Una de las grandes virtudes de Boca fue recuperarse de los malos momentos en el torneo

11 May 2018

Walter Vargas - Télam

Aun cuando fueran acertadas todas las objeciones que podrían formularse a los brillos relativos del Boca bicampeón, que ni tirios ni troyanos deberían desconocer: el valor de sobrellevar unos cuantos momentos de marea baja.

Momentos, vicisitudes, tormentas, brumas, interrogantes antipáticos o franca declinación, que recorrieron el mundo Boca desde la novena fecha, cuando se interrumpió la racha de ocho triunfos consecutivos, hasta el miércoles mismo, cuando Gimnasia empató faltando diez minutos.

Desde ahí o incluso desde antes, cuando se lesionó Fernando Gago y terminó el gran tándem que hacía con Wilmar Barrios. Con ellos, Boca tenía de todo: medio campo, cohesión, control del juego, variantes, profundidad y goles.

Tan bien estaba Boca, entonces, que podía y sabía disimular los flacos, sean de Guillermo Barros Schelotto, de las transiciones defensivas o de su impronta.

Por cierto: las lesiones, las de mella más prolongada y las transitorias cifraron en buena parte el tono general de Boca.

Por ejemplo: Walter Bou hizo un par de goles providenciales y Ramón Ábila tuvo un final de campeonato a toda orquesta, pero ni uno ni otro disimularon la fecunda jerarquía de Darío Benedetto.

El escándalo de un par de jugadores acusados de acoso sexual y el nuevo ciclo de un Carlos Tevez en clave de sombra de su sombra y en acelerado tránsito por el pasillo donde tarde o temprano todo futbolista dejará sus botines.

Además: las intermitencias del levantisco Pablo Pérez, la caída de Edwin Cardona, la opaca prestación de un zaguero, Paolo Goltz, que había llegado para solucionar todos los problemas y se convirtió en unos más y la mutación de Agustín Rossi, que de arquero terrenal, no gana partidos pero tampoco del Club del Blooper, pasó a ser un pelotazo en contra.

Mientras todo eso pasó sobrevino el runrún mediático de la supuesta conspiración de Boca encabezada por el mismísimo presidente de la Nación y en el medio perdió la final de la Supercopa Argentina, luego se metió en una Libertadores de la que de momento está colgado de un pincel y como éramos pocos y a la abuelita le ha crecido el abdomen, resultó que Godoy Cruz clavó una fabulosa serie de triunfos que estuvo cerca de arruinar el sismógrafo.

Pues en ese contexto, un contexto poblado de sobresaltos en su mayoría incalculables, Boca se vio forzado a salir a la palestra, dar un golpe sobre la mesa y hacer notar su valía. ¿Será un consuelo menor? ¿Será insuficiente para entrar a una página dorada?

Puede ser: de hecho, abundan los hinchas de Boca que se debaten entre celebrar o contentarse con beber un par de sorbos del cóctel del alivio y la satisfacción.

Mientras se busca la etiqueta adecuada para el Boca campeón de la Superliga, no descartemos la metáfora de Friedrich Nietzsche: a Boca, como hubiera observado el célebre filósofo alemán, lo que no lo mató, lo fortaleció.

Guillermo seguirá siendo el técnico, pase lo que pase

BUENOS AIRES.- El presidente de Boca, Daniel Angelici, no solo ratificó a Guillermo Barros Schelotto sino que pidió que siga por mucho tiempo. “Es el entrenador que siempre quisimos tener. Me llevo bien. A veces discutimos, pero con respeto. Es un gran profesional y una excelente persona. Ojalá tengamos Guillermo por muchos años más”, sostuvo Angelici. “Me voy juntar con él para ver qué jugadores debemos sumar”, agregó.

¿Nada de echar al DT si el equipo no clasifica a octavos de la Libertadores, entonces? “Buscaremos estos refuerzos más allá de que clasifiquemos o no. Vamos por el tricampeonato”, prometió.

Sobre el partido de mañana ante Huracán en el que podría jugar Fernando Gago, le respondió a Ariel Holan que puso en duda que Boca le salga a ganar a Huracán, perjudicando al “Rojo” en la lucha por entrar a la próxima Libertadores. “Sus declaraciones no suman”, dijo Angelici. (Télam-Especial)

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