Cartas de lectores

02 Abr 2018
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REUTERS

Malvinas

El 3 de enero de 1833, el imperio británico invadió las islas Malvinas desplazando a las autoridades criollas y a quienes poblaban el archipiélago. Las islas Malvinas fueron parte del Virreinato del Río de la Plata. Estuvieron bajo control de España hasta 1811. Estado argentino en formación. La intención de incorporarla al territorio nacional apareció tempranamente. En 1820 se las ocupó. Cuatro años después llegó el primer nativo como autoridad a las islas: el guaraní Pablo Areguatí. El último hombre al frente de Malvinas fue Luis María Vernet. Su mandato duró desde el 10 de junio de 1829 hasta la invasión. La pretensión de Gran Bretaña: controlar el único pasaje bioceánico: el canal de Beagle y el estrecho de Magallanes. No existía el canal de Panamá. Las islas ofrecían un punto estratégico: dominar los mares patagónicos. El ataque al Puerto Luis de Islas Malvinas, el 28 de diciembre de 1831, fue el puntapié del proceso que desembocó en la ocupación inglesa. Argentina prohibía la circulación de barcos balleneros estadounidenses o británicos. La corbeta norteamericana USS Lexington entró mostrando una bandera francesa a la bahía Anunciación. Destruyeron el puerto, saquearon a la población y obligaron al gobernador Luis María Vernet a exiliarse en el continente. El 3 de enero de 1833 llegó la fragata Clío. Con amplia superioridad de armamento, tomó posesión de las Malvinas sin mayor resistencia. Se desplazó a gran parte de la población local. La defensa del archipiélago, a cargo de la corbeta Sarandí, comandada por José María Pinedo, se retiró sin dar batalla. Un siglo y medio después, en la Argentina hay un gobierno acabado. Leopoldo Fortunato Galtieri enfrenta el 30 de marzo de 1982 una huelga general. La imponente movilización obrera indicaba el estado de las cosas. Hubo diferencias políticas de fondo entre el gobierno conservador inglés y la dictadura militar. Galtieri ocupó las islas para presionar. Margaret Thatcher, sin margen para negociar, necesitada de una victoria militar, entendía la naturaleza del combate. La Argentina, no. Thatcher envió la flota. Julian Thompson, comandante de los Royal Marines, expresó: “si hubieran esperado un poco, seguramente no hubiéramos podido responder del modo en que lo hicimos”. Era escaso el entendimiento de la situación política mundial. A fines de 1981, producto de su crisis, Gran Bretaña había decidido vender sus dos portaaviones en el marco de un plan de recortes. La Royal Navy casi fue reducida a una fuerza de defensa costera. El general Jeremy Moore, comandante de las fuerzas terrestres, aseveró que sin los portaaviones “no hubiéramos podido hacer frente a la Fuerza Aérea Argentina ni haber llevado adelante, profesionalmente, un desembarco terrestre con nuestras tropas”. A las guerras modernas las ganan quienes dominan el aire. Los portaaviones británicos operaban a unas cien millas de las islas. Los Harrier podían llegar a ellas, operar treinta minutos y volver. Los aviones argentinos partían del continente. Disponían de tres minutos netos. Necesitaban alargar la pista de Puerto Argentino. No lo hicieron. Esa operación representaba inconvenientes técnicos. Nadie los solucionó. Los ingleses declararon la zona de exclusión con sus tres submarinos atómicos. Jeremy Moore lo dice así: “Nos hubiera provocado problemas muy graves que sus aviones más rápidos pudieran llegar más lejos”. A pesar de aquellas limitaciones, la aviación argentina produjo a la flota daños severos. No fueron, sin embargo, decisivos, debido a la imprevisión política de militares argentinos: no prepararon la guerra. Se encontraron con un conflicto bélico que no esperaban y que no querían. Karl von Clausewitz definió la guerra como la continuación de la política por otros medios. La política de los militares y la de la burguesía nacional fue el sometimiento al imperialismo incluso durante la guerra.

Pedro Pablo Verasaluse

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Apoyo a la actividad audiovisual

En relación con el comunicado anónimo citado por la edición de LA GACETA (31/02/2018), cabe aclarar que es falso el cuestionamiento del valor artístico del filme “Rumbo al Mar”, interpretada por Federico y Santiago Bal. Dicho proyecto es llevado adelante a través de cuatro empresas productoras cinematográficas. Además, Juan Faerman es el guionista (colaborador de Les Luthiers); Nacho Garasino es el director (“El Túnel de los huesos”, “Contrasangre”); y Hernán Findling es el productor (“Fermín”, “La valija de Benavides). Todos ellos con vasta experiencia. Vale destacar que se firmó un convenio justamente para establecer que 50% de actores, técnicos y extras sean de Tucumán. Es falso además que se haya otorgado un subsidio en desmedro de producciones tucumanas. Se otorgaron 6,6 millones de pesos a proyectos locales, entre los cuales fueron beneficiados los realizadores locales Duilio Gatti, Pedro Ponce Uda, Agustina Heredia, Pablo Schembri, Gabriel Giménez, Agustín Toscano, Patricio García, Martín Falci, Juan José Rodriguez, Luz Mariel Salas, Álvaro Simón Padrós, Antonella Cardozo Cáceres, Sebastián Agulló y Matías Minahk. Los proyectos fueron aprobados por la Comisión de filmaciones (Ente Cultural, Ente de Turismo e Instituto de Desarrollo Productivo -IDEP-). “La ausencia de Juana” es un proyecto tesis de la Escuela de Cine de la Universidad Nacional de Tucumán (Eucvt). Es un gran logro la presencia del film en el Short Film Corner de Cannes, y sería muy importante que puedan contar con el apoyo de la UNT. Igualmente, desde el Gobierno de la Provincia no se denegó ningún tipo de ayuda. “El limón sobrevive a la tristeza” es un proyecto financiado por el Centro Audiovisual Municipal Tafí Viejo. Es muy elogiable, y uno de los pocos casos en la Argentina, en que un municipio apoye la producción audiovisual. Como lo menciona Tucumán Audiovisual en la nota de LA GACETA, estamos trabajando conjuntamente en la elaboración de un proyecto de Ley para el Audiovisual. La actividad audiovisual es asimilable a un sector industrial. Hemos apoyado en un 10% aproximadamente cada proyecto, que en su conjunto ha atraído inversiones en el último año por más de 100 millones de pesos, provenientes de subsidios y créditos del Estado nacional e inversiones privadas. Dentro de la actividad audiovisual, cada puesto de trabajo también representa una mirada particular en cada historia, representa un mundo diverso en las pantallas, y cada filme es un componente identitario y socio cultural donde nos miramos a nosotros mismos y esto dice mucho de aquello que somos.

Rafael Vásquez Rivera

Director de Medios Audiovisuales

Ente Cultural de Tucumán

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