Los simuladores de carreras se popularizan en Tucumán: qué opinan los expertos

Los pilotos profesionales ya los usan desde hace tiempo porque la experiencia es tan real como estar en la pista de carreras.

22 Mar 2018

A Alejandro Sirena, los primeros seis meses de trabajo, le dejaron una historia inolvidable que lo conmovió. Es una anécdota que no la cuenta, sino que la comparte con sentimiento. “Vino un señor con un nene. Tenía bastón y yo lo miraba porque parecía que no se animaba”, comenzó el relato. El empleado se acercó, casi con compasión, porque el rostro del “viejito”, como lo describió, era de preocupación. No estaba cómodo, pero Sirena hizo una labor casi psicológica para que el señor accediera a hacer lo que todos estaban haciendo. “Cuando se bajó me abrazó y empezó a decirme: ‘gracias, gracias… sabés hace cuánto no sentía esto. Gracias, no sabés lo que fue esto para mí’. Me asusté un poco por cómo estaba y tenía miedo de que le agarre algo”, recordó Sirena.

Un hecho vale más que cualquier definición académica o teórica para el empleado de “Simuladores en Red”. Así eligió responderle a LG Deportiva cuando la pregunta fue qué tan real es lo que puede sentir un usuario de un simulador de carreras de autos. Lo que vive es tan auténtico como lo que vivió el “viejito del bastón” que marcó a Alejandro, pese a no saber más de aquel hombre.

Si bien el uso comercial de los simuladores de carrera se popularizó en Tucumán hace pocos meses (además de la franquicia citada está Autódromo Virtual) la herramienta tecnológica viene asistiendo profesionalmente a los pilotos de todas categorías deportivas del mundo. Y para los conductores reconocidos de “El Jardín de la República”, como Pablo Ortega y Maximiliano Bestani, el simulador tiene tanta importancia en su preparación, que poseen uno personal.

Para entender que deportivamente el simulador puede ser tan productivo como un entrenamiento en pista y que puede generar un múltiple campeón como Agustín Canapino (ver aparte) hay que remontarse a la época en que surgían los primeros videojuegos. El comienzo de los entretenimientos basados en autos de carreras puede ponerse en la línea del tiempo en los 70. La imagen de aquellos juegos de la famosa Atari era muy rudimentaria comparada a la que ofrecen hoy los juegos de Play Station o X-Box. Esa evolución es la que se trasladó también a los simuladores de carreras que usan Ortega y Bestani.


“Ni se imaginaban que algo así iba a existir”, dijo taxativo “Pabloso”. “¿Un videojuego que simule un autódromo? Seguro que en la época de antes ni se les pasaba por la cabeza”, reconoce “Maxi”, al igual que su colega.

Ambos coinciden en la innovación que produjo la irrupción de la herramienta tecnológica en el ambiente del automovilismo, pero sus opiniones se separan al momento de analizar su uso entre el antes y el después. “Para mí es muy tecnológico y avanzado, seguro les hubiera gustado tenerlo”, opinó Ortega. Pero “Maxi”… “Quizás a ellos no les hubiese gustado demasiado”, dijo Bestani. No es extraño su análisis, ya que no hace muchos años atrás el automovilismo no contaba con tanto desarrollo tecnológico desde la presencia de ingenieros, motoristas, mecánicos específicos para cada sector del auto; hasta las herramientas más exactas para la adquisición de datos. “‘Vos tenés que entrar así y así’”, dibujó Bestani una especie de zig-zag en el aire con sus manos. La mímica remite a que aquellos pilotos del pasado manejaban más por instinto y sensaciones y no tanto por los números y datos que, por ejemplo, un simulador puede brindar hoy para ganar una carrera.

El caso Canapino

Agustín Canapino es un emblema del mundo de los simuladores de carreras. El arrecifeño no se formó en las fórmulas argentinas, ni tampoco en el karting. Su escuela de formación fue virtual, acompañada por una gran dosis de talento que, sin explicación alguna, tienen los nacidos en “La Cuna de Campeones”, la ciudad de Arrecifes. “Sólo hice cuatro o cinco clases en una escuelita de pilotos, y de ahí me lancé a la Copa Megane”, contó Canapino a La Nación en una entrevista, cuando tenía 19 años. Un año después se convertía en el campeón más joven en el Turismo Carretera, divisional en la que el año pasado obtuvo su segunda corona y la 12ª en su campaña deportiva que tiene incursiones en la Copa Megane, TC Pista, Top Race y Súper TC2000. El caso Canapino pone de manifiesto el alto grado de incidencia que tiene un simulador en la formación de un piloto. “En los tiempos que vivimos hoy, que es tan caro correr en autos de carrera, esta es una forma de acortar los pasos”, afirmó Canapino. Para el campeón, el piloto que empieza desde cero, crece mucho más rápido ahora que los pilotos de antes sin tener la necesidad de pasar por una pista real.

Para jugar y quitar estrés

Más allá del uso que pueden darle los pilotos profesionales a los simuladores, el público en general los utiliza hasta como una terapia. “Después de una jornada de ‘laburo’, cuando termino, vengo. Dos o tres veces por semana, una hora porque ya me llama ‘la bruja’ para ir a comer y se termina el rélax”, contó entre risas Jorge Mariano (tercero en la foto). El hombre de 35 años tenía un equipo en su casa, pero decidió regalárselo a su hermano por lo que la llegada de las franquicias le vino de maravilla. Alexis Cariviano sueña más en grande ahora que puede simular ser un piloto profesional. “Me gustaría correr en TC o TN. Cuando fui al autódromo de Las Termas hablé con los pilotos y ellos me dijeron que el simulador facilita las cosas en carrera”, explicó el joven de 17 años, que competía virtualmente junto con dos amigos.

No reemplaza al autódromo, pero ayuda

“Obvio: no se compara con un auto puesto en pista”, remarcó Maximiliano Bestani. El piloto del Turismo Nacional Clase 2 usa el simulador de carreras unas cuatro horas por semana, pero sólo por falta de tiempo es que el promedio no es tan alto. “Hoy los programas están muy avanzados. Los autódromos tienen todos los detalles, hasta los defectos. Voy a la pista con una idea de lo que puede llegar a ser”, contó con seguridad “Maxi”. Las idas de cola, las de trompa, los cambios con los que debe entrar en cada curva son algunos de los datos que forman parte de la lista que Bestani elabora cada vez que se sube al simulador.

“Para mí es muy importante desde el punto de vista de que en Tucumán yo no tengo cómo practicar”, reflexionó Bestani con respecto a la falta de un autódromo. Sin embargo, y gracias a los simuladores, ya no es tan determinante que un piloto se forme en una pista real. “Puede llamar la atención que no tengamos un circuito en la provincia, pero cada vez menos. Actualmente, hasta los pilotos que tienen una pista dónde probar usan más seguido el simulador porque los costos de una prueba son muy altos”, aseguró el piloto del Renault Clio, que a partir de la cuarta fecha del torneo se subirá a un Nissan March.

Para fortalecer la mente

“Lo uso más que nada para el aspecto mental. Para memorizar y tener una referencia de cómo son los frenajes, de cómo llevar el auto, de las dimensiones de la pista y de dónde están los ‘pianitos’”, enumeró Pablo Ortega. El subcampeón del TN C-2 de 2016 dividió la importancia de su entrenamiento en un 70-30. “Hay otros pilotos que le dan un 50 por ciento de importancia. Yo le doy más importancia al gimnasio, pero me gusta mucho tenerlo. Por falta de tiempo, no lo uso más”, explicó “Pabloso”.

Los entrenamientos físicos específicos para los pilotos tomaron una relevancia clave, ya que las vibraciones, las intensas temperaturas que deben soportar en períodos cortos de tiempo, demandan un cuerpo resistente y fuerte. Ortega opta por darle mayor relevancia a ese aspecto, pero, vía simulador, no descuida el mental. “Si tuviese un autódromo en Tucumán, andaría en un auto real, por entrenamiento físico, y al simulador lo seguiría utilizando de la manera en que lo hago ahora”, afirmó. Conocido el espíritu competitivo del corredor, el simulador saca en su máxima expresión ese rasgo del piloto. “Me pasó que, cuando estoy tranquilo y con tiempo en mi casa, me fijo en los tiempos que hice en el circuito y trato de llegar a los que hice en la realidad. Se torna más emocionante usarlo”, comentó con entusiasmo en la voz. “Ahí te das cuenta si el simulador está bien hecho y ya tenés un doble juego: el del entrenamiento y el de igualar lo que hacés en la realidad o superarte”, concluyó Ortega.

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