El hincha le regaló un baño de cariño a la Selección, motivada por un ídolo que todo lo puede

30 May 2018 Por Guillermo Monti

La Bombonera es una caja de felices resonancias en pleno otoño porteño. Al público se lo nota feliz, esperanzado con ese Mundial que está a la vuelta de la esquina. El motivo tiene forma y fondo de supercrack y la multitud le canta: “que de la mano, de Leo Messi, todos la vuelta vamos a dar”. Él replica con tres goles, una asistencia, algunas gambetas eléctricas, el nacimiento de una pequeña sociedad con Giovanni Lo Celso y la sonrisa tímida permanente. Nada de ceño fruncido ni de gestos contrariados, esos que presagian crepúsculos futboleros. No, Messi mira a Rusia con ilusión y ese rayo tracciona a todos.

Esa fue una de las lecturas más poderosas que dejó la despedida de anoche. No sería apropiado calificarla de partido, porque para eso se necesita alguna clase de equivalencia y en la cancha no existía. El rival le hizo “sombra” a la Selección; jamás la atacó. Quedó en evidencia en un pasaje del primer tiempo, cuando Mascherano quedó en el piso agarrándose el tobillo. Los haitianos dejaron de correr en el acto, casi tan preocupados como el cuerpo técnico argentino por la situación. Que no fue nada.

Se vio una noche de familias, de chicos con la cara pintada, de celeste y blanco por todos lados. La gente se sacó un 10. Entonó el Himno con Soledad, se divirtió cantando “es para Chile que lo mira por TV” y -gesto para valorar- le brindó su apoyo a Gonzalo Higuaín después de un gol errado. “Pipita” agradeció con el brazo en alto. Para eso sirve esta clase de compromisos.

¿Y el fútbol?

Lo dicho: lo endeble del adversario impide sacar conclusiones de peso. En tal caso, el análisis pasa más por el rendimiento de algunos jugadores. Lo Celso, jugando en la posición aprendida en París Saint Germain, mostró precisión, inteligencia, el pase justo entre líneas para conectarse con Messi y capacidad para pisar el área. A él le cometieron el penal que abrió el marcador (tremenda patada) y fue él quien cabeceó a quemarropa en la acción previa al tercer gol de Messi. Fue muy bueno además el primer tiempo de Tagliafico, listo para formar un atractivo tándem con Di María... O con quien le toque jugar por la izquierda.

Ni Caballero, ni Otamendi, ni Fazio -tampoco Rojo, ingresado en el complemento- tienen la culpa de que Haití haya renunciado al ataque. La defensa perdió la oportunidad de aceitar movimientos en los instantes determinantes, esos marcados por la urgencia de un rival que se viene al humo. Tal vez Israel exija un poco más a la Selección. Tal vez. A Salvio y a Di María les faltó terminar mejor las jugadas y Agüero pudo marcar el gol que a Higuaín se le negó tres veces. Y atención: Pavón -ovacionado- dijo presente con una asistencia que llevó su sello.

¿Seguimos siendo messidependientes? Sin dudas; puede que con el paso de las prácticas la tendencia se revierta. Ojalá. Las cartas están sobre la mesa.

No se esperaba que Messi jugara los 90 minutos, pero se sabe que al capitán no le gusta salir. Dybala sigue necesitando un partido que lo afiance con la celeste y blanca.

Ingresó en el segundo tiempo. Resolvió muy bien para el 4 a 0 y -lo mejor- construyó una pared en velocidad con Messi que pudo haber sido un golazo.

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