Desde pelotas a "presas" de pollo para que jueguen las mascotas

Los juguetes son necesarios para los animales domésticos porque los ayudan en su desarrollo psicofísico y les facilita la socialización. Hay desde pelotas hasta "presas de pollo"

20 Feb 2018

La hora del juego, sin dudas, es la parte más divertida para nuestras mascotas, sobre todo si son bebés o de alguna raza “juguetona” de por vida. El entretenimiento de un cachorro (perro o gato) viene en forma de juguete y en el mercado pueden encontrarse opciones muy variadas para estos integrantes tan importantes de nuestra familia.

Los juguetes para los perros y los gatos son significativos tanto para su diversión como para el desarrollo de su conducta, explica a LA GACETA Rosandra Molina, veterinaria en Hocikos. “Colabora no sólo en la socialización de la mascota sino en su evolución física y psicológica”.

El juego es una forma de descargar toda la energía que acumulan a largo del día, de socializar y afianzar el vínculo con su amo, con sus pares y con los demás miembros de la familia. “Lo importante es la felicidad que el animal siente al jugar”, expresa Ignacio Koch, de Estilo Canino, que informa sobre algunos juguetes disponibles en el mercado para perros y gatos.

Las etapas del juego en los animales domésticos son muy variables, detalla Molina. Depende de la edad y de la raza del animal. El perro y el gato pueden jugar toda la vida, aunque siempre son más inquietos de pequeños y más tranquilos de grandes (a partir de los dos años).

“Un labrador o un dálmata, por ejemplo, son niños-adolescentes siempre y todo el tiempo estarán disponibles para jugar. La diversión, como en los niños, es lo primordial en su vida”, cuenta Molina.

Además, la liberación de la energía a través del juego es beneficioso para que no la descarguen ni alivien su estrés por medio de la agresividad.

En el caso del perro, el animal no debe jugar cuando él quiera. “No puede ser que el amo llegue cansado del trabajo y el perro se le suba encima para jugar. Hay que educarlo en el juego, y para eso se le hace entender que, primero, el amo descansa, luego se alimenta y cuando él lo decida llega el momento de la diversión”, subraya Molina. En este sentido, el dueño es el que pone el horario educándolo y creándole hábitos.

Es recomendable que el juego, desde el principio, no sea brusco. Al crecer el animal seguirá haciéndolo de manera torpe ocasionando golpes, mordidas o caídas de niños o de adultos mayores. “De una mordidita de cachorro puede pasar a sacar una mano y él pensará que todavía está jugando”, destaca Molina.

De todas clases

Los mordillos son necesarios durante la etapa temprana del cachorro (hasta los ocho meses), cuando se produce la dentición. El cambio de los dientes de leche a los permanentes produce una sensación de picazón y molestia en las encías. Esa sensibilidad hace que necesiten morder cosas. “Por eso aunque no tengan ningún juguete, se las ingenian y buscan una botella de plástico, una pantufla o el mismo comedero”, dice Molina.

El gato, por su parte, también busca entretenerse, pero no mordiendo, sino arañando, desde un ovillo de lana hasta bolsitas o papelitos que encuentren en el piso para afilar sus uñas. En este caso, son muy útiles los rascadores de cartón o de hilo sisal. Los laberintos, además, ayudan al felino a afianzar su instinto de cazador: se esconden, tantean el exterior y vuelven a salir.

“Es importante que el dueño haga jugar a sus gatos para que, a través del movimiento, se le desarrollen los sentidos del olfato, del tacto y de la vista. Este animal es más pícaro que el perro: primero inspecciona con sus patas, y luego, juega. El perro que es más torpe lleva todo directamente a su boca”, aclara Molina.

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