Sensualidad

22 Abr 2018

SEXUALMENTE HABLANDO

INÉS PÁEZ DE LA TORRE

Psicóloga

En los 80, la película estadounidense “África mía” -dirigida por Sydney Pollack- nos ofreció una de las escenas más sensuales de la historia del cine. Robert Redford –encarnando al cazador y aventurero Denys Finch-Hatton- le lava el pelo a Meryl Streep, quien interpreta a Karen Blixen, la escritora danesa, autora de las famosas memorias africanas. Toda la secuencia emana un erotismo muy sutil, sugerido… incluyendo el paisaje que los rodea, a orillas de un río plagado de rinocerontes. Redford realiza su tarea con parsimonia y destreza mientras recita un poema. Cuando termina, ella abre los ojos -su rostro, radiante- y se produce entre los dos una mirada profunda, apasionada. ¿Quién podría olvidar la fascinación de ese momento?

Una cualidad

Se llama sensualidad al don personal capaz de despertar el deseo sexual en los demás. Si bien es cierto que la atracción es un fenómeno subjetivo, en toda cultura existe una suerte de consenso respecto de aquello que confiere magnetismo a una persona. Por eso es que todos podemos reconocer fácilmente qué tipo de hombres y mujeres califican como “sensuales”.

Pero, ¿cómo se define esta característica? Se trata, en realidad, de un todo. Que incluye, por empezar, los rasgos físicos: una buena figura, un rostro armónico, una piel luminosa, etc. Aunque también la vestimenta -prendas sugerentes, que realcen los mejores atributos- y otros aditamentos -como los perfumes- contribuyen a proyectar atractivo. No menos importantes son la voz, la mirada, la sonrisa, la manera de caminar...

Pero estos rasgos externos no son suficientes para hablar de sensualidad sin una personalidad en sintonía con lo que está a la vista. Más allá de las muchas variables que el tema supone, puede decirse que una forma de ser atractiva está asociada con un estilo “interesante”. Es decir, que despierte interés, curiosidad, deseos de conocer más. En este sentido, conservar cierto misterio resulta fundamental.

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