Otro dolor de cabeza con “K”

09 Abr 2018

Cada tanto, el alperovichismo se las ingenia para generarle un dolor de cabeza al gobernador, Juan Manzur, y al vicegobernador, Osvaldo Jaldo. Esta vez, les refrescará su pasado kirchnerista con una visita incómoda.

Aníbal Fernández llegará a Tucumán invitado por la propia presidenta del Partido Justicialista, Beatriz Rojkés, este jueves. Nadie puede considerar que la visita del verborrágico ex jefe de Gabinete sea inocente. Menos después del antecedente de agosto del año pasado. Antes de las Primarias para diputados, cuentan que el propio José Alperovich debió interceder para que su esposa revocara una invitación que le había formulado al ex kirchnerista. En aquel momento, Manzur y Jaldo pusieron el grito en el cielo por la inoportuna “jugada” de la ex senadora, que finalmente terminó por postergar la disertación de Aníbal.

Pero una situación similar se vivió en noviembre, cuando la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner aterrizó en Tucumán de la mano del alperovichismo. Esa misma semana, el gobernador había transitado por los canales de alcance nacional para despegarse, una vez más, del kirchnerismo que tantos años lo cobijó. El malestar de la dupla Manzur-Jaldo fue indisimulable. Porque si bien Alperovich nunca se mostró en público con la ex jefa de Estado durante su estadía en la provincia, sí la invitó a comer en su casa. Desde aquel momento, la sensación que comparten el gobernador y el vice es que el actual senador hace poco para “cuidar” a la fórmula que él mismo ungió en 2015. La semana pasada, de hecho, dejaron traslucir su molestia por la insistencia de Rojkés para traer a figuras kirchneristas.

Hay una verdad irrefutable que el malestar de Manzur no puede obviar: la ex presidenta provisional del Senado se reivindica kirchnerista y no reniega de su pasado. Todo lo contrario, cada vez que puede ataca con fiereza las políticas públicas del macrismo. Diferente es el caso de su marido, porque el senador Alperovich sí dijo en más de una ocasión que nunca tuvo una buena relación con la ex presidenta. Algo similar repite Manzur, que dio por finalizado el ciclo político de Cristina cuando se lo preguntaron. Lo que expone esta decisión de Rojkés, en todo caso, es que el peronismo tucumano termina siendo contradictorio o acomodaticio. Porque si algo le faltaba a este combo de desatinos es el papel del PJ local en el encuentro del justicialismo no kirchnerista del viernes en Gualeguaychú. La única tucumana presente en la movida anti K organizada por Miguel Pichetto fue, casualmente, una de las más fervientes kirchneristas y alperovichistas: Beatriz Mirkin. La senadora, que en noviembre había estado en el escenario junto a Cristina en El Cadillal, compartió ahora la deliberación con legisladores del massismo y del randazzismo, en lo que se presenta como la versión más dialoguista del peronismo. En cambio, Manzur se quedó del lado de los gobernadores justicialistas (con excepción del salteño Juan Manuel Urtubey), que optaron por no enviar representantes a Entre Ríos.

Pero hay otro elemento que torna más incómoda la presencia de Aníbal Fernández en Tucumán, por lo menos para el gobernador. El ex jefe de Gabinete es uno de los procesados en la causa iniciada por el Plan Qunita, ese expediente en el que se investigan presuntos sobreprecios en la compra de 150.000 kits destinados madres en situación de riesgo social, y se cuestiona que se haya otorgado la licitación por más de $ 1.000 millones a seis empresas sin antecedentes en el rubro. ¿Qué tiene que ver Manzur en este embrollo? Según entiende el titular de la Procuraduría de Investigaciones Administrativas (PIA), Sergio Rodríguez, la resolución que firmó Manzur y que autorizó la convocatoria a licitación podría haber sido el primer paso para realizar la presunta maniobra fraudulenta que se investiga. Atendiendo ese planteo del fiscal nacional, a fines de 2017, la sala III de la Cámara Federal de Casación Penal revocó el sobreseimiento en favor del gobernador que había dictado el juez Claudio Bonadio y que había ratificado luego la Sala II de esa misma Cámara. De esa manera, el tucumano quedó nuevamente vinculado a la pesquisa. Desde que recibió esa mala noticia en Comodoro Py, el mandatario tucumano intenta que la Corte Suprema de Justicia de la Nación se involucre en su situación procesal. Primero buscó que los mismos camaristas que habían considerado prematuro descartar una responsabilidad penal suya le concedieran un recurso extraordinario. Como se lo declararon inadmisible, la defensa de Manzur acudió al máximo tribunal del país con una queja por recurso denegado. Aníbal Fernández llegará justo a Tucumán para refrescarle al gobernador que no le resultará tan fácil deshacerse de su pasado reciente. Mucho menos cuando las señales políticas que envía son confusas y contradictorias.

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