Los animales sueltos en la ruta provincial N° 307

19 Ene 2018

La indiferencia social es una de las características que desafortunadamente parece haberse incorporado hace ya tiempo a nuestra idiosincrasia. La observamos con frecuencia en las constantes transgresiones a las normas que comete una buena parte de los tucumanos, en especial, las referidas al respeto por la vida propia y la del prójimo. Entre las infracciones viales, ocupan un lugar destacado la presencia de animales sueltos en las carreteras provinciales y nacionales. La ruta N° 307 sigue siendo una de las preferidas de los transgresores.

Con cierta frecuencia, los lectores hacen llegar sus quejas a nuestro diario. En agosto pasado, Claudio Ybrahim señalaba que circular por la ruta 307, desde Las Mesadas hasta Tafí del Valle, era una suerte de rally. “A diario ponemos en riesgo nuestras vidas... los animales -vacas, caballos y cerdos- sueltos son uno de los obstáculos que se debe sortear; otro son los cráteres que se hacen y no son tapados por los que debieran encargarse de mantener la ruta en condiciones”, escribió en nuestra sección Cartas.

La ley 3.487 faculta a la Policía a levantar animales sueltos y efectuar los controles. Según un informe de Vialidad Nacional, en un año se llegó a registrar más de un accidente provocado por día por esa causa solo en las rutas nacionales. El año pasado, en nuestro programa televisivo Panorama Tucumano, jefes policiales admitieron que en promedio encontraban unos 10 animales a la semana circulando por espacios viales y que llegaban a secuestrar vacunos, caprinos, bovinos y porcinos. Indicaron que en Tafí del Valle, Trancas y San Pedro de Colalao se advertía una situación similar que en la 307.

Los caballos son los más peligrosos en las rutas. Generalmente, cuando son encandilados por los vehículos, reaccionan con violencia y se van contra el rodado; casi nunca se retiran del camino. Los animales salen a las rutas porque sus propietarios no tienen el cuidado de mantenerlos en los cercos adecuados, o atados. Ninguno podría alegar que desconoce los riesgos que implica soltarlos, ni la existencia de antiguas y conocidas reglamentaciones legales que prohíben específicamente que se los deje libres. Pero también contribuye a este descontrol la actitud permisiva de las autoridades -tanto de las comunas y de los municipios- que no actúan con rigor frente a tales casos.

Es llamativo que cuando ocurren accidentes por esta causa -haya o no víctimas mortales- los propietarios nunca aparecen y tampoco reciben castigo alguna porque no se investiga en profundidad. ¿Quién se hace cargo entonces de la irresponsabilidad, de los daños y de las víctimas? En otras ocasiones, hemos propuesto que haya un registro de propiedad de animales o buscar un modo de identificarlos. Creemos que se deberían patrullar en forma constante las rutas y no esperar que suceda algo para entonces preocuparse. En ese sentido, las municipalidades y comunas deberían involucrarse de un modo activo en el asunto. Desde el Estado debería implementarse en forma sostenida una campaña de educación vial justamente en los lugares donde con mayor frecuencia se registran estos episodios.

La vida es el don más preciado que existe. Pero da la impresión de que nuestros representantes no lo entienden así, y mientras eso ocurra, la desgracia seguirá sobrevolando los caminos tucumanos.

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