La milonga que reavivó el tango en Tucumán

Ayer festejaron los 13 años de la milonga de la plaza Urquiza. Un clásico dominguero

16 Abr 2018
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GARDEL, FELIZ. Los bailarines practican el 2x4 escoltados por la estatua de Carlos Gardel, instalada el año pasado. la gaceta / fotos de analia jaramillo

Trece años después, don Américo Ibarra se para de espaldas a la calesita y contempla. Jóvenes, adultos, chicos jugando a ser grandes, novatos, experimentados, zapatillas, tacos, calzas y vestidos, todo girando en círculos. Abrazados. Sintiendo. Volando. Qué importa tener que volver a cargar todos esos equipos en el auto, a las 23, para volver a El Manantial y repetir el ritual el próximo domingo. Lo ha hecho durante 13 años y ahí está el resultado: una plaza Urquiza repleta, con el tango latiendo, más vivo que nunca.

Américo tiene 75 años y toda una vida de tanguero, desde que era niño y sus padres le amoldaron el oído y le tentaron los pies para el baile. En 2004 se le ocurrió, o tuvo la necesidad, de inyectarle un poco de acción a la movida milonguera, siempre con altibajos y poca constancia. Y así fue como pensó que la plaza Urquiza sería el lugar ideal de encuentro y de conquista.

“Empezamos con un grabador. Yo me venía en colectivo desde El Manantial. Después, pasando la gorra, podíamos juntar algo para pagar un taxi. Después compramos más equipos y así la cosa fue creciendo. Para mí es un orgullo, porque se encuentra gente de todas las edades, de todas las clases sociales y con todos los niveles de baile. Algunos descubrieron su pasión por el tango acá y otros la retomaron o vienen a practicar”, explica Américo.


CLASE. Antes de comenzar la milonga, hubo una clase inicial de tango.  

“La de Américo es la milonga más vieja y perdurable que tenemos, junto con la de la Sociedad Francesa (los miércoles a la noche hay práctica), que también tiene 13 años. Si el tango es una música de encuentro, que se ve desde el abrazo para bailar, la plaza se convirtió en el espacio de encuentro de los tangueros. Eso es para mí”, agrega Sofía Auviex, una joven bailarina que dio sus primeros pasos practicando en la Urquiza.

De fiesta

Ayer, la estatua de Carlos Gardel, instalada el año pasado en la zona de los milongueros, sonreía más que nunca. Había globos, guirnaldas, la música sonaba más fuerte y los tangueros llegaron planchados y lustrados para lucirse en el cumpleaños de la milonga de los domingos. También hubo un trío orquestal en vivo: bandoneón, piano y contrabajo.

El encuentro comenzó con una clase abierta, algunos para iniciarse en esta danza seductora y adictiva, otros para practicar un poco más. Después sí, que comience el baile y no termine hasta que se vaya el último.

“Es admirable. Yo bailo, pero a veces solo me quedo mirando. Se pueden pasar horas, toda la noche solamente bailando. Es una movida muy atrapante, muchos bailan todos los días, porque hay milongas de lunes a lunes”, dice Pedro Costas, profesor de danzas folclóricas, mientras apunta a una chica sentada entre el público para sacarla a dar unos pasos.

Entre el público estaban Delia Agüero y Carlos López, una pareja reconocida de la escena local, que anduvo llevando el tango por el mundo y por los mares a bordo de un crucero, ofreciendo shows y dando clases a los pasajeros. “Es un fenómeno cultural muy importante el que logró instalar Américo, acá en la plaza, un espacio público, para que todo el mundo participe. Es un clásico con todas las letras y una de las razones por las que se reactivó la movida en Tucumán”, resumió Delia.

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