El sencillo procedimiento para ser donante de médula

En Tucumán, la referente del Registro de Donantes de Médula Ósea del Cucaituc, Karina Jerez, contó que ya hay 8.000 inscriptos y que la donación aumenta año a año.

01 Abr 2018
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FELICIDAD. María José Medina ayudó a un enfermo al que no conoce. la gaceta / foto de hector peralta

Ellas son como agujas en un pajar. Se llaman María José Medina (36) y Silvana Sisti (45). Hace muy poco, dos pacientes que estaban graves se salvaron gracias a ellas, porque pudieron donarles médula ósea. Como es muy raro encontrar en el mundo alguien compatible 100 % (se da un caso cada 40.000 donantes) de alguna forma estas dos mujeres sienten que han hallado un alma gemela. Aunque no las conocían, no dudaron en darles parte de su cuerpo para salvarles la vida.

María José, que es abogada, se había inscripto como donante en 2013, después de conocer la historia de una niña tucumana, Rafaela Vaccarone, que lucha desde hace tiempo para conseguir un donante de médula ósea. “La vi a su mamá pegando carteles, pidiendo desesperadamente donantes. El caso me conmocionó y averigüé que podía ayudar con una simple extracción de sangre. Fui y lo hice. Desde ese momento, esperaba ansiosa que me llamaran para decirme que me necesitaban”, confiesa.

Ocurrió el año pasado. “No podía estar más feliz cuando me hablaron”, cuenta. Después de hacerse análisis y de ponerse vacunas, viajó a Buenos Aires para que le extrajeran las células madre. “Unos 40 días después me llamaron para contarme que el paciente, que había sufrido leucemia, se recuperaba favorablemente. Sentí una felicidad absoluta”, resume.

A Silvana, que es docente, la conmovió la historia de Lucas, un adolescente que falleció esperando un donante de médula ósea. Fue en 2015. “La idea de que cualquiera pueda salvar una vida suena grandilocuente”, dice. “Y sin embargo puede concretarse con un simple gesto, como la donación de sangre, que es el primer paso -y casi único- para ser donante de médula ósea”, recalca.

“Me acostaba todas las noches pensando en el momento en que me llamarían. Sabemos que es una posibilidad muy remota. ¡Y me pasó!”, exclama con emoción. Acaba de volver de Buenos Aires, donde se concretó la donación. Sus células viajaron a España para ayudar a un paciente de 55 años que sufre leucemia.

Después de las cuatro horas que estuvo conectada a la máquina de aféresis (técnica por la cual se obtienen las células de la sangre circulante) Silvana le escribió una carta a su alma gemela y le envió un mate de regalo. “No duele nada. Al salir de ahí, me fui a festejar por las calles de Buenos Aires”, remarca. “Es un momento de gloria; te sentís una elegida. Poder salvarle o mejorarle la vida a alguien, así no lo conozcas, es una sensación única”, resume.

Silvana y María José quieren que la gente sepa que donar médula ósea es algo que no duele. Hay que sacarse los tabúes y los miedos, dicen. Todo el mundo debería donar, añaden. Así, cuanto más diversidad haya en los registros, más fácil será encontrar las agujas en el pajar que permitirán salvar vidas.

Cada año, cientos de personas reciben diagnóstico de enfermedades hematológicas que pueden ser tratadas con un trasplante de médula, pero sólo el 25 % de esos pacientes encuentra un donante compatible en su grupo familiar, como fue el caso de Diego Ibáñez. La gran mayoría de los pacientes debe recurrir a un donante no emparentado. Para facilitar el acceso a esa práctica existen los registros de donantes voluntarios.

En nuestro país, este registro cumple hoy 15 años, fecha que coincide con el Día Nacional del Donante de Médula Ósea. Desde su creación en 2003, más de 500 argentinos recibieron un trasplante con donante no emparentado gracias a la creación del Registro Nacional de Donantes de Células Progenitoras Hematopoyéticas (CPH) impulsado por el Incucai.

Este registro forma parte de una red internacional que cuenta con donaciones de 32 millones de personas distribuidas en 51 países.

En Tucumán, la referente del Registro de Donantes de Médula Ósea del Cucaituc, Karina Jerez, contó que ya hay 8.000 inscriptos y que la donación aumenta año a año.

Además destacó que en lo que va de este año 14 tucumanos (8 en el último mes) tuvieron la posibilidad de ser donantes y salvar a la misma cantidad de receptores de Argentina y del mundo. Específicamente, ayudaron a pacientes de Francia, Canadá, España y Estados Unidos.

“El proceso para convertirse en donante de médula ósea es sencillo -detalla-. Se debe recurrir al Banco de Sangre (avenida Mitre 236) y llenar un formulario de consentimiento”.

A partir de entonces, se toma la muestra de sangre del donante y sus datos ingresan a una base nacional para que puedan ser comparados con los de algún paciente que está buscando un donante de médula”.

La compatibilidad debe ser del 100%, una suerte que tiene sólo un paciente cada 40.000 donantes. De ahí la importancia de engrosar el registro de donantes.

Las células madre -científicamente Células Progenitoras Hematopoyéticas (CPH)- son las encargadas de producir los componentes de la sangre.

Se las llama células madre porque tienen la capacidad de dividirse y diferenciarse para dar origen a todos los tipos celulares maduros presentes en la sangre: glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas.

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San Miguel de Tucumán
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