3.500 veces en el aire, mientras los tucumanos se desperezan

“A las 7”, por Canal 8, conducido por Carlos Rojkés y equipo, celebra una marca histórica

21 Dic 2017
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POR TV, POR RADIO Y POR LA WEB. Desde hace 16 años, el programa cuenta en tiempo real qué está pasando en Tucumán y en el mundo. LA GACETA / FOTO DE ANALÍA JARAMILLO.-

“Cada día, a las siete menos cinco, siento el mismo cosquilleo, la misma responsabilidad, desde hace más de 16 años”, afirma Carlos Rojkés. Y agrega que hoy, la edición N° 3.500 de “A las 7”, significa un nuevo comienzo.

Todo empezó en Canal 10, y dos años después pasó a Canal 8. Bien formales en los comienzos, de saco y corbata, hasta que se dieron cuenta de que en mangas de camisa entrarían más en confianza en la casa de los televidentes y de los radioescuchas (FM 105.7). “Es un programa para escuchar mientras te afeitás, te vestís o desayunás, para que llegués al trabajo con una idea de lo que está pasando en Tucumán y en el mundo”, expresa el conductor.

Hombre de radio desde los 16 años, con carnet de locutor y título de contador logrado mientras robaba horas a la Facultad para cubrir turnos en LV12, Rojkés dice que ya sale natural lo que era complicado de armonizar en la simultaneidad TV-radio: “a veces insistimos mucho con la hora y la temperatura porque están en la pantalla, pero en la radio no se ven”.

“Cada programa es diferente, y del equipo siempre sale algo de lo que nos agarramos. Eso le da ese marco de simpatía”, afirma, y resalta: “pasamos todas las noticias, pero tratamos de balancear el momento de las noticias duras, lejos de la primera hora”.

“Me levanto a las 5. Me ducho, me afeito, bajo al primer desayuno en casa con LA GACETA de papel (la tengo que tener). Llego a las 6 al canal, y ya está alguno de los compañeros, en especial Fernando Pazos, que aparece primero. Cada uno trae su agenda, consensuamos. Yo distribuyo el juego; es agotador tener todo en mente y tratar de armonizar un tema con otro, relacionar y empalmar. A las 10 llego cansado, pero sarna con gusto no pica”, reconoce.

A las 10.05 nadie se va a casa; hay reunión para preproducir el día siguiente: “después, durante el día estamos en permanente contacto. Y las cosas van saliendo, el vivo no permite mucho preparativo”. Rojkés ha pasado por la radio y en la tele fue cara del informativo y en programas especiales. “Pero las satisfacciones que me da la primera mañana no las cambio, sólo pienso en mejorar el programa según lo permiten los cambios tecnológicos. Nos gratifican las notas que ayudan a la gente y la devolución es inmediata: a media mañana ya me dicen en persona lo que les gustó y lo que no les gustó”. Podría contar cientos de anécdotas; se acuerda de Raúl Alfonsín en el piso, emocionado al ver un video hecho en el programa que sintetizaba su campaña.

Los saluditos y el chingui chuingui, que surgió de un alargue que no terminaba nunca, se instalaron en la audiencia, así como el cierre de cada día, con músicos locales que recién empiezan o bandas consagradas.

“Damos lo que la gente quiere y la interrelación con el televidente no se puede evaluar -apunta-. Es algo que sale de adentro de uno, y que se palpa en la calle cada día”.

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