Por el bulevar de los sueños...

02 Jun 2018
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Noviembre de 2015 nos encontraba enchilados en la populosa Ciudad de México, alojados en un conocido hotel de la centralísima avenida Juárez, ubicada en el centro histórico.

Esta arteria, hacia el este, cambia de nombre y se convierte en peatonal, seis cuadras antes de llegar a El Zócalo, la Plaza de Mayo mexicana. Y hacia el oeste choca con el mundialmente conocido Paseo de la Reforma, donde Juárez vuelve a cambiar de nombre a De la República por un par de cuadras, que llegan hasta el impactante Museo Nacional de la Revolución.

Avenida Juárez es muy transitada, sobre todo los días de semana, en horario comercial, porque se trata de una zona neurálgica de la ciudad, donde se encuentran muchos de los edificios históricos más emblemáticos de una de las metrópolis más pobladas del planeta.

En sus alrededores se combinan ruinas aztecas precolombinas con arquitectura española de la época de oro, que dejó varias de las construcciones consideradas entre las más bellas del mundo, mezcladas con modernos rascacielos de clara influencia norteamericana.

En esa zona se filmó, por ejemplo, parte de “Spectre”, la última película de James Bond, a dos calles del famoso Café Tacuba.

Muy cerca están el Banco de México, el bellísimo Palacio Postal, la sede central de Telmex, la principal oficina hispana de Apple, entre otra decena de multinacionales, monumentos, museos, centros culturales y varios de los restoranes más típicos y exclusivos de la gastronomía mexicana.

De pronto vino la magia

Este es el contexto del lugar donde estábamos situados. Empezaba a salir el sol en la mañana del domingo 22 de noviembre. Los diarios mexicanos informaban que en Argentina había elecciones presidenciales, en una segunda vuelta entre Mauricio Macri y Daniel Scioli.

Con claridad recordamos el diálogo jocoso del desayuno: -”Qué bueno que no estamos ahora en Argentina, así somos un poquito menos responsables del desastre que se viene, gane quien gane”. Con las risas aliviábamos engañosamente nuestro sentimiento de culpa.

Luego salimos a la calle y la sorpresa fue mayúscula. Quedamos atónitos. La bulliciosa avenida Juárez había desaparecido, literalmente. En lugar del enloquecido y ruidoso tránsito había una silenciosa marea humana caminando, trotando, moviéndose en bicicletas, rollers, patines, patinetas, tandems (bicis para dos o más personas), entre otros dispositivos de tracción a sangre.

Cada 30 o 40 metros habían montado gazebos donde ofrecían distintos tipos de servicios, como alquiler de bicis, rollers o tandems, ventas de bebidas, frutas, comidas típicas y cervezas artesanales. En otros había verdaderas bicicleterías, donde se hacían todo tipo de reparaciones, también puestos con clases de gimnasia, yoga, capoeira, zumba o talleres de huertas familiares, gastronomía, entre otros oficios.

La fauna que circulaba por avenida Juárez era tan variada como colorida. Desde grupos de jóvenes reunidos alrededor de una guitarra, actores en zancos, familias enteras en bicicletas o equipos enteros de distintos deportes entrenando.

Década del 80

Averiguamos un poco y descubrimos que se trata de un proyecto denominado “ciclovías recreativas”, idea que se originó a principios de los 80 en la ciudad de Bogotá, al menos en el continente americano.

Consiste en liberar algunas arterias del tránsito motorizado, en general durante los domingos a la mañana, desde las 7 u 8 hasta las 13 o 14, para que la gente pueda recuperar el uso de la vía pública.

Porque no se trata sólo de una “pista de salud”, ya que se combina con bebidas, comidas y espectáculos callejeros, sino de propiciar las condiciones de seguridad para que los vecinos puedan ocupar la calle con tranquilidad.

Se trata de la única manera en que familias enteras, con niños y adolescentes, puedan salir a andar en bicicleta o a pasear, sin miedo al tránsito o a los robos. Porque también es una gran alternativa contra la inseguridad.

El concepto se inició en Bogotá, a principios de los 80, ciudad que hoy cuenta con la ciclovía recreativa más extensa del mundo, de 121 kilómetros, y una asistencia promedio de 1,4 millón de personas por jornada, según la ONG “Ciclovías Recreativas de las Américas”.

En Ciudad de México empezaron en 2007, sobre el Paseo de la Reforma, a lo largo de 10 kilómetros y una afluencia de 7.000 personas cada domingo, durante el primer año. Tres años más tarde el recorrido se amplió a 24 kilómetros y los asistentes se duplicaron, en promedio.

En 2013 sumaron otros 3,5 kilómetros, con lo que totalizaron casi 28 kilómetros sobre Paseo de la Reforma centro y norte, calzada de Guadalupe, calzada de los Misterios, avenida Juárez, calles circundantes al Monumento a la Revolución y al Centro Histórico hasta Plaza Tlaxcoaque.

Durante el séptimo año, en 2014, ampliaron el recorrido a 48 kilómetros, y en 2105 se fue a 55 kilómetros, y la afluencia llegó a 60.000 personas por domingo, algo así como 3,5 millones de personas al año.

Suspiro limeño

Hace unos meses estuvimos en Lima, y descubrimos que la capital peruana también cuenta con una ciclovía recreativa los domingos, desde hace cuatro años. Se extiende a lo largo de seis kilómetros (unas 60 cuadras) por la avenida Arequipa, en la zona del Cercado de Lima, y ya cuenta con una asistencia de 20.000 personas por jornada. Según la Municipalidad de Lima, la asistencia de 7 a 13.30 se distribuye de la siguiente manera: bicicleta (60%), corredores (20%), peatones (10%), patinadores 6%), y otros (4%).

En este paseo también hay todo tipo de servicios y ofertas gastronómicas, artísticas y de entretenimientos para chicos.

En Argentina, la única iniciativa urbana que existe de este tipo, a la que denominan “calle recreativa”, está en la ciudad de Rosario.

Comenzó el domingo 10 de octubre de 2010, ya cuenta con 28 kilómetros de recorrido y una asistencia promedio de 43.000 personas, entre las 8.30 y las 12.30. Según la Municipalidad rosarina el público se distribuye en peatones (50%), ciclistas (34%), patinadores (15%), y otros (1%).

Nos sobran los motivos

La Red de Ciclovías Recreativas de las Américas (Red CRA), que integran gobiernos, municipales y estaduales, y organizaciones civiles que promueven esta iniciativa, aclara que no sólo se trata de liberar espacios los domingos y feriados para la actividad física, sino que se genera “un circuito libre de autos y adaptado para el paseo gratuito y seguro de miles de personas en bicicleta, a pie o en patines”, además de “recuperar la vida de la ciudad, generando espacios para la recreación y donde sea posible y agradable jugar y realizar actividad física, y también llevar a cabo actividades culturales y educativas que fomenten la convivencia y promuevan estilos de vida saludables y sostenibles”.

Al margen de esto, que ya de por sí es muy motivador, las ciclovías recreativas constituyen una importante y nueva alternativa de desarrollo comercial y salida laboral para cientos de personas, como pudimos comprobarlo personalmente en Ciudad de México y en Lima.

Para quienes insisten en que el periodismo sólo critica y da malas noticias, desde aquí hacemos nuestro aporte, positivo y optimista, posible y sencillo de realizar, de muy bajo costo y de enormes y evidentes beneficios para la sociedad.

La Red CRA cuenta con un manual de nueve ítems de “aspectos técnicos para la implementación” de las ciclovías recreativas y el punto número uno de la lista es “voluntad política”. A los otros ocho requisitos Tucumán los tiene.

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