que nadie va a diseñarlo, porque se crece al ritmo de los capitales privados. Por eso, entre otras razones, no hay veredas; los countries no dejan veredas y los frentistas, cuando las hacen, las hacen como quieren; sin normas. Ni los discapacitados ni los capacitados tienen por dónde andar. Yerba Buena es invivible como ciudad”, afirmó una investigadora del Conicet. Un vecino se refirió a un problema cultural. “Hay gente que ensucia las calles, que tira papeles en las veredas, como si nada. Se debería trabajar en promover una cultura de reciclaje. Creo que a partir de eso, se solucionarían otros problemas. Todo se resuelve con educación”, señaló. Un estudiante de abogacía comentó: “me ha pasado de detenerme con mi silla de ruedas frente al shopping El Solar, en la avenida Aconquija, para cruzar. En vez de cederme el paso, los automovilistas aceleran para pasar primero”.

El intendente yerbabuenense sostiene que en ese municipio, la mayoría de los tucumanos y de las empresas quieren radicarse. “Estamos enfocados en un proceso de desarrollo en la avenida Perón. Nos queda un 40% de tierras libres. Y ese porcentaje se encuentra en manos de dos o tres familias... conversamos con ellos para planificar lo que se hará”, dijo.

En julio de 2010, el secretario de Obras Públicas de esa ciudad dijo que la superficie total ejecutada con veredas alcanzaba apenas el 40%; el resto era de tierra y pasto. Eso significaba que los peatones tenían dos opciones: caminar por el pasto y la tierra o ir por la calle, exponiéndose a ser atropellados. En los días lluviosos, sería interesante que los funcionarios caminaran por allí.

La urbanización sin planificación atenta contra los espacios verdes que representan los pulmones de una ciudad y contribuyen a aumentar la calidad de vida de sus habitantes. La realidad muestra que esa ciudad está perdiendo justamente su identidad que es el verde. Alguien dijo hace un tiempo que si la voracidad inmobiliaria continúa depredando el piedemonte, podía ocurrir en algún momento que una parte cerro se desmoronara con consecuencias impredecibles. Tal vez se sentirá entonces la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser.

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