El prisma con el que Macri mira Tucumán

20 Abr 2018
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La fugaz visita de Mauricio Macri a Tucumán el miércoles opera como una suerte de prisma respecto de la visita que él mismo realizó hace nueve meses.

El 26 de julio del año pasado, el Presidente protagonizó una situación inédita: pasó por la Provincia sin visitar a Juan Manzur. El jefe de Estado explicitó las razones de su desaire. Declaró que el tucumano le había faltado el respeto con el tono de los cuestionamientos a la gestión nacional; que se había dedicado a agredir lo que la Nación había hecho en favor de la Provincia; que no había adherido a la Ley Nacional de Acceso a la Información Pública así que todavía restaba saber qué hacía la Casa de Gobierno con el dinero de los tucumanos; y que el diálogo retornaría cuando el gobernador volviera a comportarse de manera urbana.

Esa vez, Macri participó de un encuentro político con la juventud de Cambiemos en Horco Molle y se reunió con referentes de la producción en Los Ralos, donde presentó a José Cano como el próximo mandatario provincial.

La de anteayer fue el reflejo invertido de aquella a visita. La imagen refractada muestra que Macri compartió escenario con Juan Manzur y que se reunió con los productores en compañía del mandatario provincial. Para más contraste, el mandatario nacional no visitó a Cambiemos. No hay excusas de agenda: Mariano Rajoy, amigo de Macri, es un dirigente apegado al protocolo y luego de cada visita oficial a una provincia de España se reúne con los referentes del distrito del Partido Popular. Durante una pausa en el acto simbólico de reingreso del limón tucumano a EEUU, el mandatario nacional se dio tiempo para unos flashes con referentes de Cambiemos que asistieron a la ceremonia. Pero el prisma descompone luces para que no haya confusiones: los legisladores, intendentes, concejales y funcionarios que sonríen para la foto estaban allí: Macri, que se dio tiempo para almorzar en una escuela de Anfama, jamás agendó salir a buscar a los hombres y mujeres de su coalición al terreno donde trabajan.

El resultado ha sido que Macri y Manzur han sido los grandes capitalizadores de la jornada. Claro está, toda definición corta necesita de explicaciones largas.

Todo por pagar

Resulta evidente, por un lado, que las relaciones entre la Casa de Gobierno y la Casa Rosada atraviesan por un período de recomposición. Desde 2002 hasta 2015, una y otra estuvieron ocupadas por administraciones peronistas, lo que marcó homogeneidad en las vinculaciones. Pero a partir del triunfo de Cambiemos la situación se tornó fluctuante.

2016 fue un año de entendimientos. Tucumán fue la primera gobernación en suscribir el acuerdo de devolución paulatina del 15% de coparticipación federal de impuestos que el kirchnerismo retuvo desde 2006 sin Pacto Fiscal que lo sustentara. A cambio, la incesante llegada de ministros nacionales le dio a la gestión provincial la legitimidad de ejercicio indispensable para compensar el déficit de legitimidad de origen, tras las elecciones del 23 de agosto de 2015, estragada de maniobras fraudulentas.

2017 fue un año de desentendimientos. Macri vino en abril para recorrer zonas inundadas y fue recibido con una tormenta de insultos de gente que no era de las localidades anegadas sino que llegaron y se fueron con miembros del gabinete de Manzur. Por ese recibimiento, y por la diatriba electoralista del oficialismo tucumano, el Presidente no vino el 9 de Julio. Dos semanas después, arribó e ignoró al gobernador.

Hubo que esperar a que pasaran las elecciones, triunfales para los “amarillos” en 10 provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (pero no en Tucumán), para que la situación volviera a pendular hacia el extremo opuesto. Manzur debió abonar un precio altísimo para restañar las grietas: avalar con los votos de los diputados tucumanos que le son afines la resistida reforma previsional. Con una salvedad: pagó dos veces el mismo costo. Y esa no es ninguna anécdota. Luego de la fracasada sesión en Diputados, sepultada por una pedrea que lapidaba el Congreso, Manzur no sólo volvió a poner los votos de los parlamentarios que le responden, sino que también puso el cuerpo, acompañándolos personalmente.

Macri retribuyó el gesto durante los días siguientes: dejó trascender en los medios nacionales su expreso pedido al ministro del Interior, Rogelio Frigerio, para que hubiera un trato deferente para los gobernadores que le evitaron a la Nación la peligrosa decisión de disponer semejante reforma mediante un decreto de necesidad y urgencia.

Los gestos de camaradería del miércoles son parte de esa retribución de gentilezas para este 2018 no electoral. Eso sí, los gobernadores están esperando algo más que poses. Están aguardando, específicamente, dineros públicos. Pero no los que la Nación contabiliza dentro de programas federales de mejoramiento de calidad institucional, sino de los que sirven para financiar obras públicas. En otras palabras, dineros electorales.

Dicho sea de paso, el oficialismo tucumano sigue apostando por una relación con Macri que fructifique en recursos federales. Además de la reforma previsional, medular en el plan para achicar el déficit fiscal de la Nación, de los cinco diputados peronistas por Tucumán sólo tres se presentaron a sesionar. Si Pablo Yedlin no hubiese estado en EEUU ni José Fernando Orellana en Tucumán, la oposición a Cambiemos hubiera conseguido quórum para sesionar. No habrá retracción de tarifas, lo cual hubiera hecho estallar el plan económico de la Casa Rosada. Eso sí, la que ocupó su banca fue Gladys Medina, esposa del jaldista intendente de Banda del Río Salí, Darío Monteros. La explicación oficial es que Presidencia nunca llamó para pedir el aval de la Gobernación, así que hubo libertad de acción para los parlamentarios. Toda una delicadeza de mensaje para Macri (quien reivindicó su política de eliminación de subsidios a los servicios públicos con la afirmación “no soy mago, pero tampoco estafador”) respecto de que el Gobierno de Tucumán no podrá seguir acompañando ininterrumpidamente las medidas fiscales de la Nación si la Nación no derrama algunos beneficios fiscales en favor de Tucumán.

Si el manzurismo aún no desespera es porque la Municipalidad de la Capital transita el mismo desierto de recursos nacionales. Hasta el punto de que la intendencia de Germán Alfaro, el esposo de la diputada Beatriz Ávila, liquidó a fines del año pasado los certificados de obras con recursos propios. En la foto del miércoles en Argenti Lemon, el jefe municipal se ubicó al fondo, en el lugar preciso para que se advirtiera su presencia y para que no se notara que, en realidad, no estaba sonriendo.

Por cierto, en la coyuntura del oficialismo Tucumano, la foto con Macri le sirve a Manzur ahora mucho más que en marzo, cuando se suspendió la visita presidencial. El gobernador, con su mejor sonrisa de “feliz cumpleaños”, pudo mostrarse cuanto menos por un día por encima de la ya indisimulable interna que enfrenta a su socio político, el vicegobernador Osvaldo Jaldo, con su padre político, el senador José Alperovich. Por más esfuerzos negacionistas que se hagan, que el ex gobernador no invitara a su cumpleaños al presidente de la Legislatura no es una cuestión menor: es la confirmación de las discrepancias ya son políticas sino personales. Porque nada hay más personal que una celebración de esa clase. “A esa sandía no la he partido yo”, fue el coloquialismo que el tranqueño habría transmitido a algunos hombres de confianza para metaforizar que la ruptura ha calado hondo y que a esa cuchillada no la blandió él.

Ayer Jaldo cumplió años y se encargó de mostrar las diferencias que mantiene con Alperovich hasta el paroxismo: celebró la fecha en el Cottolengo de Don Orione, con los miembros de esa comunidad como invitados, a los que llevó una ayuda de $ 1 millón de la Legislatura.

Nada que mostrar

El segundo grupo de explicaciones respecto de por qué Macri y Manzur son los grandes capitalizadores de la pasada visita presidencial, por otra parte, refiere específicamente a la oposición tucumana. En rigor, el Presidente nada compartió de su paso por Tucumán con los adversarios de Manzur porque Cambiemos de Tucumán no tiene nada para mostrar. O, más específicamente, nada que el jefe de Estado considerase que valiera la pena exhibir.

Ese “nada para mostrar” refiere fundamentalmente al plano político. Porque si bien existía la posibilidad de una inauguración de la Terminal de Ómnibus de Concepción (se entiende que iba ser simbólica o, a lo sumo, parcial, porque de lo contrario la decisión del intendente Roberto Sánchez de postergar su apertura sería un capricho), la interna entre los pocos miembros de Cambiemos de Tucumán también giró en torno del corte de cintas de esa obra. Cuando se anunció la primera visita presidencial del año para el mes pasado, para lo único que hubo discurso unificado de la dirigencia local de Cambiemos fue para pedirle a Macri que postergara su llegada. Pero después, la invitación para Concepción encontró reparos. El jefe municipal de “La Perla del Sur” es ubicado dentro de la corriente que lidera la senadora Silvia Elías de Pérez, junto con el intendente de Yerba Buen, Mariano Campero, y el subsecretario del Interior Domingo Amaya. De la misma manera, otros macristas recordaron que Bella Vista es la única municipalidad “amarilla” de Tucumán que el Presidente aún no visitó, y donde están instaladas empresas que exportan citrus. Pero su intendente, Sebastián Salazar, es ubicado dentro de la corriente que lidera el diputado José Cano, junto con Alfaro y con Beatriz Ávila.

El resultado fue que Macri finalmente vino y le dio a Manzur oxígeno político. Y no fue a Concepción. Ni a Bella Vista. Ni mucho menos a la sede del PRO, donde se cierne la amenaza de un cisma irreconciliable en torno de una simple elección de autoridades provinciales a la que acudirán apenas un millar de afiliados.

La domesticidad parece ser la aspiración de la política local. Y algo de ello se coló en el discurso del Presidente y del Gobernador. “Histórico” fue el adjetivo elegido por ambos para calificar la reanudación de las exportaciones de citrus a EEUU tras 17 años. La noticia es, indudablemente, importantísima. Pero en Tucumán “histórico” tiene, desde los tiempos fundacionales, otro significante.

Aquí nació Juan Bautista Alberdi, el que pensó la Ley Fundamental de los argentinos. Los tucumanos Nicolás Avellaneda y Julio Argentino Roca son protagonistas del fin de la guerra civil argentina: planearon y le dieron a la provincia de Buenos Aires una nueva capital (La Plata), dado que la ciudad de Buenos Aires pasaba a ser la capital del país. El primero trajo el tren a la provincia. El segundo garantizó la unidad territorial de la Argentina. Aquí se presentó combate a los realistas, se los venció en la Batalla de Tucumán y le torció el brazo al destino. Aquí se declaró la Independencia de las provincias unidas en el Río de la Plata…

Si volver a venderle frutas a EEUU es “histórico” para quienes gobiernan, la crónica política de domesticidad ha devaluado a la provincia histórica.

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