El círculo vicioso de alzas y caídas de reservas

12 May 2018

Jamie McGeever - Columnista de Reuters

LONDRES-. Con la escalada del dólar y los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos, la última tormenta que azotó a los mercados emergentes conlleva el riesgo de hundirlos en un ciclo vicioso de depreciación cambiaria, costos de endeudamiento más altos y presiones sobre sus reservas internacionales.

La secuencia es más o menos así: el aumento del costo de refinanciamiento de la deuda en dólares castiga a las monedas emergentes, desatando salidas de capitales y llevando a la intervención de los bancos centrales, que venden bonos del Tesoro estadounidense, elevando sus rendimientos y al dólar.

Existe una relación inversa entre el dólar y las reservas internacionales globales, de las cuales una gran parte están acumuladas en títulos del Tesoro de Estados Unidos.

La caída del dólar generalmente se asocia con condiciones financieras globales más flexibles, mayores flujos de capital transfronterizos, un crecimiento fuerte y mayores superávit comerciales en los mercados emergentes. Esos saldos positivos se usan para acumular reservas.

Pero la subida del dólar tiene el efecto contrario, y el ritmo de acumulación de reservas se desacelera o incluso se revierte.

En algunos puntos álgidos de los mercados emergentes, ese ciclo podría estar en camino. Entre el 1 de marzo y el 27 de abril, Argentina vendió reservas por 8.000 millones de dólares para frenar el desplome del peso, casi un 15% de sus reservas internacionales totales.

Desde el 27 de abril, el peso se hundió a mínimos históricos, el Banco Central elevó las tasas de interés al 40% y el presidente Mauricio Macri confirmó que Argentina busca un acuerdo financiero con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Argentina podría ser un caso extremo, pero ningún país emergente puede darse el lujo de ser autocomplaciente. De acuerdo con el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés), este año vencen bonos de mercados emergentes por más de 900.000 millones de dólares.

Las reservas de Indonesia cayeron en 7.100 millones de dólares a 124.900 millones entre febrero y abril, mientras el banco central trataba de respaldar a la rupia. Pero la moneda igualmente perdió 5% de su valor en esos tres meses. Las reservas de Turquía bajaron casi 3.000 millones de dólares desde febrero.

Las sumas involucradas en esos países son pequeñas contra unas reservas internacionales globales de más de 11 billones de dólares, y el IIF prevé que los bancos centrales de los mercados emergentes acumulen reservas por más de 220.000 millones de dólares este año. Pero eso sería menos que en 2017 y probablemente será menos aún en caso de que sigan subiendo el dólar y los rendimientos de los bonos del Tesoro.

Uso reticente de reservas

Las reservas globales se ubicaban en 11,42 billones de dólares a fines del año pasado, de acuerdo con el FMI, principalmente en manos de naciones emergentes. Hace una década se ubicaban en 6,7 billones de dólares, y en el inicio del milenio, en 1,78 billones.

Pero ese crecimiento no fue ininterrumpido. A inicios de 2014 estaban cerca de 12 billones de dólares, justo antes de que el dólar se embarcara en un repunte de 30% a lo largo de dos años. China, el país con la mayor cantidad de reservas en el mundo, con más de 3 billones de dólares, sufrió una caída de 1 billón.

Luego de registrar su mayor baja anual el año pasado desde el 2003, el dólar se está recuperando. Ha ganado casi 5% desde mediados de abril, y el retorno del bono del Tesoro a 10 años se ubica arriba del 3%.

Generalmente se supone que los países, principalmente los mercados emergentes, acumulan reservas internacionales en años de tiempos económicos y financieros relativamente buenos para superar los períodos malos. Pero de acuerdo con el IIF, los bancos centrales de mercados emergentes solo usan sus reservas de forma reticente.

La reticencia de los mercados emergentes a usar sus reservas podría ser puesta a prueba. Como lo describe el IIF, la fortaleza del dólar y la subida de los rendimientos estadounidenses plantean un “cambio de paradigma” para los inversores.

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