Condenaron a dos miembros del Clan Toro por un salvaje ataque a los Carrión

Martín Toro y su sobrino, Gerardo, fueron sentenciados a siete años de prisión por tentativa de homicidio Los imputados fueron trasladados al penal de Villa Urquiza. Importante operativo de seguridad para evitar incidentes.

15 Dic 2017
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TENSA ESPERA. Los imputados y sus abogados defensores, aguardan en silencio para conocer el fallo del Tribunal, durante la última jornada del juicio, que concluyó ayer. la gaceta / foto de franco vera

De un lado hubo quejas, murmullos entre dientes y lágrimas; del otro, gestos de alegría y también abrazos, aunque mesurados. Pero ambas familias se retiraron de los Tribunales penales sin protagonizar incidentes. Desde temprano se había montado un operativo de seguridad del que participaron efectivos de Infantería, el Servicio Penitenciario y la guardia policial permanente del edificio judicial. Poco después del mediodía, los uniformados escoltaron a los familiares de uno y otro grupo hasta la salida de avenida Sarmiento al 400. Recién entonces, pudieron respirar aliviados. Así finalizó el juicio en el que dos miembros del clan Toro fueron condenados a siete años de prisión por los intentos de homicidio de dos jóvenes del clan Carrión.

Durante el debate oral y público, que comenzó el lunes, las dos partes afirmaron que están enfrentados entre sí desde hace muchos años. Si bien no supieron explicar los motivos de esa diferencia, lo cierto es que han regado con sangre las calles de Villa 9 de Julio muchas veces.

Martín Justino Toro, de 44 años y su sobrino Gerardo Andrés “Coco” Toro, de 21 años, escucharon atentamente la resolución del Tribunal de la Sala III, integrado por los magistrados Emilio Páez de la Torre, Wendy Kasar y Marta Cavallotti. El mayor, representado por el abogado Cergio Morfil, había esperado el juicio en libertad y quedó detenido; el menor, asistido legalmente por Ricardo Fanlo, ya se encontraba alojado en Villa Urquiza, desde hace un año y ocho meses.

Frente a las salas de juicio ubicadas en el primer piso de los Tribunales Penales hay un pasillo de unos 15 metros de largo por tres metros de ancho. Allí aguardaron el inicio de la segunda jornada del debate los miembros de ambas familias, sentados en los bancos de madera ubicados a lo largo del corredor. Ya antes del comienzo de la jornada, los gestos eran adustos y las miradas no se cruzaban. Los Toro y los Carrión aguardaban ansiosos el desenlace del debate.

Los violentos enfrentamientos que desde hace años tienen como protagonistas a los dos clanes familiares de Villa 9 de Julio, motivaron un operativo de seguridad con algunas particularidades. Por ejemplo, las personas que asistieron al debate tuvieron que dejar sus celulares en custodia antes de ingresar al recinto.

Al reabrirse la audiencia, la fiscala de Cámara, Marta Jerez de Rivadeneira, presentó al Tribunal los resultados del informe de la reconstrucción de los hechos, una prueba fundamental para precisar los detalles de esa violenta secuencia en la que Carlos Carrión fue baleado en el estómago y en una pierna; y su sobrino, de 15 años, recibió un impacto en el rostro, que le ocasionó la pérdida del ojo derecho.

En sus alegatos, recordó que la causa se inició con un llamado telefónico al 911 en el que se puso en conocimiento del incidente. “Cuando llegó la Policía, fue recibida a pedradas, por lo que tuvieron que retirarse y pedir refuerzos”, señaló. “Aquí no quedan dudas de lo que pasó ni de la autoría. La enemistad viene desde hace mucho tiempo y actualmente pueden seguir en esas condiciones”, consideró antes de pedir condenas de siete años para cada uno de los Toro.

“Mi defendido fue incriminado en este proceso por el odio de los Carrión contra los Toro. Mi defendido nunca estuvo en el lugar de los hechos”, manifestó Fanlo en sus alegatos. Luego, solicitó que fuera absuelto.

“Atento a la falta de pruebas, mi cliente debe ser absuelto. No los podemos condenar porque su apellido sea Toro, sino por el hecho; hay una enemistad manifiesta entre ambas familias”, expresó Morfil, a su turno.

Al emitir sus últimas palabras antes que el Tribunal pasara a deliberar, ambos imputados reiteraron que son inocentes y pidieron que se hiciera justicia.

El caso

El ataque por el que los Toro llegaron como imputados ocurrió en la tarde del 26 de diciembre de 2015. La primera víctima fue Carrión, quien fue alcanzado por dos disparos que salieron de un arma que presuntamente empuñaba “Coco” Toro. Luego, su sobrino de 14 años perdió un ojo al recibir los perdigonazos provenientes de un arma larga, que habría sido disparada desde un balcón por Martín Toro. Después de ese violento episodio, se registraron otros enfrentamientos entre los clanes, en los meses que siguieron en Villa 9 de Julio. Luciano Calderón, de la familia Toro, fue asesinado en esas calles en el 29 de abril de 2016.

El operativo de seguridad y una reflexión sobre la violencia y los adolescentes
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Arbitrar todos los medios de seguridad necesarios para que no se registraran incidentes entre las familias durante el proceso fue uno de los puntos centrales del debate. Además de los estrictos controles antes de ingresar, se impidió el acceso a la sala con teléfonos celulares. Una hilera de uniformados de Infantería separó a los familiares de uno y otro lado. A pesar de que es conocido el enfrentamiento que desde hace años sostienen ambos bandos, las precauciones dieron resultado y el juicio se desarrolló sin problemas. El momento de mayor tensión se vivió ayer cuando el Tribunal regresó y se leyó por secretaría la sentencia condenatoria contra los dos imputados. Hubo algunos murmullos de reclamo, pero no incidentes. Pero también hubo momentos emotivos, como cuando el adolescente que perdió un ojo prestó declaración. El muchacho contó que no asistía a la escuela porque le daba vergüenza. Entonces, la jueza Marta Cavallotti le recomendó que retomara los estudios, ya que se notaba que era un chico inteligente y con muchas condiciones. 

El operativo de seguridad y una reflexión sobre la violencia y los adolescentes

Arbitrar todos los medios de seguridad necesarios para que no se registraran incidentes entre las familias durante el proceso fue uno de los puntos centrales del debate. Además de los estrictos controles antes de ingresar, se impidió el acceso a la sala con teléfonos celulares. Una hilera de uniformados de Infantería separó a los familiares de uno y otro lado. A pesar de que es conocido el enfrentamiento que desde hace años sostienen ambos bandos, las precauciones dieron resultado y el juicio se desarrolló sin problemas. El momento de mayor tensión se vivió ayer cuando el Tribunal regresó y se leyó por secretaría la sentencia condenatoria contra los dos imputados. Hubo algunos murmullos de reclamo, pero no incidentes. Pero también hubo momentos emotivos, como cuando el adolescente que perdió un ojo prestó declaración. El muchacho contó que no asistía a la escuela porque le daba vergüenza. Entonces, la jueza Marta Cavallotti le recomendó que retomara los estudios, ya que se notaba que era un chico inteligente y con muchas condiciones. 

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