Un libro para chicos, indispensable para grandes

En Jane, el zorro y yo, a través de una historia ilustrada, Fanny Britt e Isabelle Arsenault tratan la problemática del bullying en el ambiente escolar. Hélene, la protagonista, es acosada y encuentra en la lectura una vía de escape, y de salvación

24 Dic 2017
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AUTOBIOGRÁFICA. “Sentía que no querer ser amiga mía por ser gorda o fea no era una buena razón”, asegura Britt. salamandra.info

Por Alejandro Duchini - Para LA GACETA - Buenos Aires

“Hélene pesa noventa y ocho kilos… y huele a tigre”, le escribieron sus ex amigas en la puerta de uno de los baños de la escuela. No es la primera vez que encuentra frases que le apuntan, sin anestesia. “Están por todas partes, ellas y sus insultos garabateados en las paredes”, cuenta Hélene, la protagonista de Jane, el zorro y yo (Salamandra), de la escritora Fanny Britt y la ilustradora infantil Isabelle Arsenault. Son 100 páginas con dibujos hermosos y una historia necesaria, porque el bullying es moneda corriente y este libro ayuda a la reflexión de chicos y grandes.

Hélene pudo haber sido alguno de nosotros en nuestros tiempos escolares, puede ser cualquiera en la actualidad. Nadie está exento de semejante crueldad. Desde los dibujos, agacha la cabeza y avanza entre miradas escrutadoras y burlonas. ¿Qué defensa tiene un chico en ese ámbito? ¿Cómo sobrevive en el día a día, cuando en el ambiente donde debe haber contención solo encuentra repudio? Hélene recuerda que sus amigas ya no son sus amigas. Que viaja sola en el colectivo de regreso a casa porque no quieren acompañarla. Y que cuando se suben al mismo micro lee para disimular el rechazo, aunque oiga los murmullos burlones: “Oírlo todo y hacer como si no oyera nada”.

En la lectura encuentra una vía de escape. Lee Jane Eyre, de Charlotte Brontë. Hélene se ve reflejada. Escribe: “Es huérfana y una tía suya, rica y malísima, la toma a su cargo y la encierra en un cuarto encantado para castigarla por mentir, aunque ella no lo ha hecho”.

El anuncio de una excursión escolar es la peor noticia: Hélene no quiere ir pero sabe que no le queda otra. A su madre no le cuenta nada. No le dice que su autocastigo viene de “la pared del baño del segundo piso, de la pared de la escalera azul, de la pared del patio del cole”. El castigo al que la someten a diario es suficiente como para que ni siquiera se alegre con la compra de ropa nueva. Siempre se ve como “una salchicha gorda” a pesar de que no lo es: ya se ha convertido en lo que los demás dicen.

“(...) Mañana me subiré a un autobús rumbo al lago de Kanawana con 40 estudiantes en pantalón corto y ni una sola amiga”, lamenta. Viaja, se hospeda con otras “marginadas” -como define a sus compañeras de carpa- y aguanta las burlas. En tanto, Jane Eyre sigue siendo su vía de escape. Hasta que un hecho fortuito, de rebeldía, por parte de una alumna, le dará un aire de esperanza y, en consecuencia, un motivo para sonreír.

Experiencia

Escritora con experiencia en público infantil y traductora, Britt contó al diario El País, de España, que Jane, el zorro y yo es “un trabajo autobiográfico”, ya que ella sufrió bullying de pequeña. “Llevaba muchos años con esta historia a cuestas porque en parte es autobiográfica. Quería escribir sobre qué significa sentirse excluida durante la infancia. Sentía que no querer ser amiga mía por ser gorda o fea no era una razón buena. Yo me refugié en la literatura porque ahí encontré modelos que no eran los típicos de la princesa que hay que salvar, sino que se salva ella misma”, explicó.

Al mismo medio, Isabelle Arsenault -ilustradora de literatura infantil y con varios libros publicados- también habló de Hélene y la problemática: “No está gorda, pero es la percepción que llegas a tener de ti misma, porque es lo que la gente te repite constantemente”. Y en ese sentido recomendó que los chicos entiendan que “el cuerpo no es algo para ser observado. Que el cuerpo es un instrumento para hacer cosas que te gusten, como comer o hacer deporte”.

Jane, el zorro y yo es ideal para leer a chicos y adolescentes. Es un libro que tampoco está de más para adultos. Debería leerse también en las escuelas. Para ponerse en el lugar del otro. O para saber que hay costumbres que, simplemente, debemos desterrar.

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