¿Para qué se busca ser más competititvos?

17 Dic 2017

> ENFOQUE

ALBERTO SCHUSTER

Director de la Unidad de Competitividad de la Consultoa ABCEB

Estamos escuchando cada vez más seguido por parte del gobierno, políticos y empresarios que las medidas que se toman o se reclaman apuntan a que nuestro país sea “más competitivo”. Esta idea debería tener sentido para todos los habitantes; de otra manera representaría sólo los intereses de algunos sectores de la sociedad. Deberíamos preguntarnos entonces si el “ser competitivos” nos beneficia a todos. La respuesta es afirmativa, siempre y cuando no se concentre la riqueza. Está comprobado que los países que son competitivos brindan a su gente una mayor prosperidad. Gozar de una mayor prosperidad implica no tener problemas de mortalidad materna ni infantil, ni en la nutrición infantil; tampoco padecer de carencia de alimentos. También implica no padecer de enfermedades infecciosas; tener acceso al agua corriente y a adecuadas instalaciones sanitarias. Con ello lograr una buena expectativa de vida. Posibilitar un acceso económico a la vivienda y a la electricidad. En cuanto a la seguridad, una baja tasa de asesinatos, de crímenes violentos o muertes por accidentes de tránsito. Lograr bajos niveles de consumo de sustancias tóxicas y en educación, lograr una alta tasa de alfabetización y el acceso a los distintos niveles de la educación formal. Finalmente una buena calidad en el medio ambiente. Suena atractivo, pero a la luz de nuestra realidad histórica, y las limitaciones que nos presenta el panorama actual, el esfuerzo parece, y es, muy grande.

Asistimos, desde hace décadas a niveles crecientes de pobreza e indigencia, inestabilidad macroeconómica, deterioro de la educación, carencia de representación política, baja participación en el comercio mundial, ausencia de políticas de Estado, falencias institucionales, falta de una concepción de nación integrada, jóvenes que no estudian ni trabajan, drogadicción, inseguridad, etc. Hace demasiado tiempo ya, no logramos generar un proceso de crecimiento económico que pueda sostenerse en el tiempo, sin el cual no hay país que sea viable. Sólo para dar una idea de lo mal que nos manejamos, en los últimos cuarenta años crecimos la mitad que los otros países latinoamericanos y un cuarto respecto de lo que creció el mundo. Y todo esto debido a nuestra falta de competitividad. ¿Que tenemos que tener como país para ser competitivos? Poder crear y mantener en el tiempo las condiciones para que nuestras empresas grandes, pequeñas, medianas y los emprendedores, que crearán las futuras empresas, puedan exportar, defenderse contra las importaciones que nos vienen del exterior, sin cerrar arbitrariamente las fronteras, generar utilidades, inversión, empleo e innovación. Y con ello generar la prosperidad que detallamos arriba.

¿Y quien, debe entonces encargarse de que seamos competitivos? La respuesta es todos nosotros, por medio de lo que llamamos los “actores de la competitividad”. Esos actores son tres a la hora de crear y mantener las condiciones para que el país sea competitivo: el Estado, las empresas y la sociedad civil en su conjunto, integrada por partidos políticos, sindicatos, asociaciones religiosas, universidades, organizaciones sin fines de lucro, medios de comunicación y redes sociales.

¿Qué rol concreto (y virtuoso) debería jugar cada una de estas partes? El Estado determina las reglas del juego, establece los marcos de referencia para que las empresas puedan desarrollarse. Ofrece las condiciones para que se produzca la inversión, lucha contra la inflación y establece condiciones tributarias justas y adecuadas. En caso de que se produzcan conflictos entre empresas, oficia como árbitro y garantiza imparcialidad en sus decisiones. También toma para sí la provisión de bienes públicos: defensa, educación básica, justicia y sistemas de protección social, entre los más importantes. Su rol es necesariamente parcial en la construcción de competitividad y puede ser un actor determinante en la destrucción.

Las empresas son las que generan la riqueza de un país movilizándose por el fin de lucro, ponen foco en el logro de utilidades. En el camino, mejoran su productividad y su eficiencia, generan empleo, desarrollan capacidades e incorporan innovación y tecnología, todo con el objetivo de incrementar sus niveles de competencia en el mercado, satisfacer de una mejor manera a los consumidores, ganar posición, crecer y apuntar a ser sustentables en el largo plazo. Cuando buscan generar ganancias de carácter rentístico o monopólico y un país poco abierto a la competencia internacional, todo ello mediante influencias indebidas con el gobierno de turno, conspiran contra la competitividad del país.

La sociedad civil como principal interesada (al fin de cuentas, la competitividad mejora los niveles de vida de la población), debe exigir que los agentes que administran el Estado rindan cuentas. Los sindicatos son actores relevantes de la sociedad civil. Una actitud sindical pro-productividad es clave en la remoción de alguna de las barreras que suelen conspirar contra la competitividad. Todos estos actores, cumpliendo con estos roles, crean las condiciones a que nos referíamos. Si lo hacen bien el país será más próspero; si lo hacen mal, como históricamente lo hemos hecho el país no crecerá y su gente no podrá gozar de la prosperidad deseada.

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