Lanzaron un plan para devolverle la seguridad a la zona de "La Bombilla"

Recorrida nocturna. Más de 120 policías fueron elegidos para una experiencia que se repetiría en el resto de la provincia.

16 Mayo 2004
El solo hecho de caminar por esas calles provoca al menos la sensación de que a uno lo están observando. Tantas veces se repiten apelativos como "Bombilla", "El Sifón" o "Trulalá" en las crónicas policiales que, por lo menos, uno debe sentir respeto al transitar por esos barrios. Pero justamente por eso, por ser una de las zonas rojas más peligrosas de Tucumán, es que el Gobierno de la provincia decidió lanzar allí el programa Integración Policial hacia la Comunidad. Hoy, la jurisdicción de la seccional 6ª es casi un precinto al que se sumaron 120 policías que son los únicos autorizados para prestar servicios de prevención o actuar ante un hecho delictivo.
Un periodista y un fotógrafo de LA GACETA recorrieron la zona de noche, para comprobar in situ la marcha del plan, a dos meses de haberse lanzado.

Una boca de lobo
No se puede decir que la zona se haya convertido en una isla de la fantasía, pero evidentemente algo está cambiando. "Hace años que no veíamos tanta luz como ahora. Cambiaron todos los focos. Antes era una boca de lobo", afirmó, detrás de una reja, Lucía Gómez. Marcos Gutiérrez afirmó que le sorprende ver a policías caminando, vestidos de uniforme, en una zona que antes estaba vedada para los miembros de la fuerza de seguridad. "Sigue siendo inseguro, pero por lo menos ahora sabemos que podemos llamar a los policías que están cerca", dijo.
En varias esquinas se advierte la presencia de muchachos tomando de botellas de gaseosas, aunque se trata de otro líquido. Manejan un código simple, pero eficaz: cuando ven presencias "extrañas" (llámense policías) emiten agudos silbidos, e inmediatamente se escuchan las corridas de los destinatarios, aquellos que no quieren ser vistos. Ayer a la madrugada, durante el recorrido de LA GACETA, hubo un incidente en la esquina del pasaje Murga e Italia. Mientras los policías hacían su recorrido, les hicieron varios disparos. Afortunadamente nadie salió herido. "Quieren ponernos presión para que nos vayamos, pero no vamos a hacerlo. Esta batalla la van a ganar los honestos", aseguró el comisario inspector Luis Andrada, coordinador del operativo.
Para Irma, una de las mujeres de "El Sifón", la llegada de más policías es importante. Pero la presencia de la droga es muy fuerte. "Aquí todo se maneja por la droga. Tal vez un chico no quiera salir a arrebatar carteras, hasta que le dan una pastilla o cocaína. Ahí se transforman en animales, y son capaces de matar", aseguró la mujer. Lo mismo pasa con el tráfico de armas y con los aguantaderos en los que se esconden los delincuentes. "Los ladrones saben que los están presionando, y tal vez no se queden a robar aquí, pero van a otros lados", agregó. "Eso sigue pasando. Tal vez sea lo más difícil de erradicar, pero uno sabe que cuando tal o cual ?mocoso? sale es porque va a robar", aseguró Dante, otro vecino. El principal problema de esas zonas es el de los menores que, sin ningún tipo de control, se apoderaron de las calles a sangre y fuego. Comienzan su carrera delictiva a los 10 años y es muy difícil reformarlos. Su sola presencia aterroriza.

Urbanización
Según los vecinos, todo cambiaría radicalmente si la urbanización llegara a esos barrios (hecho que está previsto en el plan del Gobierno). Por ahora sólo es un hecho la iluminación. Pero las distintas calles y los incontables pasillos y recovecos (no hay mapa catastral que dé cuenta de lo intrincada que es la zona) siguen convirtiéndose en un pantano cada vez que llueve y la precaridad de las casas es alarmante. "No es digna la forma en la que vivimos. Estamos olvidados del mundo", se quejó José Fernández.
La sensación que se siente en todo el sector es de peligro. El Gobierno quiere cambiar eso y devolverles la paz a sus vecinos. Recién se está dando el primer paso. Puede ser la última oportunidad para que los chicos de la zona tengan un futuro mejor.

"Es fácil entrar, pero difícil salir"

José Jesús Cañete llegó a vivir al barrio Juan XXIII (le indigna que lo denominen "La Bombilla") en 1968. Es presidente del centro vecinal y uno de los habitantes más antiguos de la zona. "Desde el principio fuimos librados al azar, y ningún gobierno se acordó de nosotros", afirmó el hombre, quien recordó con nostalgia cómo entre los vecinos habían convertido lo que en ese momento parecía un pantano en un barrio.
A pesar de que siempre se trató de una zona humilde, Cañete afirma que la inseguridad comenzó a vivirse hace una década. "Es un barrio al cual es fácil entrar, pero del cual es difícil salir", indicó. Puso como ejemplo que "Villa 9 de Julio o Villa Alem fueron objeto de urbanizaciones que los convirtieron en barriadas modernas, a pesar de que antes eran muy peligrosas". "Pero a nosotros nos hicieron a un lado. Estamos quedados en el tiempo", agrega. "El gran porcentaje de gente que vive aquí es trabajadora. Gente honrada. Me siento muy mal cuando no quieren venir a mi casa porque vivo en ?La Bombilla?", dice con una muesca de resignación. Cañete espera que el plan que impulsa el Gobierno los ayude a salir del estado en el que se encuentran. "Por lo menos ahora mis hijas pueden ir a tomar el ómnibus solas, ya que hay policías", explicó. Cañete también dijo que se debe trabajar con los jóvenes. "Hoy no tienen valores, y eso los lleva a caer en la delincuencia. Hay que salvarlos", dijo.

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