El ex secretario de Seguridad rompió el silencio y explicó los motivos de su renuncia

A través de una carta, Miguel Gómez detalló los motivos que lo llevaron a dimitir sólo tres meses después de haber asumido en el cargo.

09 Mar 2018
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PASO AL COSTADO. Miguel Gómez había asumido en el cargo en diciembre, en reemplazo de Paul Hofer. ARCHIVO LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARÁOZ

Luego de una semana de silencio y de muchos rumores y conjeturas, Miguel Gómez rompió el silencio y explicó los motivos por los que presentó su renuncia a la Secretaría de Seguridad apenas tres meses de haber asumido en el cargo.

Desde el Ministerio de Seguridad, que encabeza Claudio Maley, se había informado que la dimisión fue por motivos personales. El ex comisario, sin embargo, redactó una carta en la que detalló las circunstancias de su paso al costado.

Gómez agradeció a las autoridades por haber depositado confianza en él y reveló que su designación en el cargo le absorbió su tiempo en familia, algo que le generó conflictos y discusiones en el seno familiar. "Comprendí que mi pasión y entrega por lo que hago, el hecho de querer atender y resolver todo me estaban llevando a descuidar lo más que quiero en vida, mi familia", dijo.

Maley aún no definió un reemplazante de Miguel Gómez

"Sinceramente, no me da vergüenza revelar algo tan personal; tampoco pretendo transformarme en ridículo ni generar en los demás sentimientos de lástima, compasión o tristeza; es más, me siento satisfecho de poder aclararlo y estoy orgulloso de mi esposa e hijos y especialmente de la más pequeña, que tuvo la valentía de manifestar lo que sentía y quiere para su familia", agregó.

A continuación, el texto completo:

Utilizo este prestigioso espacio periodístico para aclarar los reales motivos de mi renuncia. Antes que nada, reitero mi agradecimiento, como ya lo hice oportunamente, al gobernador y vicegobernador, al ministro de Seguridad y a todos los que directa o indirectamente confiaron en mi designación. También debo hacer extensivo mi reconocimiento a todos los que hoy, a pesar de la situación que afronto, me siguen apoyando, me entienden y confían en mi persona. El motivo de la presente es aclarar cierto escepticismo y falsos comentarios que se generaron en distintos sectores de la provincia sobre los motivos de mi alejamiento. Pero hoy no les escribe el funcionario, sino un ciudadano más como todos ustedes; esposo, padre, abuelo, hermano, tío, vecino, etcétera, y lo hago sin pelos en la lengua, como un verdadero tucumano que soy. Hacía tres meses que el trabajo y la problemática de la inseguridad nos atraparon a todas las personas que integran el comprometido equipo del Ministerio de Seguridad; es así, que el día a día nos resultaba corto para poder atender, conformar y dar respuestas a todas nuestras obligaciones. Imaginen lo que ello ocasionó en mi familia. Sin darme cuenta, la dedicación y entrega total al trabajo causaron ausencia, reclamos, incomprensiones y discusiones en el seno familiar. Hasta que la más pequeña de mis hijas apareció con dos cartitas en sus manos, hechas de puño y letra, en hojas de carpeta y nos las entregó. Al leerlas nos tembló el cuerpo y el alma; quedamos estupefactos, sin respuestas y reacción en esos momentos, pero nos trajo a la realidad. Ahí comprendí que mi pasión y entrega por lo que hago, el hecho de querer atender y resolver todo me estaban llevando a descuidar lo más que quiero en vida, mi familia. Esta situación, y no otra, es la que me llevó, francamente, a priorizar mi familia y a poner en manos del ministro de Seguridad mi renuncia, porque entiendo que aquí nadie es imprescindible y que existían suficientes motivos que me imposibitaban seguir cumpliendo la función como las circunstancias lo exigen. Sinceramente, no me da vergüenza revelar algo tan personal; tampoco pretendo transformarme en ridículo ni generar en los demás sentimientos de lástima, compasión o tristeza; es más, me siento satisfecho de poder aclararlo y estoy orgulloso de mi esposa e hijos y especialmente de la más pequeña, que tuvo la valentía de manifestar lo que sentía y quiere para su familia. Por último y como reflexión, quiero decirles que esta es una realidad desconocida por muchos, incluso por el propio Estado y las instituciones. Creemos que el Policía, el agente penitenciario, el bombero, el médico y los servidores públicos en general son solamente una máquina de dar respuestas; y cuando esto no acontece, sólo cuestionamos, pero no nos detenemos averiguar el porqué, a mirar un poquito más allá, lo que pasa en el interior de la persona y de su seno familiar.

Miguel Ángel Gómez

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