Las vivencias de un tucumano en el sur

30 Abr 2018

Manuel Riva - LA GACETA

La escuela en San Julián es el exponente de su ambiente social. Hay cinco. Esto sólo dice mucho de la faz intrínseca de este pueblo. La barbarie ya no es peligro. Las estadísticas registran un porcentaje mínimo de analfabetismo en los territorios del Sud, lo que no ocurre en algunas provincias. Por razón de clima, el año escolar comienza el primero de septiembre y termina el 31 de mayo. De esta manera comenzaba la crónica que nuestro diario publicaba en los primeros días de mayo de 1933, del ex senador radical tucumano Alberto Aybar Augier sobre sus vivencias en los territorios australes cuando fue confinado junto con otros líderes partidarios a Puerto San Julián, en la provincia de Santa Cruz, por las autoridades surgidas del golpe militar del 6 de septiembre de 1930 que derrocó al presidente Hipólito Yrigoyen.

El dirigente radical seguía su relato sobre San Julián de la siguiente manera: la vida es cara. La escasez de riego artificial, por una parte, y los gravosos fletes marítimos, por otra, encarecen la mayoría de los artículos de primera necesidad. Sin embargo, no se ve todavía el espectro de hambre, como en provincias y en la capital federal. Haciéndose eco de los pedidos de la población, decía que consideraba necesario el retorno de la aduana libre. Su presencia en el lugar, obligada por las circunstancias políticas, le hizo entender la necesidad de esa medida. Y agregaba: asumiría, así gran incremento el comercio marítimo. La actual percepción de la renta aduanera en la Patagonia, apenas si alcanza para cubrir su presupuesto. Por otra parte, el régimen aduanero tienta al contrabando por mar y por tierra. Los patagones tiene bien ganado el derecho al comercio libre porque los progresos efectivos de estos territorios se deben exclusivamente a su acción inteligente y heroica. También alentaba la idea de la exploración petrolífera por parte del Estado ya que el capital privado difícilmente lo hará.

Por otro lado hacía un análisis político sobre la realidad de los territorios. Cabe aclarar que en las primeras décadas del siglo XX la Patagonia estaba dividida en Territorios Nacionales que no tenían el mismo status que las provincias. Y decía: estando aquí recién puedo estimar todo el significado del despojo de la ciudadanía política que comete nuestra legislación orgánica. Como se sabe el ciudadano argentino de los territorios no puede participar en la organización del gobierno de la nación. Estos pueblos sufren la inquietud de las democracias vírgenes. Quieren votar, quieren sentir la responsabilidad de gobernarse y ya que soportan todas las obligaciones, reclaman los derechos correlativos. Son quinientos mil ciudadanos que están al margen de la democracia activa. Tras esta expresión sobre la participación política del pueblo austral pasaba a describir sus sentimientos y el de los correligionarios que habían sido desterrados a esos indómitos territorios. Junto con Aybar Augier llegaron a San Julián, el 26 de enero de 1933, Honorio Pueyrredón, José Tamborini, Carlos Noel, Manuel Ruiz Moreno y Miguel Tanco. Sentimos en ella la influencia del espíritu antiguo. Pueyrredón se ha vuelto místico. Su palabra es apocalíptica. Admira a Gandhi, Noel -de entre nosotros- es el único que ríe. Pero su carcajada es hábito de diplomacia, no siendo difícil sorprender en él momentos de melancolía. Tamborini es el meditativo. No cansa de lamentarse de no haber conocido antes la Patagonia, cuya historia despierta su curiosidad. Ruiz Moreno conversa parcamente y camina sin cesar. Da la impresión de un gran control. Conserva la pose de juez de antaño. Tanco es un personaje autóctono. Pálido y de andar serrano, su sagacidad contrasta con su temperamento huraño. Agrega: nuestra vida transcurre tediosa y triste. Los días nos parecen años. La incertidumbre nos puñalea aún más de noche como si en la soledad se agolparan todos los dolores. Es una neurosis del vacío…

Detengamos un poco la crónica para decir que Aybar Augier tras el golpe de 1930 comenzó a conspirar para el retorno de la democracia y de Yrigoyen a su cargo. El 27 de agosto de 1931, se descubrió una conspiración radical en Tucumán. Según el Ministerio del Interior, sus cabecillas habían tratado de complicar a “algunos elementos militares”, quienes los denunciaron. El jefe del movimiento era el ex senador nacional Aybar Augier, que fue detenido. Hubo un remezón el 31 de agosto, cuando otro dirigente radical, el doctor José Lozano Muñoz, trató sin éxito de sublevar la Policía y el Cuerpo de Bomberos, y terminó arrestado, junto con otros implicados. Tanto Aybar Augier como Lozano Muñoz fueron puestos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, y enviados a Buenos Aires. Pero, en la estación de Rosario, el ex senador logró burlar la vigilancia de sus captores y se escapó. “Dos años más tarde, en enero de 1933, el gobierno nacional (ya a cargo del general Agustín P. Justo, tras las elecciones que la UCR execró por fraudulentas), hizo otra redada de supuestos conspiradores radicales. Detuvo a los ex presidentes Yrigoyen y Marcelo T. de Alvear y los envió a la isla Martín García. También, arrestó a Honorio Pueyrredón, José P. Tamborini, Carlos Noel, Manuel Ruiz Moreno, Miguel Tanco y Alberto Aybar Augier, y dispuso confinarlos en la remota localidad de Puerto San Julián, en Santa Cruz. “Se los trasladó en barco, y permanecieron allí desde el 26 de enero hasta el 4 de mayo de 1933”, relata Carlos Páez de la Torre (h).

De todos los confinados en Puerto San Julián el más activo fue Aybar Augier quien con sus relatos, que enviaba a varios diarios del país, mantuvo la atención pública en ellos durante el tiempo que estuvieron alojados en la localidad, afirma Horacio Lafuente en el artículo “Los confinados radicales en San Julián” que apareció en la revista “Todo es historia”.

El político tucumano destacaba en la nota de nuestro diario: tiene San Julián el edificio correspondiente para un hospital, costeado todo por suscripción del vecindario, desde hace seis años. No está habilitado al servicio público. La enorme distancia hasta el centro judicial, que está en Río Gallegos a noventa leguas, es uno de los problemas regionales que el riel resolvería además de la expansión social y económica.

La zona tenía y tiene una larga historia. Cabe recordar que allí llegó, el 31 de marzo de 1520, Fernando de Magallanes, en parte de su recorrido de circunvalación a la Tierra, que él no terminó porque murió en Filipinas. El 1 de abril de ese año se realizó la primera misa en el territorio nacional. El nombre Puerto San Julián ya aparece en los mapas que confeccionó el italiano Antonio Pigafetta. Los europeos pasaron el invierno, y el capitán ordenó la ejecución de los sublevados. Poco después el marino portugués descubrió el estrecho que lleva su nombre y que le permitió llegar hasta el Pacífico. Casi 60 años después, en 1578, el corsario inglés Francis Drake también usó el lugar como fondeadero para pasar el invierno. El primer asentamiento en la zona fue realizado por los españoles hacia 1780, y se denominó Colonia Florida Blanca. La leyenda dice que estando en el lugar Charles Darwin, en 1834, descubrió un fósil que afianzó sus ideas evolucionistas. El barco en que viajaba, el Beagle, tuvo que ser reparado en el lugar. La ciudad, que actualmente tiene 7.900 habitantes, fue fundada el 17 de noviembre de 1901 bajó la presidencia del tucumano Julio Argentino Roca.

Aybar Augier también dedicó palabras al naturalista inglés: se apeó en San Julián en una de sus correrías científicas. Esto es motivo de orgullo para nosotros los desterrados hijos de Eva. El célebre sabio andaba en busca de fósiles para apuntalar su atrevida teoría de la descendencia del hombre.

En sus palabras finales expresaba: ocioso fuera decirlo, la imagen de Tucumán no me abandona. Naturalmente, la lejanía destaca mejor la perspectiva y cuando las campanas de la pequeña iglesia tocan a oración, siento que me vence la nostalgia y quiero entonces volver a descansar de las fatigas del mundo.

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