Pablo Dacal considera que “un trovador es un traficante de información y de cultura”

El músico regresa al NOA en formato solista para llevar sus canciones de pueblo en pueblo. Una etapa creativa introspectiva.

09 May 2018
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VIAJE DE ENCUENTROS. Pablo Dacal pretende descubrir de sus colegas los sonidos de cada lugar que visita.

DE PASO POR TUCUMÁN

• Mañana a las 22, en El Árbol de Galeano (Virgen de La Merced 435).

“Me siento un trovador contemporáneo, de mi época. Es un concepto que remite a la idea de los cantautores de los 60 o a los juglares que recorrían las plazas cantando las historias de pueblo en pueblo. Un trovador es un traficante de información y de elementos culturales, que lleva la música de las fiestas populares a la corte, para contar lo que ve de una forma propia. Es una función social a cumplir”.

De ese modo se define Pablo Dacal, el músico porteño que está de recorrido por la región y se presentará en soledad mañana en El Árbol de Galeano. Como invitados estarán Pupy Nagle y Jorge Stojan.

“Como los viejos trovadores, cargo en mi morral las historias que encuentro en el camino. Es una forma de trabajar que no responde necesariamente a una corriente estética determinada ni a ciertos ritmos”, agrega en diálogo con LA GACETA.

- Pasaste por distintos estilos y formatos. ¿En qué etapa musical estás?

- Atravesar distintos lenguajes, corrientes y estéticas es parte de la búsqueda. Estoy en una etapa nueva, concretando un balance de lo hecho hasta ahora. En 2016 lancé un libro con todas las letras de mis canciones, junto con mi último disco, “Una década cantada”. Eso le dio perspectiva en mi mirada y es la primera vez en todos estos años en que no estoy apurando el motor, sino que trato de descifrar cuáles son los sonidos y las palabras que necesito compartir en este complejo y atribulado momento.

- ¿Cómo se traduce eso en lo creativo?

- En un tiempo introspectivo, trabajando en casa, dándole forma a un nuevo disco que todavía no tiene nombre... Viene bastante extraño, raro, pero en algún momento le encontraré la forma.

- ¿Esa búsqueda es la que te lleva de gira?

- Estoy recorriendo mucho el país desde hace tres años, que no es sólo trabajo dichoso sino una instancia de encuentro con otros artistas y de aprendizaje muy intenso. Sólo conocía las ciudades más grandes, no más allá de ellas, y me topo con un territorio muy amplio, caro y difícil. En mis comienzos, giré por los costados del continente americano y por Europa muchos años, y ahora es que me meto en el interior argentino, desde que decidí tomar el toro por las astas y armas yo mis recorridos. Esta vez me traen nuevamente a Tucumán, por tercer año, y de acá a Salta, Jujuy y Tilcara. Espero que el año próximo pueda ir más allá dentro de la Puna y pasar a Bolivia.

- Llegás como solista en tu tour Rumbo Norte...

- Me parece particularmente interesante viajar con una guitarra, un cuaderno y unos discos, y abrirte a compartir y a hacer cruces con músicos amigos de cada ciudad. Cada show es un descubrimiento que me permite sentir los sonidos de cada lugar, sin desembarcar directamente con un show armado donde muestro lo que hago.

- ¿Tus letras juegan con la ironía por momentos?

- No puntualmente, tengo una posición escéptica y de sospecha respecto a la ironía como recurso. La he combatido cuando sentí que el posmodernismo arrasaba todo con sus miradas irónicas y descreídas. Pero como variable del humor, como recurso que viene de los sentimientos seguramente está presente en mis canciones, porque trato de pensarlas a partir de muchos enfoques distintos. Me permite hablar de ciertas cosas que de otro modo sería complicado.


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