Facebook y Whatsapp no discriminan

22 Dic 2017

Sí, los chicos están todo el día con el teléfono. Pero, ¿por qué? “Afuera de las redes sociales no encontramos contención”, respondieron -casi- a coro los 1.500 alumnos del último año del secundario encuestados por un equipo de Ciencias de la Educación (Facultad de Filosofía y Letras-UNT). No dijeron que no les interese el mundo ni lo que pasa alrededor, sino que no encuentren ámbitos en los que insertarse. Facebook, Instagram y Whatsapp no discriminan y funcionan las 24 horas, a partir de un flujo de contenidos inagotable. Es el refugio ideal: confortable, propio, algorítmicamente infalible.

“Ready Player One” se titula la novela de Ernest Cline que Steven Spielberg llevó al cine. Pinta como una de esas películas de las que se hablará largo y tendido. La veremos en el 2018 que comienza en un puñado de horas. La historia se ubica en un horizonte no demasiado lejano, y como todo futuro es distópico Cline nos presenta un planeta fregado, con miles de millones de personas condenadas a la marginalidad o, con suerte, a la pobreza. Para ellos existe Oasis, una plataforma de realidad virtual en la que todo es posible. A esa Matrix con estética de videojuegos y música de los 80 se enchufa a diario la población mundial para experimentar la vida que la realidad les niega. El protagonista es un adolescente que se mueve por Oasis como pez en la consola. Su día a día, enterrado en una montaña de chatarra y comiendo sobras, cambia por completo en Oasis, donde llega a convertirse en una celebridad. La ciencia ficción es cada vez más ciencia y menos ficción. No, no estamos tan lejos de esa clase de escenario.

El trabajo encarado por los profesionales de Ciencias de la Educación, con Susana Montaldo y Claudia Ferreiro a la cabeza, indagó en un concepto: el de ciudadanía. ¿Qué es ser ciudadano para vos?, les preguntaron a alumnos de 39 colegios, públicos y privados (uno, de carácter confesional, se negó a participar. ¿Cuál habrá sido el problema?). Lo variopinto de las respuestas no impidió sacar un par de conclusiones. “Ellos tienen más atado el concepto de ciudadanía al ejercicio de sus derechos individuales que a una práctica que debería constituirse en diálogo con el Estado”, razonó Montaldo. Como muestra queda la percepción ambigua sobre el voto, que puede ejercerse desde los 16 años: sólo el 66% de los 1.500 encuestados fue a las urnas y el 49% emitió una opinión negativa sobre el tema.

La única actividad capaz de hacerle un poco de sombra a las redes sociales es el deporte, aunque muy por debajo en los porcentajes de preferencias. De todos modos aquí cabe subrayar una queja de los chicos: la falta de espacios adecuados para la actividad física. Esto está ligado al desmantelamiento de la red de clubes de barrio que fueron puntales de la cohesión social hasta bien entrado el siglo XX. El club -democrático, inclusivo, horizontal- es una pieza de museo en el tejido urbano. Sobreviven pocos y, por lo general, a pulmón. En Tucumán se suma la desgraciada particularidad de que muchos fueron cooptados y vaciados por infinidad de políticos con careta de salvadores. ¿Cómo quieren que no nos pasemos horas y horas en Facebook si no tenemos dónde ir?, enfatizan los chicos.

Otros ámbitos en los que históricamente se insertaban los jóvenes (organizaciones religiosas, ONG, agrupaciones políticas) bajaron la espuma de la convocatoria. Pero, y esto es lo bueno, al contrario de lo que podría inferirse hay una valoración positiva de la escuela. Seguramente no desde lo académico, pero sí en cuanto a su condición de lugar de encuentro y de relación, con los compañeros y con los docentes. Es una base importante para proyectar instancias superadoras. Por ejemplo, como sostiene Montaldo, para convertirla en un ámbito de participación ciudadana.

Cerrarse como un erizo al calor de un smartphone obedece a una multicausalidad. En una etapa de formación como la adolescencia los palazos del exterior duelen muchísimo más. El menor atisbo de rechazo es una invitación a acovacharse en mundos privados. Lo dicho: las redes sociales no discriminan, y son muchos los motivos que llevan a los chicos a sentirse discriminados: pensar diferente (26%), ejercer actividades diferentes (13%), las preferencias musicales (11%), estudiar mucho (11%), por vestirse diferente (10%) y siguen los motivos, que van desde la religión, el deporte y la política a las elecciones sexuales.

La investigación, que a fin de cuentas abarcó al 10% de los alumnos tucumanos del último año del secundario, proporciona la foto nítida de un contexto complejo. Y es, por sobre todo, una base para trabajar con buenas herramientas con un grupo etario al que suele mirarse desde el prejuicio y la estigmatización.

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