Tucumán, esa niebla que envuelve como un tentáculo

06 May 2018

Por Soledad Martínez Zuccardi - Para LA GACETA - Tucumán

Un lazo visceral e inevitable –hecho de olores, contradicciones, rencores– parece unir a Elvira Orphée con la provincia que abandona a los 16 años. “El día que me fui de Tucumán fue el más feliz de mi vida”, “Sabía que me había ido de Tucumán para siempre”, “En Tucumán no hubiera escrito ni una letra”, son algunas de las frases con las que, décadas después y en diversas entrevistas, la autora evoca esa partida. Agrega: “Me hicieron falta los olores, los azahares de septiembre. Pero me quedé encantada de haberme ido porque era tan poco lo que te daba la gente. No era nada”.

Pero hay algo de la provincia que provoca, al mismo tiempo, fascinación. Dice también que Tucumán es su infancia y “cada infancia tiene su niebla”, que “envuelve tan fuerte como un tentáculo”: “Mi niebla está hecha de jazmines, de limoneros, de baldíos con basura, de luna, de hechos torpes e incomprensibles”. En otra ocasión declara que la infancia transcurrida en la provincia la condicionó: “Viví en un ambiente cargado de misterio (…). Cada casa tiene su loco, su enfermo”, eso que no hay que mostrar. Le atrae esa “gente de provincias que parece aburrida, normal y metódica pero que esconde la demencia”. La provincia como el “telón de fondo para ocular lo terrible, esa torpe vida”. Ve además en Tucumán una poesía que no tiene Buenos Aires, ciudad de calles sin azahares: “eso me parecía un pecado mortal. Todo era gris. No es que Tucumán tuviera algo menos que gris, no era eso. Era otra cosa: era una poesía que no le veía a esta ciudad”.

Esa niebla, esa demencia, eso terrible que se oculta, en fin, esa poesía, atraviesan la obra de Orphée. Están en Dos veranos, su primer libro, en los cuentos de Las viejas fantasiosas, en el relato En el fondo y, en especial, en Aire tan dulce, el libro que declara preferir y probablemente su mejor novela, donde Tucumán es la “ciudad de belleza mentida”, en la que cada casa “tiene su misterio, como si en cada una alguien hubiera sido asesinado y su asesino siguiera allí, loco de miedo y de irrealidad, pero con la cara compuesta para los vecinos”. Una novela de intensa poesía, donde las palabras logran resplandecer.

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Soledad Martínez Zuccardi - Doctora en Letras, profesora de Literatura argentina de la UNT.

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