“El diseño nos conecta con los valores esenciales de la vida”

La periodista Luján Cambariere presenta en Tucumán su libro “El alma de los objetos”. Es su mirada sobre el diseño con un enfoque antropológico

02 May 2018
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VISITA. Imagen del taller “Estampas con alma tucumana” que dictó Luján Cambariere en Tucumán, en 2015. la gaceta / foto de Diego Aráoz

“...Lo primero que hice fue smergirme en los valores esenciales de la vida. El diseño se conecta y nos conecta con ellos. Nos da el puntapié para materializarlos y cargarlos de significado. Comenzando por el principal: el amor y los vínculos. ¿Quién no recuerda a un ser querido por la suma de esas partes tan especiales que terminamos amando: un par de anteojos, una pluma, un saco heredado? O esos objetos o prendas que nos acompañaron en momentos claves: la adolescencia, un viaje, un embarazo...”

Decir que el diseño nos atraviesa y que generalmente no se tiene conciencia de todos sus alcances parece algo reiterativo, pero Luján Cambariere, periodista especializada en diseño y temáticas sociales, sostiene que vale la pena reiterarlo, ya que pocos lo relacionan con algo que esté más allá de los muebles o de la ropa: nos conecta con otras personas e involucra a casi todas las profesiones e industrias, nos impregna en nuestra vida cotidiana. Entonces la respuesta a ¿por qué debería importarnos el diseño? parece ser clara, y se haría más obvia si se supiera cual es la función básica del diseñador: solucionar problemas. “Y este mundo está repleto de ellos”, dice la periodista en su libro “El alma de los objetos. Una mirada antropológica del diseño”, que presentará mañana a las 20 en el Centro Cultural Rougés (Laprida 31).

El maná de los objetos, esa energía propia que los convierte en nuestros talismanes; el ADN del diseño en el sur, que tiene la imaginación como herramienta, la reutilización de materias primas y el consumo consciente son otras de las temáticas que analiza en su obra, presentada el año pasado en la Feria del Libro.

No es la primera vez que viene a la provincia. Su apellido resuena entre los diseñadores locales, porque ha estado a cargo de talleres como el de diseño experimental con descartes “Satorilab” (julio de 2012) o “Estampas con alma tucumana” (junio de 2015). Con ellos recorrió todo el país. Esta vez, llega invitada por Silvina Fénik, directora del EPAM y ex directora del Virla, para bindar también un taller de cianotipia aplicada a la randa.

- ¿Cómo se gestó tu libro?

- Todo surge porque desde hace 18 años edito el suplemento M² de Página/12. Había trabajado como periodista en lo social y también en decoración. Entonces, cuando me proponen trabajar ahí hice una contrapropuesta de escribir sobre diseño, una disciplina enormemente más amplia. A la vez, tuve un micro solidario en radio Continental. Nadie entendía qué hacia hablando de problemáticas sociales como desnutrición en radio y luego sobre diseño en Página/12. Así empecé a investigar el aspecto social del diseño. Y mi libro tiene que ver con eso. Siempre encontré más respuestas para esta disciplina que amo desde la antropología que desde los propios autores de diseño, que son pocos.

- ¿Por qué pasó eso?

- Porque mi relación con el diseño tuvo que ver con amar ciertos objetos que para mí tienen una energía especial. Esa fue mi primera relación, algo mucho más intuitivo. Entonces, investigué el diseño más de 18 años. En la antropología es muy concreto lo de la energía de ciertos objetos: cómo están hechos, de dónde vienen, cómo son sus materiales, y eso fue lo que me apasionó.

- ¿Por qué tanta pasión ahí?

- El diseño no es algo frívolo, está en el día a día, desde cuando te vestís, lo que usás en tu casa, las herramientas que utilizás. Lo que más me interesa es que el diseño y el trabajo con los materiales, lo artesanal, reencanta nuestro cotidiano, nos hace vivir más felices, nos soluciona problemas. El libro resume una búsqueda de todos estos años, que me hizo investigar y conocer un montón. Y no cuenta casos de diseño, sino mi mirada sobre el diseño, que tiene que ver con estos cruces con la antropología, el hecho de por qué amamos los objetos, los mitos y los ritos en relación con la creación, el juego y la experimentación a la hora de crear.

- Hay un capítulo que se centra en la importancia de mantener el binomio artesanía/diseño. ¿Conocés o estudiaste el de la randa y los diseñadores tucumanos?

- Después de la energía y el maná que tienen los objetos, investigué mucho sobre la pregunta de cuál era el ADN del diseño latinoamericano y argentino. Creo que el nuevo paradigma es ese binomio. Indagué en esas experiencias, para saber cómo se hacían, qué rol tienen el artesano y el diseñador, cuáles eran ejemplos fructíferos. En este contexto, por supuesto que conozco la randa y esa experiencia; he escrito varios artículos sobre ello. También hay muchos ejemplos que admiro y que he trabajado bastante, como con los artesanos de Brasil.

- ¿Estás trabajando ahora en algún proyecto relacionado con diseño y artesanía?

- Sí. Estoy en la curaduría de un proyecto artesanal argentino, que depende de la vicepresidencia, donde justamente lo que se rescata son saberes y técnicas de comunidades de artesanos desde la mirada del diseño. Se busca formar una marca país a través de la artesanía para la generación de empleo, para que amparados en esa marca no tengan intermediarios y vendan de la mejor manera sus productos. Yo selecciono, aporto lo que sé, y haremos un catálogo. Se llama Contar Argentina y está gestándose todavía.

- Hablás sobre el ADN de nuestro diseño. ¿Cuáles son los principales atributos?

- Siempre reconozco el mínimo recurso que es el máximo: la creatividad, la imaginación. Somos terriblemente recursivos, nos arreglamos con lo que tenemos, que generalmente es poco, y hacemos maravillas. Eso es lo primero. Después, lo que yo llamo el “ecosofío”. Basta de decir ecología, que es un término muy paternalista. Hay que mirar la naturaleza y entender que somos parte de ella, cuidarla y trabajarla desde ahí. Y el comercio justo, que los pueblos originarios son súper sabios en eso.

- ¿Cuándo se empezó realmente -como vos decís- a ver el sur como nuestro norte?

- Una respuesta rápida y obvia sería decir que con la crisis de 2001. Sin dar nombres, venía una muestra de Milán, pero al final no se pudo recibir ninguna de las importaciones. Entonces, la directora se puso a ver qué posibilidades tenía en lo local. Así mucha gente lo hizo un poco por convicción y otros por necesidad. Pero desde siempre hubo gente que trabajó con lo propio. Había ya muchos ejemplos que se relacionaban con la artesanía o con materiales propios. De hecho el BKF es un vivo ejemplo del trabajo local y exponencialmente interesante en el mundo. Donde vayas hay un BKF y ni se sabe que es argentino. Lo común era ver a los popes norteamericanos o italianos, referentes de afuera, y denostar lo propio. En 2001 fue el boom del diseño de autor, que hoy está más ecualizado.

- Si tuvieras que elegir objetos argentinos con alma, ¿cuáles serían?

- Es algo tan personal... A míme encanta descubrir la energía de ciertos objetos y tiene que ver con las relaciones personales que uno guarda con ellos. Te podría nombrar artesanías como una máscara chané o una pulsera que me regaló una mamá postiza, una diseñadora que en un momento difícil de mi vida me la dio para que me protegiera y me acompañara. La uso de vez en cuando, como talismán... La energía es para cada cual.

- ¿Las tendencias siguen siendo enemigas del diseño?

- En el libro hablo de que me interesa la esencia y no la tendencia. No creo que sean enemigas, sólo no hay que tenerlas en cuenta. Cuando investigo el mito y el rito y el volver al origen de las cosas a través de los rituales tiene que ver con eso: que los diseñadores trabajen desde lo esencial, desde sus propios rituales para el acto creativo y no si se usa tal o cuál cosa. Sobre todo cuando estás viendo que la tendencia ya pasó. Es una carrera que no tiene sentido seguir. Si uno trabaja desde lo esencial de su ser, desde su lugar de pertenencia, siempre hará algo interesante y no caduco.

- Entonces, ¿cuál es el futuro del diseño?

- Es una disciplina amplísima, por lo que es una pregunta difícil de responder. Me interesa el diseño más humano que atiende las necesidades de las personas. Yo entiendo que el futuro está en el diseño que se dedique a la medicina, a las migraciones, a las catástrofes, que dé respuesta a cosas que se necesitan y no a las frivolidades

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