Después de salir de la sala, Lebbos estudió el caso en la mesa de un bar

Por ser testigo en el debate, el padre de la víctima no pudo escuchar los dichos de los imputados

09 Feb 2018
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ESPERA. Lebbos aguarda tomando un café y revisando sus notas. “Estoy viviendo el sueño de ver a todos los encubridores enfrentando un Tribunal”, le confió a LA GACETA. LA GACETA / FOTO DE JORGE OLMOS SGROSSO

“Y aquí estoy, haciendo una especie de retiro espiritual”, bromeó Alberto Lebbos. El padre de Paulina eligió un bar frente al Palacio de Justicia para esperar volver a la sala. Por pedido de los defensores, se retiró del recinto minutos después de que comenzara la audiencia vespertina. Será el primer testigo en declarar en la causa y, por como lo establecen la normas, no puede estar en la audiencia mientras hacen uso de la palabra los imputados.

“Pregunté si me podía quedar, y como nadie dijo que no, me quedé. Después los profesionales pidieron que me retirara, lo hice después que los jueces me pidieran amablemente que lo hiciera”, comentó.

El padre de la estudiante decidió permanecer en la zona y no volver a su casa o ir a atender su negocio en Alderetes. Sentado en la mesa y después de haber consumido un café en jarrita, comenzó a anotar en una hoja de papel. “Son las fechas claves de la causa. Tengo que hacer una ayuda memoria para no olvidarme nada de lo que tengo que decir”, agregó.

Esa especie de retiro que dijo estar haciendo, no le impidió a Lebbos seguir atento lo que sucedía en la sala. “Que los imputados declaren la Verdad, que se haga Justicia, qué se termine la impunidad!!!”, escribió como forista de LA GACETA.com a los pocos minutos de haber subido una nota sobre su retiro de la sala. Alejado de los micrófonos y de las cámaras, el padre de la joven recibió el apoyo de las personas que lo descubrían en ese lugar. “¡Fuerza Alberto!”, “estamos con vos”, “por tu lucha vas a encontrar Justicia tarde o temprano”, fueron algunas de las frases que desconocidos le dijeron.

“Este apoyo incondicional siempre fue importante. Me ayudaron a seguir adelante. Estoy viviendo el sueño de ver a todos los encubridores enfrentando un tribunal”, concluyó Lebbos.

Antes de que el tribunal decidiera tomar el cuarto del intermedio del mediodía, comenzó el momento que la mayoría del público estaba esperando: escuchar las palabras de los imputados. Pero de los seis, sólo dos dijeron que hablarían y que responderían las preguntas de todas las partes. Roberto Gómez, imputado por la privación ilegítima de la libertad y el crimen de Paulina, dijo que recién lo haría por la tarde porque se había levantado muy temprano y estaba cansado.

El ex subjefe de Policía, Nicolás Barrera, también aceptó pasar al banquillo para hablar, pero los jueces decidieron que lo haría después de Gómez.

Eduardo di Lella, Hugo Sánchez, Héctor Rodríguez y Hugo Rodríguez, imputados por el encubrimiento del crimen, decidieron no hacerlo. Gustavo Morales hizo un planteo para que no se leyera la declaración de imputado de su defendido, pero el tribunal rechazó su planteo.

Gran parte de la primera etapa de la audiencia vespertina se utilizó para leer las declaraciones de los imputados que se negaron a hacer uso de sus palabras. Durante varios minutos se escuchó como los acusados negaban los cargos en su contra y daban a conocer lo que hicieron el 11 de marzo, día en el que se encontró el cuerpo de Paulina.

El miércoles se reiniciará el debate con las palabras de Gómez y Barrera.

“UNIDAD CADAVÉRICA”.- Una insólita situación se generó en la sala cuando se escuchó la declaración del comisario Héctor Brito. El ex jefe de la Regional Norte, acusado de encubrimiento, le dijo al fiscal Diego López Ávila que el cuerpo de la joven había sido trasladado en la “unidad cadavérica” que tenía la fuerza en vez de decir una camioneta de Bomberos que se utilizaba para llevar cadáveres. El nombre que utilizó el funcionario generó sonrisas entre los presentes y carcajadas en la sala de prensa.

PARO.- Roberto Gómez, el imputado por el crimen de Paulina Lebbos, estuvo dando vueltas en la plaza más de tres horas, puesto que por el paro de ómnibus no pudo regresar a San Andrés, localidad donde vive. “Es todo un problema porque le pedí a unos vecinos que cuidaran de nuestra hija más chica”, destacó antes de comenzar la audiencia el único de los acusados que está imputado por por privación ilegítima de la libertad seguida de homicidio.

COMPARACIÓN.- Gustavo Morales, defensor de Eduardo Di Lella, en una nota publicada en LA GACETA, dijo que por su estilo, se sentía como si fuera “(José Luis) Chilavert en La Bombonera”. La comparación generó varios comentarios durante la audiencia de ayer. “Tiene razón, porque como le pasaba al arquero paraguayo, por ir a hacer un gol, le terminaban anotando uno”, dijo un profesional. “Él fue único que solicitó que se leyera el requerimiento íntegro, lo que le dio letras a (Alberto) Lebbos para denunciar todas las irregularidades que se cometieron en la investigación”, dijo la misma fuente.

PUNTUALES.- Después del problema generado por la demora en la llegada de los fiscales, todas las partes estuvieron en sus lugares a las 16.30, hora en la que el tribunal había decidido iniciar la audiencia vespertina. Sin embargo, el debate comenzó 45 minutos más tarde porque los jueces resolvieron un planteo que había presentado el defensor Gustavo Morales.

EXPECTATIVAS.- Mientras se leyó el requerimiento a elevación a juicio de la causa, sobraban los dedos de las manos para contar la cantidad de público que había en la sala. El panorama contrastó con la sala llena con la que comenzó la primera jornada del debate, el martes pasado. Por la tarde, se triplicó la cantidad de asistentes, ya que la declaración de los imputados despertó la atención.

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