Cuando pase el temblor

El poder político esta semana estuvo en el banquillo de los acusados. Cuando menos lo esperaban tanto Manzur como Alperovich tuvieron sus embates en Tribunales. Las palabras de un acusado y de un camarista. El rol del líder.

22 Abr 2018 Por Federico Diego van Mameren
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El ingeniero Miguel Brito fue un político pícaro. Fue un saltimbanqui que supo ubicarse con distintos gobiernos aún siendo de diferentes criterios políticos. Discurrió y debatió con el radicalismo, marchó con el bussismo y terminó seducido por el poder del peronismo. Esta semana hizo su debut en Tribunales como uno de los funcionarios alperovichistas acusados de haber perjudicado al Estado.

El ex titular de la DAU llegó bien entrenado a esta pelea. No es el mismo Brito de años anteriores que después de recibir las denuncias por las irregularidades cometidas en la Dirección de Arquitectura y Urbanismos se aferraba a los “sijosesistas” como esos boxeadores groggys que se aferran de las cuerdas como si fueran las polleras de su madre. Esta vez, Brito tiró golpes que nadie esperaba, menos aún el senador José Alperovich. Brito lo responsabilizó de lo que le pasaba y de alguna manera de lo que habían ocurrido en la DAU. En los ámbitos políticos cuando este radical-bussista-peronista declaró fue interpretado como un mensaje muy duro. Consideraban que como a Brito lo habían dejado absolutamente solo, ahora él se sentía con las manos libres para golpear a quien él quisiera. Y no sólo dijo que Alperovich lo usó sino que el gobernador Juan Manzur había facilitado algunas cosas pergeñando una ley que después terminó dando lugar a irregularidades. Las palabras de Brito fueron un sacudón más fuerte que el temblor de 4,5 grados del miércoles pasado. Perdido por perdido, ahora estaban incómodos Alperovich y Manzur, nada menos.

El que ríe último…

El gobernador, en otros ámbitos, había dicho una frase de la que debió arrepentirse apenas las soltó al éter. Sentenció que le garantizaba al presidente de la Nación que no iba haber incidentes durante su estada. Manzur, así, dejó abierta la interpretación de que por lo menos miró para otro lado cuando en una anterior visita Mauricio Macri fue maltratado. El furcio pasó inadvertido. Macri y Manzur se saludaron saludablemente. Compartieron actos y calificativos. Para ambos era un hecho histórico que finalmente el limón cosechado en estas tierras tuviera un lugar en las góndolas con rótulos en inglés. Es trascendental, sin duda, que los tucumanos se hayan propuesto algo y que eso -aún muchos años después- se hubiera concretado. Eso no es normal en esta provincia de violencia fácil. Por eso, justamente, fue más valioso ver al Presidente y al Gobernador juntos.

Fue motivo para que Manzur sonriera. Le duró poco. Cuarenta y ocho horas después se hizo público que en la justicia federal la pluma del juez Claudio Bonadio dejó de mecerle la cuna y le sacudió el sillón de Lucas Córdoba que alguna vez le prestó Alperovich.

“Nunca me tocaron fáciles”. Esa era una de las frases que no se cansaba de repetir Manzur apenas asumió como titular del Poder Ejecutivo provincial. La Justicia siempre le tiró tarascones. Lo que que no debe haber esperado es que termine en un papel tan incómodo por sus indecisiones. En estos días se vieron fotos de él en la fiestita de Alperovich donde se lo vio bailando, o cuando se mostró su imagen cortando la torta de otro cumpleañero, Osvaldo Jaldo. Sabe que al vice no le queda más remedio que tenerle paciencia. Sin embargo, no se entiende cómo él, pudiendo ser reelecto, recibe la agresión de su hacedor político que reparte lapiceras con la leyenda Alperovich 2019, confirmando su decisión de volver a ser gobernador. Manzur es el número uno, tal cual lo decidió el pueblo tucumano; sin embargo, siempre aparece como partenaire, especialmente cuando Alperovich está cerca.

La guerra ha comenzado

La venida de Macri era esperada. Alguien, alguna vez, soñó que estaba junto a él en una foto. O simplemente alguno podría haber recibido su bendición. Nada de esto sucedió; el Presidente se preocupó porque la campaña fuera para él. Públicamente, no hizo ni la más mínima mención a sus colegas del Pro, partido desconcertado si los hay en la provincia. Tampoco dijo que le gustaría que alguien fuera candidato en los próximos comicios. “Soy el único candidato por ahora”, fue el mensaje.

Muy distinta fue la visita del presidente subrogante del Senado, Federico Pinedo. Sin vueltas dijo que podían ser candidatos a gobernador tanto Silvia Elías de Pérez como Alfonso Prat Gay. No se olvidó de mencionar a José Cano. Directamente lo ignoró. No sólo los peronistas tuvieron una semana movida; Cambiemos, también.

De la sutileza a la trompada

La senadora Elías de Pérez no tuvo mucho tiempo de saborear las mieles del senador Pinedo. La justicia la convocó para que testificara en el juicio contra Brito. El día antes de que ella se presentara ante la femenina cámara que lo juzga al ex funcionario alperovichista, Brito dijo que Alperovich lo había usado para favorecer a la candidatura de la senadora. Fue un fino estiletazo casi impropio del ingeniero de la DAU. La ironía salida seguramente de la biblioteca de su abogado defensor debe haber ofuscado tanto a Alperovich como a Elías de Pérez. Cuando ella declaró fue durísima. No sólo le señaló un camino equivocado a Brito; también recordó obras de la DAU en viviendas de familiares directos de Alperovich o del mismísimo Manzur. A la sutileza del día anterior le respondió con una trompada a la mandíbula.

Colegio dormido

En los Tribunales provinciales los mandobles salieron del camarista Benjamín Moisá. No fue sutil. Fue brutal. El presidente de la Corte, Daniel Posse, había advertido que necesitaba 80 jueces penales para que funcionara el fuero. Moisá habló de que no era serio decir eso. Pero fue más allá: “en el foro local difícilmente haya abogados con la suficiente idoneidad técnica y moral para cubrir ese número de vacantes”. Tiró una bomba. Nadie le respondió. Tal vez desde la Corte hubo un manto de piedad o de prudencia. En cambio, el Colegio de Abogados hizo mutis por el foro. Nadie elevó su voz y dejaron que a los abogados que caminan por los pasillos se les pusiera en duda su ética.

La luz del sol ya llegó

El lunes por la noche, cuando nadie imaginaba que el poder tucumano iba a estar tan cuestionado por las circunstancias, en Buenos Aires se realizaba la cena del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y para el Crecimiento. La titular del Cippec advertía que “las transformaciones son vertiginosas, pero algunas de nuestras instituciones no sólo no están en el tiempo presente, sino que parecen haberse quedado en el pasado. Y hoy deben responder a las demandas ciudadanas cada vez más exigentes. Reformar la Justicia, por ejemplo, es una tarea que requiere constancia, pero es imprescindible. No hay impresoras 3D para instituciones. Hay que construirlas”. “Ya todos sabemos que un Estado eficaz requiere concursar los cargos públicos estratégicos, estimular la alta dirección y la evaluación de las políticas. Sin embargo, en 35 años de democracia aún no hemos logrado resguardar la estructura burocrática del Estado de los vaivenes electorales, un prerrequisito para que cualquier política sea sostenible”, sentenció Julia Pomares ante dirigentes gremiales, gobernadores, ministros nacionales y periodistas.

Terminó diciendo: “La luz que partió del Sol hace ocho minutos ya llegó a la Tierra. Como las grandes transformaciones que ya se desencadenaron: su impacto nos va a llegar, tarde o temprano, queramos o no. Es nuestra responsabilidad verlas antes de que nos alcancen y actuar. ¿Qué es el liderazgo sino adelantarse, anticiparse a los cambios? Quienes ocupan puestos de liderazgo en los gobiernos, en las empresas, en los sindicatos, en la Justicia o en el periodismo en algún momento lograron ver los cambios de su época, se anticiparon y actuaron. Ahora necesitamos que vuelvan a hacerlo”.

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