Miguel Amargós, un peleador nato con alma de ganador

No se rinde ante nadie ni nada, y sólo piensa en llegar luchando a Tokio 2020

10 Ene 2018
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HOY. Miguel Amargós (primero desde la izquierda), junto a su familia. imágen enviada por miguel amargós

Miguel Amargós tiene un corazón combativo. En su niñez, deseaba a ser famoso. Lo buscó primero en el fútbol, pero no le gustaba perder: la derrota nunca fue un elemento que él pueda considerar. “Era muy mal perdedor y peleaba por todo”, afirmó el karateca.

“Un día, caminando con unos amigos, vi unos locos gritando ¡kiai! y haciendo movimientos orientales. Y dije: si aquí pelean, aquí me quedo.” Seguramente “Miguelito” no era un mal perdedor, únicamente necesitaba encontrar un espacio para desarrollar lo que sentía con disciplina y alegría. Empezó karate sin imaginar lo que significaba. Eso no impidió que se formaran los cimientos de los sueños de Amargós, que al empezar apuntaba a ser actor en películas de artes marciales. El paso del tiempo transformó su meta, y Miguel pasó a querer ser un luchador profesional. Sus resultados en competencias nacionales e internacionales lo acercaron a su meta. Por estos días persigue la más difícil: se ilusiona con llegar a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

Él es consciente en que no explota todos sus talentos. Pero si no fuera un karateca, le gustaría jugar al rugby. Hoy, su vida está enfocada únicamente al karate. Deportivamente es un privilegiado: sus facilidades para asimilar conocimientos técnicos y tácticos le permiten incorporar nuevas herramientas de otras disciplinas de combate para complementar su estilo de lucha.

Sacrificó tiempo con su familia y afectos, pero el karate no sólo le dio una pasión, un sueño, sino también una forma de vivir. “No soy una persona que se ganará la vida con una pala en la mano, soy vago para esas cosas. Me encanta pelear, soy un peleador nato y mientras esté de pie voy a pelearle a la vida, literalmente”.


EN 2015. Ese año fue elegido el mejor deportista por LA GACETA. LA GACETA/FOTO DE JORGE OLMOS SGROSSO

Su dedicación plena hace que los momentos junto a sus afectos (incluida su mascota) sean intensos, fundamentalmente con Aquiles, su hijo. Cuando se acerca una competencia, su tiempo libre tiene nuevos protagonistas: sus rivales. A ellos los estudia de manera minuciosa. Los torneos nacionales son para Miguel una oportunidad de reencuentro con sus amigos. Amargós no sólo reconoce a sus afectos más cercanos, sino también a las instituciones que lo acompañan, como son el Enard y los ministerios de Educación y de Deportes.

Netflix es su adicción, especialmente “Game of Thrones”, serie que relata las disputas dinásticas para alcanzar el trono. El rap envuelve sus oídos y forma parte en su ritual de concentración previa a cada pelea. Sueña con llevar este ritual al borde de un tatami, en una final olímpica.

Viajar por el mundo es duro, pero le agrada. Tucumán le puso un techo y él debía superarlo. Hoy, en Buenos Aires, planifica su próximo destino: Francia. En ese lugar se siente cómodo; allí piensa instalar su búnker para planificar sus próximos compromisos,y el camino a los JJ.OO. Las luces no lo son todo: sus vacaciones perfectas son en los cerros tucumanos, en una carpa, únicamente rodeado por la naturaleza.

Aquiles, su hijo, tendrá el legado de un campeón, y, sin importar lo que elija, incluso ser un Youtuber, siempre tendrá el apoyo de su papá para ser el mejor.

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