Hace 150 años, la ciudad de Monteros se convirtió en municipio

La ley provincial se promulgó el 12 de diciembre de 1867 y las autoridades asumieron el 26 de enero de 1868.

26 Ene 2018
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PASADO. El templo parroquial de Monteros, demolido para erigir el actual, en una foto de inicios del siglo XX. la gaceta / archivo

“Por esa época nuestro terruño dejó de ser la pequeña aldea de los años de la independencia; se había transformado en un pueblo pujante y centro de la economía y política del interior provinciano. Este 26 de enero se cumple un siglo y medio de la municipalización de la antigua y señorial Monteros. Hoy, se escucharán las palabras de aquellos que hace 150 años juraron por la concordia y el progreso de su población”, afirma el monterizo Arturo Zelaya, docente y gremialista de larga trayectoria.

Curioso de la historia, en especial de la local, señala que en ese momento, los recuerdos de los abuelos apenas registraban los inicios de San Miguel en Ibatín, alguna referencia al traslado a La Toma, así como la obstinación de algunos moradores por no abandonar sus heredades, razón por la que les endilgaran el epíteto de “rebeldes monterenses”. “Sí estaba presente en el recuerdo popular el milagro de la Virgen del Rosario en 1719 (el año próximo se cumplirán tres siglos). Algunas familias evocaban el nombre de sus abuelas cuando fueron a prender lámparas para pedir protección para los soldados que iban de expedición contra los indios del Chaco”, manifiesta.

El evangelizador

Zelaya señala que en la segunda parte del siglo XVIII apareció en la comarca el joven sacerdote Diego Miguel Aráoz, apodado luego “El evangelizador de los Monteros”, que construyó una capilla y en 1780 fue proclamado párroco del Cuarto Curato de los Monteros, cuyo magisterio fue fructífero. “Eran más claras las referencias sobre la hazaña del Campo de las Carreras o el Congreso de Tucumán. Llegaron los tiempos aciagos de la anarquía tucumana, en donde mueren fusilados los dos primeros gobernadores nacidos en Monteros, Bernabé Aráoz en 1824 y Javier López en 1836”.

Tras evocar la Batalla de Caseros, la Constitución del 53 y al cura gobernador José María del Campo, Zelaya cuenta que el 27 de marzo de 1860, un grupo de más de 50 vecinos le elevó una nota a Marcos Paz, gobernador de Tucumán, en la que le pedían que el pueblo fuera llevado al rango de “Villa”, con todos los privilegios y prerrogativas. Este respondió con una evasiva. “Finalmente, la ley provincial N° 285, del 12 de diciembre de 1867, establece la creación de los municipios de Capital, Monteros y Famaillá. El 26 de enero de 1868 inicia su actividad la Corporación Municipal, integrada por Faustino Martínez, Domingo Segundo Aráoz y Bernardino Zerda. Como suplentes estaban Melchor Moreno y Visitación Rodríguez. Prestaron juramento y quedaron en posesión del cargo. Las primeras sesiones se llevaron a cabo en el templo parroquial”, explica el investigador.

Dos dimensiones

En ocasión de cumplirse el centenario, Zelaya evoca las palabras el escritor y maestro J. Dionisio Campos: “este pueblo afanoso en todo su presente vive de recuerdo y esperanza, está siempre en las dos dimensiones de la vida: su memoria colectiva en el impulso de su acción, la dinámica de su historia, el alcanzar cada día los futuros espléndidos del hombre, vencedor del tiempo y del olvido. Todo pasa y es solo la eterna memoria humana, según aquel poeta de la elocuencia que fue Nicolás Avellaneda”.

Finalmente, Zelaya, autor del libro “Escuela Normal de Monteros. Anales históricos (1907-1982), afirma: “esta celebración debe tener el sentido de reafirmar en nuestro pueblo el compromiso de construcción permanente de la república y afianzar los valores morales de la democracia. Es el momento de reflexionar y aprovechar para lanzarnos en la búsqueda del progreso y bienestar que nos merecemos, un destino de grandeza como soñaron nuestros abuelos hace 150 años”.

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