Cartas de lectores

29 Dic 2017

Los jubilados y la inflación

En el día de los santos inocentes recibimos, en una conferencia de prensa de los magnates de la economía vernácula, la información de que se modifica el índice de inflación previsto para 2018. Con ello se reducirá el financiamiento del Banco Central al Tesoro Nacional, y a partir de 2020 se normalizará a niveles de “señoreaje”. Me pregunto ¿estarán “señoreados” por la Anses? Para esa fecha, los últimos orejones del tarro de la economía, nosotros, los jubilados despellejados por todos los señoreos jubilatorios, ya no podremos protestar.

Silvio Pedro Pizarro

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El fetichismo de la ley

Muchas personas practican cierto fetichismo (veneración excesiva) de la ley. Por sí, la ley no resuelve, salvo excepciones. En Tucumán existen infinidad de leyes que no resolvieron nada. Quiero referirme a una en particular. Sólo como ejemplo. La Ley Nº 8.895. Sancionada el 13/04/15, promulgada el 26/07/16 (un año y tres meses después) y publicada el 29/07/16. Conocida como ”Trato Indigno”, solo trata esperas mayores a 30 minutos. La ley “espera” su reglamentación. Así, ya se demuestra el nulo interés en aplicarla. La situación que se vive en Tucumán es inaudita y cada vez peor. Si la ley no tiene buena técnica legislativa, no tiene autoridad de aplicación (puede determinarla el Poder Ejecutivo), no tiene tipificada las contravenciones, no están determinadas las infracciones, no tiene presupuesto, no tiene un sistema de control, no establece el destino de lo recaudado en concepto de multa, etcétera, está condenada al fracaso. Estas dos últimas semanas en especial, y siempre en la Anses, el espectáculo es vergonzoso, ultrajante para las personas. Es inhumano, una verdadera humillación para el ciudadano. Pero el ranking lo ganan los bancos. Muy especialmente los centros de pagos. Si usted cobra a través de banco, éste determina cuándo usted percibirá su sueldo (parece el empleador), qué día, qué hora, irá infinidad de veces porque los cajeros no tienen para entregar dinero -algunos cajeros tienen horario bancario-, la mayoría cierra a la siesta, les entregan billetes de la denominación que ellos quieren, de vez en cuando un trucho, le retienen la tarjeta, acreditan operaciones no realizadas, entregan por operación $ 1.000, o $ 2.000, algunos más, hay topes diarios. Se agrega la suciedad reinante en los cajeros los días 24 y 25 de este mes, que los transformó en un verdadero asco. Y nadie hace nada. Solo se mantiene por la pasividad de las personas, que ante la necesidad de cobrar sus magros sueldos soportan todo tipo de humillaciones y ultrajes. En definitiva, lo que buscan las empresas y el Estado es transferir al cliente/ciudadano las tareas que anteriormente eran realizadas por su personal.

Héctor Francisco

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Música estridente en el centro

Me gustaría saber hasta cuándo se va a permitir que el gimnasio que funciona en calle 25 de Mayo al 250, de esta capital, nos torture a los transeúntes con el volumen de la música, que debe rondar los 100 decibeles. ¿Ninguna norma municipal prohíbe esta situación? Y menos mal que ese gimnasio está en un primer piso, pero lamentablemente tiene un ventanal inmenso que da a la calle. Para colmo, ya se está generalizando esa moda. Ahora hay un negocio de venta de equipos de audio a media cuadra (25 de Mayo y Mendoza) que, a modo de promoción, procedió a colocar los parlantes en la puerta del negocio y también tortura a las personas que pasan por el lugar con la música estridente.

Julio C. Picón

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Un mes con pocas noticias buenas

Diciembre es un mes que pocas veces trajo buenas noticias para los argentinos. Cada fin de año vino signado por conflictos sociales y la respuesta represiva de las “fuerzas del orden”. Me pregunto si este país es víctima de una maldición bíblica. Hoy tenemos un gobierno clasista, que tiene como meta el enriquecimiento de los muy ricos y extorsionar a diputados y gobernadores. También “blinda” al edificio del Congreso con seguridad plena, apalea multitudes de gente que se oponen a una ley ilegítima, mal concebida, incoherente e inconstitucional hasta para los juristas de cabecera del Gobierno. La misma persigue reducir los ingresos de los jubilados y por esa vía tratar de ordenar las cuentas fiscales y aliviar la presión tributaria que, según el macrismo, agobia a los grandes empresarios y al capital concentrado. Pretende, en definitiva, que el ajuste fiscal lo paguen los “los jubilados y pensionados”, que no tienen sindicatos que los defiendan. Es una combinación entre la reducción de los haberes jubilatorios junto con la debacle del Pami, el programa de atención médica a los adultos mayores que ofrece cada vez menos medicamentos gratuitos, y esto acelera una silenciosa eutanasia de nuestros viejos. Cumplido dos años de su gobierno, la ilusión se ha esfumado. En los últimos días se puso en marcha una reforma al régimen jubilatorio, aquellos sectores medios se estremecieron al comprobar que el millonario se ha convertido en su verdugo. Pero esto es apenas un principio de las reformas, nuevas leyes fundamentales, reforma laboral, impositiva, ganancias, consenso fiscal, presupuesto 2018, que el Gobierno tratará de conseguir con la misma metodología. Siempre amparada por la complicidad de los grandes medios de comunicación que hicieron de la mentira su verdad y la inescrupulosidad de amplios sectores de la dirigencia política. Esto me recuerda a un portal de noticias que el 19 de noviembre de 2017 decía: “de aprobarse la reforma jubilatoria que quiere Macri, el aumento a jubilados será de entre $ 15 y $ 20 al año”. No caben dudas: los cambios que espera el Gobierno son el menor financiamiento de la Seguridad Social, y obligar a un aumento gradual de la edad jubilatoria. Además de modificar hacia abajo el cálculo de las futuras nuevas jubilaciones. El FMI y otros organismos financieros vienen planteando esa alternativa y que las futuras jubilaciones bajen del 65% del sueldo y el 45% a complementar con aportes adicionales voluntarios. Lo lamentable es que amplios sectores de clase media creyeron encontrar en un millonario de ojos azules, que pondría las cosas en su lugar, prometía derramar sobre ellos bienestar y felicidad, se equivocaron. Era “el verdugo de globos amarillos”.

Julio A. Gómez

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La amenaza de Trump

Hay variadas formas que adopta la diplomacia para alcanzar sus logros. Algunas de ellas son las que contribuyen a afirmar, en el común de las gentes, que la diplomacia tiene mucho de engaños, de segundas o terceras intenciones disimuladas entre elegantes modales y, no pocas veces, en reuniones con exquisitos bocados y bebidas exclusivas. Alguna vez escribí sobre la diplomacia creativa. Esa que se aparta de los cánones impuestos por el acostumbramiento y va de frente, sin más, con intenciones genuinas tanto para lograr lo que se pretende como para ofrecer algo a cambio. Pensar en la otra parte, esencial ejercicio honesto de la diplomacia. El tablero, cualquiera que se le presente al ocupante de la Casa Blanca en Washington desde el 20 de enero de este año (que ya cierra sus puertas y ventanas) recibirá “pateaduras a lo Trump”. Sus razones se justificarán con los antecedentes que subrayé más de una vez escribiendo sobre él: el más previsible de los imprevisibles presidentes de Estados Unidos. No todo le sale bien. No todo le resultará beneficioso, no siempre alcanzará los objetivos que forman parte de un menú variadísimo de asuntos: una carta de restaurante chino en la que figuran también empanadas criollas, tipo argentinas; paellas como en Valencia y tapas picantísimas mexicanas. Trump, al parecer, se contenta con escucharse proferir sentencias cuasi definitivas sobre asuntos debatidos durante años en círculos específicos internacionales (cambio climático, desarme nuclear, racismo, etcétera) y desbarranca acuerdos, tratados y muy elaborados pactos internacionales sobre disímiles asuntos y programas de su propio país (Obamacare, entre otros). Donald Trump fue cuestionado por sus pares de la mesa permanente del Consejo de Seguridad (Rusia, Francia, China y Gran Bretaña) en una votación 14 a 1 (veto de EEUU) sobre su decisión respecto de Jerusalén como capital de Israel. Desde hace 72 años rige en ese cuerpo de la ONU de 15 miembros (10 de ellos rotativos) el supremo (y antidemocrático) poder de veto de los miembros permanentes. Frente al sometimiento a una votación en la sesión extraordinaria de la Asamblea General del organismo para considerar lo mismo que se trató en el CS, Trump irrumpe en la escena. Sin meditarlo, amenaza a horas de comenzar la Asamblea a los países que osaren emitir un voto en contra de sus decisiones (Jerusalén). “Vamos a anotar cada voto”. Y lo repitió, amenazante, la representante de EEUU en la ONU, Nikki Haley. Lo más preocupante es que 35 países -sí, 35 países soberanos- tuvieron miedo de Trump. De la “diplotrump” amenazante, furiosa, nuclear casi. Y no dijeron ni sí, ni no: se sometieron al silencio de la abstención. ¿Para qué fueron? Se hubieran quedado en casa como los 21 representantes ausentes. Les metió demasiado miedo Trump. Así se perfila el mundo, el sometimiento de los países a los poderosos que amenazan, siempre amenazan. Con dólares o balas.

Carlos Duguech

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El Dakar y la mala imagen

Los ambientalistas de Conciencia Ambiental Tucumán preguntamos ¿para qué queremos el Dakar?, si aparte de destruir la naturaleza nos expone mundialmente a mostrar la suciedad en que estamos sumergidos los tucumanos. Tanto Dakar y siguen sin limpiar las entradas a la ciudad; son una invitación a pasar de largo. Ingresar por el aeropuerto Internacional y pasar por el Puente Barros confunde a los turistas; creen que entraron al Mato Grosso. Y si van por la avenida de circunvalación, los corredores internacionales verán gran cantidad de basurales. Promocionar esta carrera con el poco atractivo turístico por la falta de limpieza, con líquidos cloacales en calles y avenidas, y una terminal vieja deplorable, nos alejaría del antiguo reconocimiento de Tucumán como el “Jardín de la República”. El Dakar impacta directamente en la naturaleza y el daño no se termina de evaluar. En el caso de nuestra provincia, sería más productivo que funcionen las oficinas de limpieza tanto municipal como provincial, y una vez limpia dedicarnos a ofrecer un mejor turismo. Caso contrario, siempre estaremos en el “ojo de la crítica” de los visitantes, y con mucha razón. Aparecerán otros “Patronellis” y difundirán por el mundo la convivencia de los tucumanos con la suciedad y los líquidos cloacales.

Pedro Martínez

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