En el aniversario de la escuela 9 de Julio, la alegría le cortó el paso a la solemnidad

El establecimiento celebró sus 136 años. Cada grado representó un país de América. Participaron padres, docentes y alumnos. Bailes y comidas.

28 Abr 2018

¿Hay algo más divertido que las fiestas temáticas? Eso mismo se preguntó el director de la escuela 9 de Julio, Carlos Díaz, cuando pensó en cómo celebrar los 136 años del establecimiento de una manera en que participaran todos sus alumnos y también los padres. Se le vino a la cabeza el Día de las Américas, que fue el 14 de abril, y bastó ese disparador para que cada grado se enganchara con la propuesta de representar, cada uno, un país de América. En dos semanas, chicos, maestros y padres se metieron de cabeza a investigar sobre la cultura del continente. Ensayaron bailes, buscaron disfraces, cocinaron comidas típicas y bajaron de internet la música representativa de cada lugar. Con todo, se armó una gran fiesta donde la alegría le cortó el paso a la solemnidad.

“Todo lo hicieron los papás. Se reunieron para cocinar, para armar los carteles y los adornos alusivos a Paraguay”, cuenta la seño Cecilia Ledesma, de 1° grado B. En el stand de ese país las madres convidaban tereré (mate frío con jugo de naranja) y chipá (pan de harina de mandioca con queso). La mesa mexicana era larguísima. Ofrecía los característicos tacos con varias salsas para elegir, entre muchos otros platos donde no faltó el chile (picante). Una imagen de la Virgen de Guadalupe y una foto de Frida Kahlo adornaban la presentación. Para beber, agua de tamarindo, de Jamaica y limonada. “Para conocer sobre la cultura mexicana nos metimos en internet y pedimos consejos a una señora que trabaja en una agencia de viajes”, cuenta Mariel Banegas, cuya hija preparó un rico postre mexicano con arroz con leche, dulce de leche y leche condensada.

Se lucieron los bailarines

En el escenario los chicos y las mamás mostraron sus dotes de bailarines. En representación de Bolivia, ellas apuraron un carnavalito, con sus polleritas de colores, trenzas y chales con flecos. Las siguieron los nenes de jardín con sus alegres ponchitos y sobreros redondos. Subieron en fila india de la mano de la maestra. Después de la ovación de rigor, fue el turno de las chicas de 2° grado dispuestas a representar los Estados Unidos. Pero, lejos de la versión clásica del “Singin’ in the rain” de otros tiempos, se sacuden al ritmo de la moderna y latina “Dura”, de Daddy Yankee, que provocó que el público se sumara con palmas y acompañaran la letra.

“No hay que llorar, que la vida es un carnaval...” resonó la voz de Celia Cruz en el auditorium, convertido, cerca del mediodía, en un baño turco por la temperatura reinante. Endiablada, Miriam agitaba su pollera a lunares y los vuelos de la camisa roja. Diego, su hijo, y Enzo, su sobrino, ataviados con las típicas camisas cubanas, la acompañaron al ritmo de las maracas. Al terminar, la supervisora Patricia Nacusse aplaudía a rabiar. La delegación argentina no podía faltar: vestidas de negro y ellos con riguroso traje de compadrito dieron clase de 2 por 4. El broche final fue el almuerzo que compartieron.

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