Vida y pensamiento de monseñor Villalba

El cardenal que decidió convertirse en un tucumano más

24 Dic 2017
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EL LOGRO. La particular riqueza de la obra está en los escritos del cardenal que reflejan su pensamiento concebido en la Doctrina Social de la Iglesia. la gaceta / foto de Juan Pablo Sánchez Noli

PERFIL

UN PASTOR AL SERVICIO  DE LA IGLESIA

JOSÉ M. MURGA ARNAIZ Y ANTONIA M. PÁEZ DE RÍOS

(Basílica de Nuestra Señora de La Merced - Tucumán)  

“Mi papá falleció joven, tenía 55 años. Un golpe muy duro. Yo estaba en el Seminario. Él me había visitado el domingo anterior en el Seminario y recuerdo que me dejó su reloj de bolsillo que le había regalado mi madre. A mitad de semana, a la hora de la misa, el rector me avisó que mi papá se había descompuesto y, al final de la misa, me confirmó que acababa de fallecer…”. Imaginamos el dramatismo. El rostro de dolor y desilusión del joven seminarista. Posiblemente, en el único lugar donde escucharemos a monseñor Luis Villalba hablar sobre sí mismo sea en este libro, que recoge los frutos de doce años en la Arquidiócesis de Tucumán (1999 – 2011).

Monseñor Luis H. Villalba. Cardenal de la Iglesia Católica. Un pastor al servicio de la Iglesia pincela la biografía del cuarto cardenal argentino y el único que decidió convertirse en un tucumano más. El padre José M. Murga Arnaiz y la psicopedagoga Antonia Páez de Ríos van enhebrando a lo largo 600 páginas, entrevistas al cardenal y a quienes lo conocieron de cerca, homilías, reflexiones y cartas pastorales de monseñor Villalba y su trabajo en la Conferencia Episcopal Argentina. La particular riqueza de la obra está en los escritos del cardenal que reflejan su pensamiento concebido en la Doctrina Social de la Iglesia y su valor para denunciar la realidad de los que no tienen voz.

Prologado por monseñor Melitón Chávez, obispo de Añatuya, el libro llega hasta el momento en que monseñor Villalba retoma la administración de la Arquidiócesis ante la renuncia de monseñor Alfredo Zecca. Todo está documentado con fotografías a color.

Giro

Algunos pasajes de la vida de Villalba tienen carácter profético, como cuando cuenta: “estando en cuarto año de Teología, me llama el rector y me dice: el cardenal quiere que vayas a estudiar a Roma”. Ese cambio de planes lo obligó a ordenarse, en 1960, dos meses antes que sus compañeros: un 24 de septiembre, día de la Virgen de la Merced, patrona de la Arquidiócesis que años más tarde recorrería hasta sus confines. En una de las fotos se lo ve trepado a un cuatriciclo, que lo llevará por los cerros de Anfama y en otra, dentro de una carpa de gitanos.

Sencillo, humilde, monseñor Villalba sólo podría haber aceptado ser protagonista de este libro bajo una condición: que los frutos de su venta sean destinados a los más necesitados. Por ello la beneficiaria será la Fundación Virgen de La Merced, a cargo de la Fazenda de la Esperanza, para la recuperación de jóvenes adictos, y los Hogares de Cristo, que cobijan a las personas sin techo.

© LA GACETA

Magena Valentié

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