Cortados por la misma tijera

30 Abr 2018 Por Fernando Stanich

Las diferencias que podrían existir entre oficialistas y opositores fueron casi imperceptibles esta semana. Los mismos modos, las mismas estrategias e idénticas debilidades quedaron expuestas en los últimos días. Macristas, radicales y peronistas, ligados a la Casa de Gobierno o a la Casa Rosada, demostraron que resulta cada vez más difícil en Tucumán practicar el juego de las diferencias.

En Cambiemos venían mofándose de sus rivales por el estallido de histeria que había provocado en el oficialismo el cumpleaños excluyente del senador José Alperovich (hoy de descanso en Miami), pero terminaron exponiendo un nuevo papelón con el debate por la reforma política. Después del primer alzamiento de los legisladores, los macristas locales acordaron consensuar un proyecto único con los cambios electorales y presentarlo en público. Apurados vaya uno a saber por qué, hicieron una suerte de presentación en un hotel con los temas que nadie discute, pero obviaron plantear el asunto que sí los divide: cómo elegir los candidatos del espacio.

Después de la presentación “protocolar” del lunes, habían acordado mantener otra reunión el viernes para avanzar en los temas pendientes. Pero los “popes” del espacio no se atrevieron a afrontar la discusión más sensible. En el medio quedó la sensación de que la discusión entre Germán Alfaro y José Cano del martes derivó en esa suspensión, que enojó a más de un referente (el diputado Facundo Garretón no ocultó su malestar en las charlas).

Las versiones difieren en cuanto a la intensidad de los reproches entre el intendente y el diputado radical, pero coinciden en que la pretensión de que haya internas abiertas para resolver las postulaciones de todos los cargos fue el detonante de las quejas del peronista. Desde hace varios meses se gesta una suerte de alianza política subterránea entre Domingo Amaya y Silvia Elías de Pérez. Las similitudes de intereses permitieron que legisladores del funcionario nacional y de la senadora trabajen en conjunto en varios asuntos; entre ellos, la reforma política.

Al alfarismo, además, no escapa que la radical quedó “enojada” desde 2015, porque aspiraba a ser la postulante a la Municipalidad por el ya extinto Acuerdo para el Bicentenario, y sospechan que volverá a la carga por ese lugar. Del otro lado, Amaya -con más tiempo libre luego de que le quitaran la Secretaría de Vivienda de la Nación- camina todos los fines de semana barrios de la capital y del interior junto a Christian Rodríguez y Silvio Bellomío. Hace una semana, además, inauguró una plaza en la comuna de Villa Belgrano junto al vicepresidente primero de la Legislatura, el oficialista Juan Antonio Ruiz Olivares.

No sólo el debate sobre si debe haber PASO o no mantiene alterado al intendente, porque en definitiva se trata de una puja estéril (difícilmente el oficialismo legislativo habilite internas abiertas en 2019). En realidad, Alfaro quedó expuesto tras su pelea con los concejales opositores por la aplicación del Boleto Universitario Gratuito.

Con razón o no, debió explicar el incómodo veto a una de sus propuestas de campaña, luego de haber hecho una presentación junto a quien seguramente será el nuevo rector de la UNT, José García. Visiblemente enojado, en lugar de transmitir serenidad el Intendente rebajó aún más el debate político: se enfrascó en el golpe por golpe y desafió a los ediles con exámenes para ver si consumen drogas o no. Por lo bajo, la situación en el Concejo Deliberante es de extrema tensión: a los insultos mediáticos de Rodolfo “Johnny” Ávila (amigo de Alfaro) a Ricardo Bussi le siguieron bravuconadas y empujones en una reunión de la comisión de Salud, el viernes.

La situación se calmó porque fueron separados por el radical “Lucho” Argañaraz. Lo curioso es que Ávila había asistido a la reunión de una comisión de la que no es miembro. Hasta referentes de Cambiemos creen que fue una provocación innecesaria. Con estos gestos, hallar las diferencias puede resultar cada vez más difícil.

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